Ventanilla o pasillo

En la sesión de ayer, los componentes del taller de escritura creativa de la Casa de las Conchas se convirtieron en pasajeros, de clase turista, que aguardaron en las vías de la Sala de Fondo Local la llegada de su tren.
Por la estación, primaveral por cierto, transitaron diferentes trenes. Todos ellos puestos en circulación por la Revista Litoral que dedica su último monográfico a este medio de transporte.
Con el billete de la mano fuimos haciendo trasbordos de un tren a otro, primero la poesía, luego la prosa, después la música.
Nuestro destino, el disfrute.


Por 


En el libro Adjetivos sin agua, adjetivos con agua de Javier Peñas Navarro encontramos varios poemas sobre el tren. Estos no forman parte de la revista pero merecían estar aquí:

VII

A VECES
llegan trenes
como una tormenta no esperada
y llueven recuerdos de maletas
antiguas
y alguien viene a abrazarte
con las manos llenas 
de tierras olorosas de antes
y volvemos a casa mirándolo todo
con ese frescor que dan las violetas
con esas pupilas que prestan los viajes...

XIII

A LOS TRENES TAMBIÉN LOS JUBILAN
cuando tienen fiebre de años
en las ruedas,
cuando el óxido borra el brillo
del cristal de la frente
y empequeñecen los latidos del corazón
de acero.

En el muelle están los viejos trenes,
jubilados, cansados, casi muertos.
El último de todos
es un tren de tantos colores
que parece de juguete,
de fantasía que le pintaron los poetas
porque se enteraron de que nunca
anduvo.
Los poetas le bautizaron con el nombre
Sueño,
antes de que los ángeles vinieran
y se lo llevaran, igual que a los niños
que nacen muertos,
al Limbo,
antes de que los ángeles se lo llevaran
en una túnica de nieve.
Sueño ya está en el Limbo
mientras los trenes viejos
sufren una vejez de hierros...
Sueño no envejecerá
si los poetas lo adornamos
de flores
y de montañas azules
y de estaciones con mucha gente,
porque su alma de viento
la transportaron unos ángeles
al Limbo.

Hace años hice una versión, o perversión del soneto X de Garcilaso de la Vega. Las mismas ninfas que él veía en las orillas del Tajo yo las vi en un tren AVE, en clase preferente. Este fue el resultado de aquel fortuito encuentro. Tampoco está en la revista pero lo traemos aquí como pieza curiosa:

AVE
(versión del soneto XI de Garcilaso de la Vega)

Hermosas ninfas que, en el tren dormidas,
en sueños suspiráis enamoradas
y en clase preferente acomodadas
imagináis pasajes de otras vidas;

desamores de vueltas y de idas
sin rumbo, ni transbordos, ni paradas,
atrás las pertenencias mal halladas
en las consignas de las despedidas;

dejadme un rato imaginar besando
vuestros labios, llorar y consolarme
en el final de un túnel, ya deseando

reclinar mi triste asiento y entregarme
al vaivén de este tren -ahora volando-
o aguardar mi destino y despertarme.


Rafael Pérez Estrada, fiel a su condición de poeta y levitador, nos saca de la realidad para situarnos en sus universos mágicos:

Conocía a un maquinista santo que hacía levitar a su locomotora, que, dulcemente , al poder de una palabra secreta, empezaba a alzarse relinchando de satisfacción metálica mientras se encaramaba como un animal heráldico sobre el rojizo ladrillo de las viejas estaciones victorianas.
En cierta ocasión le pregunté al hombre: “Y cómo lo consigue”, y él, con ese desinterés propio de los indulgentes, me respondió: “Yo, que no lo he logrado (ni lo he intentado) conmigo mismo, lo he hecho fácilmente con una máquina; y no para participar en un concurso y ganarlo, ni tan siquiera para exhibirme en un circo como domador diestro en locomotoras, sino por el placer del desorden y escándalo que esto implica”.
Años más tarde, el destino me permitió ver la perdición de este curioso personaje a causa de un cruento siniestro ferroviario, provocado, al parecer, por la coincidencia de un error suyo y la mala voluntad de una máquina díscola. 

Con el epígrafe de "Besos de ida y vuelta" encontramos en la Revista Litoral textos que hablan de despedidas y regresos. Aquí dejamos un par de muestras como "La despedida" de José María Merino y "El regreso" de Sara Mesa:

El tren empieza a moverse. Se va evaporando es somnolencia que todos sentisteis al ocupar los asientos, efecto de la desazón de ir al frente, recién reclutados, en una guerra interminable donde es habitual la pérdida de un vecino, de un amigo o de un familiar. Parece que en el andén hay mucha gente que ha venido a despediros, pero tú sigues sentado: estás demasiado lejos de tu pueblo como para que alguien pueda conocerte y no tienes ganas de ver a a nadie. Entonces los compañeros te avisan: “Oye, una mujer grita tu nombre”. Te asomas a la ventanilla y ves acercarse a una vieja desconocida y estrafalaria, que corre animosa voceando un nombre como el tuyo mientras agita un largo paño blanco.
“¿Es tu abuela? te preguntan. De repente, esa vieja vocinglera te aterroriza. “No la conozco no sé a quién busca, dejadme en paz”, respondes y vuelves a tu asiento, esperando que el tren te aleje de ella, cada vez más temeroso de que nunca puedas regresar a tu casa.

***

Hace tiempo que escondieron la foto. Dicen que estoy demasiado mayor y que ver esas cosas me hace llorar. Pero yo he pasado por todo el siglo XX e incluso más allá, dura como una roca, con los ojos cerrados, el corazón encogido y las palabras anudadas en el estómago, incapaces de brotar pero claritas, claritas. Tengo 98 años y creen que ya no valgo –loca, sorda y muda–, porque me paso media vida acostada, alimentándome de papilla, con la única compañía de una mujer que va cambiando el rostro tres veces por jornada.
Y me esconden la foto. Pero aprieto los párpados y puedo verla igual, ahí metida, no sólo la imagen, no sólo el beso, no sólo la alegría del reencuentro –¡cuánto, cuánto te eché de menos! –, el alboroto en la estación –¡habías sobrevivido! –, el ambiente de fiesta. No sólo eso, sino también la tristeza posterior, los días difíciles, las pesadillas, el sexo oscuro, los partos solitarios, las arrugas, el silencio, la enfermedad, Spot el perro. Todo ahí, todo dentro, todo desenrollándose otra vez porque volvías en tren y no habías muerto. Pobrecilla, susurran. Ellos no saben cuánto llevo dentro.

Incluímos por último dos microrrelatos sobre el tren, incluidos en el epígrafe "Trenes fantasmas". El primero, titulado "El expreso" es de Pere Calders. El segundo es de Jacques Stemberg y su título es "El castigo":

Nadie quería decirle a qué hora pasaría el tren. Lo veían tan cargado de maletas que les daba pena explicarle que allí nunca había habido ni vías de tren ni estación.

***

Aquí los delitos son muchos pero el castigo es único , siempre idéntico. Se coloca al condenado ante un túnel interminable, entre los rieles de una vía férrea. A partir de ese momento el condenado sabe lo que le espera. Huye, porque no tiene más que esa oportunidad. Alucinación, porque el túnel no tiene fin.
El condenado corre hasta perder el aliento y después la vida.
Sin embargo, se puede afirmar que nunca tren alguno fue lanzado por esa vía.


Propuesta de escritura

Escribe un texto de formato libre sobre una experiencia real vinculada con tu memoria del tren o sugiérenos un viaje por las vía de la ficción.

Y estas son las tareas recibidas hasta ahora:


El tren que nos separó

Aquella tarde el universo se derrumbó sobre mí. Ya no tenía vocación. Me lo dijo el Padre Director quien, unas horas más tarde, encargó llevarme a la estación y montarme en el tren de regreso a mi casa. No lo entendía. Siempre la había cuidado con mimo: no decía palabrotas, no contestaba a mis superiores, estudiaba y sacaba buenas notas (en la tenada vieja del corral dormitaba un arado, a la espera de una mano timoneando la mancera y el invierno a pastorear ovejas, o derretirse sobre las gavillas en verano). Sí me gustaban las muchachas, pero eso ellos imposible que lo supieran; si acaso mi amigo Primi, y no tenía nada de chivato. En la que más pensaba era en mi vecina, la del pueblo, pero a ella no me había atrevido a decírselo.

“El tren con destino a Madrid, con parada en Medina va a efectuar su salida”. Aquel caballo de hierros y estridencias dejó atrás Segovia y, acurrucada junto a las tapias del colegio o al abrigo de cualquier terraplén, agonizaría, tiritando, mi vocación. No había retorno; galopábamos la gélida noche castellana. Temblor en el cuerpo; inquietud en el alma.

Allá, a unos cientos de kilómetros, mis padres descansarían ignorantes del drama que se aproximaba, en especial sobre mi madre. Temía por ella, pero sobre todo por mí.

Medina del Campo. Trasbordo. Horas de espera. Me acogió una inmensa y desangelada sala que de vez en cuando abría sus puertas para dar paso a alguno de los escasos viajeros que llegaban o partían. A veces mis ojos escudriñaban con ansiedad, por si se presentaba de forma inesperada la vocación. Soñaba. ¿Y cómo reaccionarían en casa?. Capaces eran de reenviarme de nuevo. Más frío, más angustia. Las cinco de la noche. A ver si se escapaba mi tren, o cogía el que no era. ¡Solo faltaba!

Consciente de mi fragilidad, este tren se deslizaba sin tantas brusquedades y hasta acunaba mis sueños con dulzura. De vez en cuando su memoria de viejo le fallaba y emitía algún chirrido metálico que me sobresaltaba. Luego, cuando el señor del palo y el silbato le reprendía, tornaba a mecerme, hasta que volvía el olvido.

Primeros atisbos de luz. Salamanca. “El tren procedente de Medina del Campo, con destino a Portugal, acaba de hacer su entrada por vía primera, andén primero”. Descendí dolorido por la dureza de aquellos asientos de madera, impregnada mi ropa de olor a compartimento cerrado. La estación comenzaba a bullir. La Guardia Civil me miró con severidad. Seguro que echaban en falta mi vocación. La señora gorda y desmadejada golpeó con la rodilla mi maleta de cartón. El soldado y el recluta no me prestaron atención y la moza de tetas grandes me dijo algo que mis trece inocentes años no comprendieron. De alguna parte salía la voz de Marujita Díaz con su … soldadito español, soldadito valiente, la alegría del Sol, fue besarte en la frente. La victoria fue tuya…. Yo estaba derrotado.

Horas más tarde, en el pueblo, mis padres me recogieron en la parada del coche de línea. Me dieron dos abrazos grandes, casi infinitos. Entré en calor. Nos cruzamos con mi vecina y me sonrió.

Evaristo HernándezGrupo B


Perdimos el tren y...
Eran aproximadamente las 6,30 horas del primer lunes de octubre, de un año cualquiera, cuando el Talgo con destino a Madrid, iniciaba lentamente su recorrido. El revisor solía siempre esperar 1 o dos minutos de cortesía, por si algún despistado llegaba tarde, como solía ocurrir en muchas ocasiones.
Corriendo aparecen en el anden dos personas, un chico y una chica, portando cada uno en sus manos una bolsa de deporte. Se quedan mirando las vías del tren, donde logran divisar a unos 100 metros de distancia, la luz que marcaba el último vagón del tren, que tenían que haber cogido para llevarles a su trabajo en la capital de España.
Reaccionan en un segundo, y deciden coger un taxi que les lleve a la estación de autobuses, para tratar de llegar al Auto-Res con salida a las 7 de la mañana; y aunque un poco más tarde poder incorporarse a sus respectivos trabajos de profesores de Instituto en la capital.
Dos jóvenes hasta ese día desconocidos, inician juntos un viaje.
Lo que ocurrió a partir de ese momento, solo ellos lo saben; lo que si conocemos hoy día, es que tienen dos niñas y trabajan ambos en dos institutos de Salamanca, el como profesor de matemáticas y ella como profesora de Lengua y literatura.

Luis Iglesias
Grupo B

En mi vida me he visto en tal aprieto II

La sesión del lunes, 10 de abril, la dedicamos al soneto, ese difícil arte de colocar las palabras y los acentos métricos en catorce versos y organizar las ideas y la rima.
Abrimos la sesión con las palabras de Charles Baudelaire:

“¿Quién es, pues, el imbécil (puede que sea un hombre célebre) que trata de manera tan ligera al soneto y no ve su belleza pitagórica’ Es lo forzoso de la forma lo que hace que la idea brote más intensa. todo va bien al soneto, la broma, la galantería, la pasión, el ensueño, la meditación filosófica. En él se dan la belleza del metal y del mineral bien trabajados. ¿No habéis observado que un trozo de cielo, visto por un tragaluz, o entre dos chimeneas o dos rocas, o a través de una arcada, etc., daba una idea más profunda del infinito que el gran panorama visto desde lo alto de una montaña?”



Después hicimos un breve repaso por la historia del soneto, desde Petrarca, Boscán y Garcilaso hasta los sonetistas actuales –pasando por Baltasar de Alcázar y Lope de Vega y sus sonetos relativos al arte de elaborar esta complicada estrofa– y, tras hablar del endecasílabo y los diferentes tipos de versos de once sílabas, leímos un amplio repertorio de textos tomados del libro “Un siglo de sonetos en español” una extraordinaria antología compilada por Jesús Munárriz y publicada en la editorial Hiperión.

Dejamos aquí varios botones de muestra:

Un soneto me manda hacer Quevedo

Desayunos noticias opiniones
martes lluvias atascos “buenos días”
clases fichas cafés bibliografías
facturas doctorados macarrones

semanas conferencias comisiones
alumnas primaveras guerras trajes
adioses onomásticas viajes
cartas amigos libros vacaciones

y se me van los años y me meto
ya en los últimos versos del soneto
y me alejo de mí en veloz huida

y contemplando tanta nada junta
mi casi medio siglo se pregunta
dónde demonios estará la vida

Miguel D’Ors

Divertimento

“Asísteme en tu honor, oh tú, soneto.”
“Aquí estoy. ¿qué me quieres?” “Escribirte.”
“Ello propuesto así, debo decirte
que no me gusta tu primer cuarteto.”

“No piedo tu opinión. Sí tu secreto.”
“Mi secreto es a voces. Advertirte
le cumple a estrofa nueva al asistirte.
Ya me basta de lejos tu respeto.”

“Entonces…” “Era entonces. Ahora cesa.
Rima y razón, color y olor, tal rosa,
tuve un día con Góngora y Quevedo.”

“Más Mallarmé…” “Retórica francesa.
En plagio nazco hoy, muero en remedo.
No me escribas, poeta, y calla en prosa.”

Luis Cernuda

Soneto

Es media noche y un soneto ensayo:
no es nada fácil, yo no soy poeta,
no viene a socorrerme el mes de mayo
ni me consuela, Lope, tu receta.

Procuro, pues, un quiebro isabelino
ante una inspiración tan torpe y parca
a ver si acaso es este el buen camino
para dejar la senda de Petrarca.

Pero también, ay, Fabio, aquí me pierdo,
me equivoco, tropiezo, cambio el paso
y oigo el eco lejano, dulce acuerdo,
dolorido sentir, de Garcilaso

Permitidme, por tanto, que concluya
en triste réquiem más que en aleluya.

Gonzalo Hidalgo Bayal


Propusimos como tarea escribir un soneto de encargo siguiendo el esquema métrico clásico ABBA ABBA CDE CDE con tema libre.Y estos son los trabajos de algunos de los componentes del taller de escritura:


Escribir un Soneto


Escribir un soneto es grave ciencia,
Tradición y vanguardia del idioma,
Medir cada vocablo, cada coma,
Entreverar sonido y coincidencia.

Hay que pensar primero en el mensaje,
Atender a la forma de la idea,
Y dejarse llevar por la marea
De música y palabra en maridaje.

Al final, todo es literatura,
Concepto que se borda en bello encaje
Entrelazando prosa con poesía.

Pepita de oro, criba de cultura,
Sustancia que no olvida el embalaje
Que rima o va por libre en armonía.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Un guiño a Rubén Darío
Me proponen hacer hoy un soneto
será al sol, las estrellas y la luna
no sé si me responderá la pluma
con frecuencia en qué líos yo me meto.

El sol como enorme circonita,
la princesa cogerá la estrella,
la luna es la bella Margarita
un prendedor decorará con ella.

La estrella en su pecho se ilumina
y el corazón de la princesa late
y así el camino ella lo adivina

tiene miedo que alguien la arrebate
y yo sin soneto, solo aspirina
y el prendedor sin decorar remate.

Inés Izquierdo PérezGrupo A


¡Sí!,¡Sí! La vida te lleva por caminos raros

a Quique González

Cuando apago la luz, yo siempre sueño contigo,
me imagino tu cara pegada a la almohada.
Con la sonrisa un poco pilla, pareces un hada,
si tu me preguntas que soñé, no te lo digo.

En cuestiones de amor, parezco un mal mendigo,
agradezco del labrador, su tesón y constancia,
de los marineros, su trabajo en la distancia,
de la higuera de mi corral, !Te daré un higo!

Beberé de tu vaso de cerveza sin avisar,
y cuando te despistes te cogeré la mano,
caminaré junto a tu sonrisa sin molestar.

Por la noche te llevaré a la luna a descansar,
y cuando no tengas sueño, nos vamos a Saturno,
verás como no te gustará a la Tierra bajar.

Luis Iglesias
Grupo B


Sobre el muro en blanco
Tenía el muro una pequeña grieta,
obra de ese temblor que cada día,
con ritmo seco y constante, ascendía
desde el corazón de la tierra inquieta.

Sobre el lienzo pétreo el trazo aprieta,
aquel eco de magma, en su osadía
de insuflar vida a un árbol que nacía
de una herida palpitante y secreta.

Como fruto de la diestra faena,
la cal luce un mosaico sin color
que solo a los fracturados resuena.

Y cuando ellos acarician su pena
los últimos vestigios del autor
caen como pétalos de azucena.

Ismarie Díaz Flores
Grupo B


Pincel de amor

Los árboles , rasgados por el viento,
sollozan con sus ramas atrapadas,
perdidas en el tiempo y deshojadas,
diluvian en la piel del sentimiento.

La brisa cristaliza el pensamiento
con hojas que ayer fueron destrozadas;
despiertas en el sueño de unas hadas,
se mueren con la luz del firmamento.

El tronco se tatúa de ilusiones
vestido de corteza maderada,
de gris, color vacío de tristeza.

Deslumbra su figura de rayones
pintados con cariño hacia la amada
que añora con mil fuerzas su belleza.

Sofía Montero García
Grupo B


No hay verso que no me dé respeto

No persigo ni hacienda ni dinero.
Ni diploma firmado en tinta china,
que esas cosas son dulce golosina
y yo ambiciono honor más duradero.

Un soneto escribir es cuanto quiero.
No me escuece encontrarlo en una esquina,
le daría su punto de sal fina
y a la sazón no resultara huero.

Que no es fácil, la cosa tiene miga,
pues no hay verso que no me dé respeto.
Más ya lo escucho hablar, y liga, liga.

Y acabo como empiezo ¡Qué fatiga!
Venga el honor a mí de este soneto
una vez el poeta lo bendiga.


Pepita Sánchez
Grupo B

Bajo tu casta sombra

La sesión del lunes, 3 de abril, la dedicamos a los árboles. Y pusimos la mirada de manera especial en la encina. Es nuestra manera de colaborar con la Plataforma Stop Uranio y de denunciar el desastre medioambiental que está provocando la empresa Berkeley en Retortillo (Salamanca).



Comenzamos hablando de "El príncipe de los enredos", un álbum ilustrado escrito por Roberto Aliaga e ilustrado por Roger Olmos muy a propósito para el contenido de la sesión.
Después leímos y contemos un breve repertorio de textos sobre las encinas.
Yo aporté un breve artículo que publiqué hace años en un periódico local:

La encina (en terminología botánica Quercus ilex) es, tal vez, uno de los árboles más admirables, no sólo por su longevidad sino por su belleza. Florece de abril a mayo y reparte sus frutos de octubre a noviembre.
Pasear entre encinas viejas es como asistir a una reunión de animales prehistóricos o mitológicos. Las formas retorcidas de sus ramas; el diámetro de sus troncos; la dimensión oculta de sus raíces; su corteza cenicienta y las señales que en su dura madera han dejado el paso del tiempo, las motosierras e incluso algunos rayos, avivan en la imaginación cientos de historias.
Plantar una encina es posiblemente el mayor acto de generosidad con los hijos y los nietos por nacer, y el mejor modo de sembrar en el presente la palabra futuro. 
Cuántos de nosotros no habremos jugado a colocarnos en los dedos los cascabillos (o cascabuyos) de las bellotas. Cuántos pastores no habrán dormido bajo sus extensas sombras. Cuántos niños no habremos seguido el rastro de las hormigas hasta lo más alto de sus copas. Y cuántas noches de invierno no habremos agradecido a la encina el calor de nuestras casas.
De un pueblo llamando La Encina* era el notable alumno de Nebrija, Juan del Enzina, músico, poeta y dramaturgo que dispensó su arte a reyes y papas y hoy da nombre a un teatro abandonado de Salamanca.
La Encina fue también el nombre de un sínodo, calificado de herético por Roma, que congregó a cuarenta y cinco obispos cerca de Calcedonia. Y Encinas es el apellido de un conocido músico y guitarrista salmantino.
Pero tal vez el mejor homenaje que podemos rendir a este árbol es con palabras de Claudio Rodríguez: “La encina, que conserva más un rayo / de sol que todo un mes de primavera, / no siente lo espontáneo de su sombra, / la sencillez del crecimiento, / apenas si conoce el terreno en que ha brotado.”

* Su lugar de nacimiento no está claro. Algunos autores lo sitúan en Fermoselle (actualmente en la provincia de Zamora) y otros en alguno de los municipios de la provincia de Salamanca que llevan la palabra encina en el nombre como Encina de San Silvestre o La Encina. 
Son muchos los poeta que han escrito sobre la encina. Destacamos dos textos, el primero de Leopoldo Panero y el segundo de Claudio Rodríguez:

La gracia cenicienta de la encina,
hondamente celeste y castellana,
remansa su hermosura cotidiana
en la paz otoñal de la colina.
Como el silencio de la nieve fina,
vuela la abeja y el romero mana,
y empapa el corazón a la mañana
de su secreta soledad divina.
La luz afirma la unidad del cielo
en el agua dorada del remanso
y en la miel franciscana del aroma,
y asida a la esperanza por el vuelo
la verde encina de horizonte manso
siente el toque de Dios en la paloma

* * *

La encina, que conserva más un rayo
de sol que todo un mes de primavera,
no siente lo espontáneo de su sombra,
la sencillez del crecimiento; apenas
si conoce el terreno en que ha brotado.

Con ese viento que en sus ramas deja
lo que no tiene música, imagina
para sus sueños una gran meseta.

Y con qué rapidez se identifica
con el paisaje, con el alma entera
de su frondosidad y de mí mismo.
Llegaría hasta el cielo si no fuera
porque aún su sazón es la del árbol.

Días habrá en que llegue. Escucha mientras
el ruido de los vuelos de las aves,
el tenue del pardillo, el de ala plena
de la avutarda, vigilante y claro.

Así estoy yo. Qué encina, de madera
más oscura quizá que la del roble,
levanta mi alegría, tan intensa
unos momentos antes del crepúsculo
y tan doblada ahora. Como avena
que se siembra a voleo y que no importa
que caiga aquí o allí si cae en tierra,
va el contenido ardor del pensamiento
filtrándose en las cosas, entreabriéndolas,
para dejar su resplandor y luego
darle una nueva claridad en ellas.

Y es cierto, pues la encina ¿qué sabría
de la muerte sin mí? ¿Y acaso es cierta
su intimidad, su instinto, lo espontáneo
de su sombra más fiel que nadie? ¿Es cierta
mi vida así, en sus persistentes hojas
a medio descifrar la primavera?

Y para cerrar este breve muestrario de textos "El mar de encinas" de Miguel de Unamuno, un escritor al que gustaba pasear bajo ellas y escribir y dibujar a las gentes y animales del campo:

En este mar de encinas castellano
los siglos resbalaron con sosiego
lejos de las tormentas de la historia,
lejos del sueño
que a otras tierras la vida sacudiera;
sobre este mar de encinas tiende el cielo
su paz engendradora de reposo,
su paz sin tedio.
Sobre este mar que guarda en sus entrañas
de toda tradición el manadero
esperan una voz de hondo conjuro
largos silencios.
Cuando desuella estío la llanura
cuando la pela el riguroso invierno,
brinda al azul el piélago de encinas
su verde viejo.
Como los días, van sus recias hojas
rodando una tras otra al pudridero,
y siempre verde el mar, de lo divino
nos es espejo.
Su perenne verdura es de la infancia
de nuestra tierra, vieja ya, recuerdo,
de aquella edad en que esperando al hombre
se henchía el seno
de regalados frutos. Es su calma
manantial de esperanza eterna eterno.
Cuando aún no nació el hombre él verdecía
mirando al cielo,
y le acompaña su verdura grave
tal vez hasta dejarle en el lindero
en que roto ya el viejo, nazca al día
un hombre nuevo.
Es su verdura flor de las entrañas
de esta rocosa tierra, toda hueso,
es flor de piedra su verdor perenne
pardo y austero.
Es, todo corazón, la noble encina
floración secular del noble suelo
que, todo corazón de firme roca,
brotó del fuego
de las entrañas de la madre tierra.
Lustrales aguas le han lavado el pecho
que hacia el desnudo cielo alza desnudo
su verde vello.
Y no palpita, aguarda en un respiro
de la bóveda toda el fuerte beso,
a que el cielo y la tierra se confundan
en lazo eterno.
Aguarda el día del supremo abrazo
con un respiro poderoso y quieto
mientras, pasando, mensajeras nubes
templan su anhelo.
En este mar de encinas castellano
vestido de su pardo verde viejo
que no deja, del pueblo a que cobija
místico espejo.



Propuesta de escritura

Quienes formamos parte del taller de escritura creativa de la Casa de las Conchas estamos convencidos de que escribir es un trabajo de reforestación permanente pues las palabras nos ayudan a recobrar la memoria, a fijarla sobre el papel.
De modo que por cada encina talada en Retortillo nosotros escribiremos un texto (poema o prosa).


Y estos son algunos de los trabajos enviados:


Réquiem por mil encinas asesinadas

Desandar los pasos y
volver a nacer:
Ser árbol,
mujer encina.

Busca la tierra mis piernas,
las atrapa hasta hundirme
en ella. Dos metros y medio,
tal vez más,
a esa profundidad encuentro
el agua de la vida.

¡Permaneceré en este lugar
hasta que mis raíces se sequen!

Un leve bostezo al amanecer y
comienzan a brotar mis brazos
llenándose de vida: Hojas,
nervios, color. Una auténtica explosión
de enormes ganas de querer
tocar el cielo.

Mimada por el sol, el viento y
las estrellas, siento la complacencia de
los astros hacia mí, hacia la tierra y
los árboles que me rodean, hacia el hombre
que vive generación tras generación
recreándose en mí, columpiando
sus risas en mis ramas -ramas de encina-
bajo cualquier atardecer,
llevando su memoria
hacia la eternidad.

Desandar esta primavera que
no ha de llegar,
que no verán mis ojos, ni los de
de la extensa planicie de una parte
del campo de Castilla.

Esta primavera abortada
que gime de dolor,
el profundo dolor de
unas entrañas vacías allí
donde cayeron los brazos de
mil encinas mutiladas, desangradas,
muertas: Asesinadas.

Ya el horizonte queda desnudo
a la espera de una
primavera nuclear que
florecerá a partir del espectro
de un paisaje sin brazos,
sin ramas, sin raíces.

Desandar el camino y
volverlo a empezar,
con ellas vivas.

Muere, lentamente, el alma
de una parte
del paisaje de Castilla.

Tina Martín Mora
Grupo A
http://tinamartinmora.wixsite.com/tinamartinmora/single-post/2017/03/28/R%C3%89QUIEM-POR-MIL-ENCINAS-ASESINADAS


Soneto a la encina

Me quedaría mirando eternamente
En el hogar tus brasas crepitando,
Música celestial que va acunando
Recuerdos ancestrales en mi mente.

Tus anillos, del tiempo son memoria,
Sabiduría del fuego para el hombre,
Bendito sea, encina, tu buen nombre,
Tu humilde porte que nos hace historia.

Poderosa, amable y dura encina,
Son tus brazos, tu copa y tu corteza
Que entre el bosque y las casas habitamos

La lumbre en que tu leña se calcina,
Doméstica y culta naturaleza
Que abrazo, y acaricio con mis manos.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas.
Grupo A


Parda Encina

Hacía tiempo que no me trataban con tanto mimo, con tanto esmero, cuando tus manos me han cogido ha sido como una caricia, me has mirado, me has elegido y me has puesto en el sitio preciso para sacar de mí lo mejor que ya puedo dar, mi luz, mi calor, cuando la fuerza del viento prendiera la chispa, iban a salir de mi llamas cual “rojas lenguas de fuego”, que a ti te sumirían en un ambiente plácido, de ensoñación y que yo aprovecharía para sumirme en mis recuerdos, tú y yo teníamos mucho en común, tu enfermedad te hacía pensar en un final próximo, el mío lo estaba, quedaría reducida a cenizas.

Pero quería terminar feliz, reviviendo aquel mi encinar, “un mar verde”, donde el viento unas veces nos mecía suavemente y nuestras hojas al rozarse parecía que cantaban una nana, pero cuando el viento nos azotaba con fuerza era como si la fuerza de las olas chocaran contra el acantilado, allí se hacía sentir nuestra bravura, nuestra fuerza, nuestro recio ser. Y recordaba el griterío de los chiquillos revoloteando a mi alrededor recogiendo mis frutos, iban a bellotas, y también oía el bramido de la manada de toros que en una charca muy próxima a mí, se refrescaban en aquellos ardorosos días del verano y a la piara de cerdos que se contoneaban, merodeaban a mi alrededor y alimentándose con mis bellotas producían los mejores jamones.

Los susurros del viento me contaron muchas cosas, que mi otro nombre, un nombre muy raro, significaba “árbol hermoso”, que nuestra leña era muy apreciada y junto al carbón de encina era el combustible en muchas casas, que hacia muchísimos años los hombres nos consideraban árboles “sagrados”, formábamos “encinares sagrados”. ¡Me contaron tantas cosas!

Estoy oyendo un chisporroteo, mi fuerza se va debilitando, pero todavía me queda para añorar aquellos tiempos en que se nos valoraba tanto, entonces los hombres nos respetaban, daban preferencia a nuestra existencia sobre otros intereses que lleva a una tala masiva.

Y recuerdo un poema que alguien susurró junto a mí “Y el campo mismo se hizo árbol en ti parda Encina”.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


El Roble

Cerca de mi casa del pueblo está el roble. Sus raíces se emplean para algunos remedios caseros. Recuerdo el día en que mi vecina hizo un preparado para que le cicatrizaran las heridas de la lenta curación de las hemorroides .
Al caminar por los calles del pueblo me acerco al roble. Tiene un olor penetrante a la tierra, madera y hierva.
Esta mañana pasaba por los alrededores de mi casa y vi que al roble le falta varias ramas caídas, el otro día en el pueblo dijeron que alguien se está dedicando a romper las ramas del roble.
Antes de irme para mi casa me imagino que si el roble tuviera alas se podría mover.

David Álvarez
Grupo B


La encina

Te tengo entre mis recuerdos de niña.
En las primeras miradas que te dediqué, te vi como un árbol elitista , vivías cerca de la gran ciudad , y para mí eras un árbol de las lejanías .
Te adjudiqué movimiento , pero no movimiento en tus hojas , te movías majestuosamente . Los árboles de mi pueblo, no se movían, pero tú sí.
Te conocí camino de Salamanca, a través de los cristales del autobús , te veía venir hacia mí.
El autobús avanza y tú te acercas a nosotros , vienes a nuestro encuentro, después, te dejamos atrás y de nuevo te pierdes en la lejanía .
Me pregunté ?Qué árbol es ese que se mueve con elegante libertad?
Me contestaste, soy La Encina.
Todavía cuando voy en un medio de transporte , y te veo, a través de sus cristales me evocas los primeros momentos en que te descubrí , y te sigo considerando el árbol de la libertad

Mª del Carmen Ledesma Martín
Grupo A


La encina


Verde eterno
descansa entre las ramas.

Madurez, abierta al pensamiento,
brota de tu imagen,
despierta eternidad
en un tiempo
que vive la inquietud de las horas.

Piel de hojas
permanece entre las ramas,
cobija con su sombra
un sol amanecido
que irradia con su luz
el tronco centenario de una vida.

Sofía Montero
Grupo B


La encina
Que en el taller del lunes se habló de la encina, le dije. La encina sonrió complacida. Yo no sabía que las encinas sonreían.
Y que qué pasaría si los árboles tuvieran alas, añadí; que eso se preguntó en la propuesta de texto. La encina abrió unos ojos incrédulos, como de encina esperanzada. Yo no sabía que las encinas podían abrir esos ojos.
Que, naturalmente, se trataba de una metáfora —me creí en la obligación de advertirle—, que cómo va a levantar el vuelo un árbol y marcharse a otro lugar. A la encina se le cayeron unos lagrimones que partían el alma. Yo no sabía que las encinas lloraban.
Al día siguiente llegaban las máquinas de la Berkeley.
(O este último párrafo lo cambiamos por: «Tampoco sabía yo, pero me enteré después, que al día siguiente llegaban las máquinas de la Berkeley»).

Pascual Martín
Grupo A


Ecosistema


Los niños juegan en el campo marrón de pintitas verde oscuro
Dentro de un tronco habita un hada que los hace desaparecer
Por eso es la encina el mejor escondite

Un pájaro tiene allí su casa
Los niños le llaman Quirquir por que es lo que repite al piar
Quirquir sale cerca y regresa enseguida

El sol lanza sus agujas
Que atraviesan a los niños y pegan contra el tronco
Y Las ramas crecen para alcanzarlas primero y quedárselas

Alguna noche me acerco a mi encina
El hada y el pájaro cenan a la luz de la barita, bajo la luna
Les veo en mis sueños

Varios buitres recorren el paisaje
A veces la noche se manifiesta ejecutora
Quirquir aprovecha y regresa

La encina es testigo de vida
Unos se irán y otros ya vienen

Antonia Oliva
Grupo B


Haikus 

Nadie la observa
acabó con su vida
la mina mortal

Mucho viviste
dehesa centenaria
ahora mueres

Un agujero
donde preexistía vida
nada perdura

Encina muerta
acaricia el suelo
sin reverdecer

Encina corté
nada consideré
historia rota

Un árbol vivo
no ofrece resistencia
sufre talado

Encina caída
arrancada de cuajo
excavadora

Madera cisco
arcaico carbonero
nada tendrás

Contemplarás
uranio suicida
la nada mortal

Historia viva
quedará en la memoria
de ningún mortal

Parque Natural
turismo sostenible
fuera la mina

Frondosos árboles
futuro sin existencia
minera mortal

Una catedral
en la naturaleza
herida mortal

A cielo abierto
Retortillo olvidado
abandonado

Exhumación
agujero rojizo
uranio mortal

Perennifolio
que ya no lo será
error habrá

Rojo por verde
mineral por vegetal
cambio monstruoso

En la dehesa
árboles centenarios
no existirán

Tronco robusto
poderoso copete
una fagácea

Amentiformes
color amarillento
flores de encina

Alfredo Domínguez
Grupo B


Morir de pie

Has muerto de pie.
Después de toda una vida dando sombra y cobijo,
despertando amaneceres, cantando soledades,
volando letanías, acariciando brisas, criando retoños.

Has muerto de pie.
Un siglo después de romper a vivir sin poder contarlo,
tal vez sin saberlo, sin más constancia de ti misma que cuatro papeles
– ya ajados- y el cariño de los tuyos que quedaron
y que –pronto- habrán olvidado.

Has muerto de pie.
Atrás quedaron los esfuerzos,
la miseria, la alegría, las –muchas-penas,
las tormentas y el pedrisco, los aromas a incienso,
los silencios y los ruidos.

Has muerto de pie, alma de la Meseta,
mujer mutada en encina,
encina en mujer transformada.
¿Quién te arrancó de la tierra sin permitirte ni un solo grito?
La vida pasó a tu lado, pero talaron tus raíces
y –ahora- ya no queda nada: ni sombra, ni aliento, ni refugio.
Ni siquiera tu esperanza de un mejor mañana.

Javier Portilla
Grupo A


¡300 encinas, o más!

Se me ponen los pelos de punta ( y eso que tengo pocos), cuando me entero, del comienzo de una posible explotación de una mina de uranio a cielo abierto, en la provincia donde vivo.
Es curioso de entrada, que una empresa australiana sea la encargada de dicha explotación, cuando Australia es la nación con más reservas del mundo.
Ya han comprado, 3000 has, y obtenido el permiso para hacer una planta para la obtención de concentrado de uranio.
La empresa solo habla de creación de empleo en la zona.
Prohibido hablar de tala de encinas, de contaminación radiológica, de gases, de partículas en suspensión, de residuos radiactivos, contaminación de ríos y acuíferos, metales pesados, radio 226, radio 222, lixiviar, cromo, vanadio, molibdeno, cobre, níquel, cobalto, ácido sulfúrico, carbonatos, bióxidos, enfermedades, etc.

Espero que prime la cordura, abandonen el proyecto y la encinas taladas sean repuestas, por el bien de todos y no de unos pocos.

No al Uranio- Si a la Vida- Stop Uranio. Campos de Salamanca.

Luis Iglesias
Grupo B


La encina

A través de mi ventana, veo campos, los campos de mi querida Castilla.
Campos donde han crecido miles de encinas.
Y entre todas y cada una de esas encinas, se encuentra la que nos dio sombra cuando más calor hacía.
Y un pequeño arroyo fluía al lado.
Y llevaba siempre mucha agua
incluso en la época de mayor sequía.

Rodeada siempre de flores, de muchos y tantos colores.
Volvió sobre el mismo lugar,
donde se cortaron tantas,
sin el mayor cuidado y afectando
a las demás.

De sus fabulosas raíces,
de su poderosa savia
y de sus lujosas ramas,
iba brotando la vida.

Porque ella siempre estará en ese lugar tan especial.

Donde guardó en su cajita
nuestros deseos, nuestros sueños.
y hasta nuestros fabulosos viajes,

Daría lo que fuera por volverla a ver, tocar sus ramas, dejarme llevar por la tranquilidad del lugar.
Tanto daría por volverla a cultivar,
en mi hogar.
Por volverla a soñar
en mis largas y calurosas
noches de verano
al lado del mar.

Daría lo que fuera
por terminar con esta masacre,
que nos involucra a todos.

Muchos son testigos y no hacen nada para evitarlo.

Te echaré de menos, mi querida encina,
incluso cuando las demás luces se apaguen y la tuya se encienda alumbrándome el camino.

Iria Costa

Grupo B

La oficina de objetos perdidos

La sesión de lunes 27 de marzo la dedicamos a los objetos y las cosas.
Charles Simic nos señaló cómo alumbrar y acercarnos a dichos objetos para verlos por dentro:

"A ojos de la imaginación, dentro de cada objeto hay otro objeto escondido. El objeto que está dentro es totalmente distinto del que lo contiene, o el objeto que está dentro es idéntico al que lo contiene, solo que más perfecto. Todo depende de la metafísica de uno, es decir, de si se inclina del lado de la imaginación o bien opta por la razón. Probablemente lo cierto es que el afuera y el adentro son idénticos y distintos a la vez."



Y María José Ferrada nos mostró que hay escondido en cada objeto y cual es el lenguaje secreto de las cosas:

Las cosas duermen,
sueñan pequeños sueños
y despiertan.
A veces incluso les da por hablar,
y es un idioma que parece un zumbido
o un pestañeo.
Por eso dentro de la casa hay un secreto.

“Ffrrrrr srrsrsrs jjajajja trrrrrrrr
Frrrrrrrr zzzsrrrrrrrr”.
Suena el secreto de las cosas.



Pero también Carlos Bousoño y Jorge Luis Borges hicieron inventario de cosas para nosotros.

Vosotras, cosas, duras y reales, 
escándalo en la luz y permanencia
sutil. Profunda es vuestra ciencia
de estancia lenta en frescos manantiales.

Porque brotáis de chorros virginales
y la honda vida recibís de herencia.
¡Manad, manad, callados inmortales,
manad y dadme ser, amor, presencia!

Manad, callada piedra, azul montaña,
súbita cresta del amor, hondura
de luz enorme. Dadme ser, entraña

donde pueda beber la honda bravura:
realidad que subleva su maraña
total, contra le enorme noche oscura.

Carlos Bousoño


El bastón, las monedas, El llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora ¡Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Jorge Luis Borges



Propuesta de escritura


¿Cuáles son los temores de una cerilla encendida? ¿Con qué soñará una batidora? ¿Por qué los frigoríficos suspiran hondamente en medio de la noche? ¿De qué se sonrojan los interruptores de las regletas de la luz? ¿Reconocen los picaportes de las puertas nuestra piel? ¿Qué hará la cama con los sueños no soñados? ¿Qué clase de ideas tendrán las bombillas?


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Libro de Calificación Escolar

A simple vista, es un libro de calificación de notas obtenidas en un periodo muy importante de mi vida. La edad de 10 a 17 años; hojeándolo se ve en primer lugar la diferencia entre ambas fotografías, ¡Vaya cambio!
Del análisis de notas, destacaba en matemáticas, educación física y, religión, luego añadí el dibujo, la química y los idiomas.
Vivíamos en una sociedad en la que no se sabía cada año, lo que iba a ocurrir al siguiente, dejaban de estudiar muchos compañeros, se iban del pueblo, se ponían a trabajar. Profesores que dejan huella, por que se preocupaban de enseñar o de avanzarte un horizonte lleno de dudas.
Las ilusiones y decepciones van a la par, no sabes lo que quieres, ni tampoco donde el destino te lleva.
Los recuerdos de todos estos años son muchos y variados, ha pasado mucha gente por tu vida, de una manera demasiado rápida.
Con los medios que había, se compaginaba, el estudio en invierno, con el trabajo en verano; en mi casa daban por hecho que se aprobaba, y cuando acabó el bachillerato una pregunta ¿Ahora qué?
P.D: Al comienzo del libro, este no indica algo muy importante que pudo cambiar mi destino y el de otros 10 niños del pueblo; estábamos apuntados para ir a un colegio de curas. ¡Menos mal que pusieron el instituto !, ! Mi mujer cuando se lo cuento, se ríe y me imagina dando sermones desde el púlpito!

Luis Iglesias
Grupo B


Temores de una cerilla encendida

Luz de un único deseo,
llama que transforma
la materia.
En la cabeza el poder,
que enciende la noche
y la oscuridad aleja.
El chasquido del fósforo
que hace prender
la madera.
Mas es el aire del abanico,
la brisa que mueve las ramas
noche y día
de encinas, robles y olivos,
el aliento en la voz quebrada
de la canción y del grito,
esos pequeños temores,
y, en tal caso, enemigos
de la cerilla encendida,
la misma que jugó conmigo
en aquellos años inocentes,
a descubrir nombres secretos
y entregar besos debidos.

Tina Martín Mora
Grupo A
http://tinamartinmora.wixsite.com/tinamartinmora/single-post/2017/04/01/TEMORES-DE-UNA-CERILLA-ENCENDIDA


Caracola

Dentro de ti,
melodías de mar
susurran en el aire.

El viento se hace agua,
roba mis sentidos.

Caverna de secretos
aletea en tu interior,
bañada de imágenes.

Sonidos de mar
son ecos de un silencio,
sueños de la tarde,
junto a la arena
que dora tu perfil
en la soledad de las horas.

Sofía Montero
Grupo B


Mi sueño

Dicen que soy una enchufada, me da la risa cuando lo oigo, según cómo se interprete es que sí, paso mucho tiempo enganchada al enchufe, dicen que estoy en un sitio preferente, muy a mano, que soy única, pues sí, los demás son muchos y no siempre les toca a ellos ser protagonistas, creo que me tienen un poco de envidia, porque todos en la casa me quieren y les gusta lo que hago. Los más pequeños empiezan a comer conmigo, soy capaz de mezclar cosas que no les gustan y que con mi girar, girar, transformo en purés multicolores, desde anaranjados, cuando llevan más zanahoria, a verdosos si tienen espinacas o morados si les ponen lombarda. ¡Y cómo les gustan las meriendas de papillas de frutas! Yo disfruto de su variedad, de los distintos colores y sabores, pruebo de todas, ¡así estoy de fuerte!, cómo las combinan para para que reciban distintas vitaminas y minerales, les oigo hablar de que las fresas aportan vitamina C, potasio, calcio, magnesio, fósforo, que la manzana es rica en betacaroteno, ácido fólico, vitamina C y muchas con la B. Hago de todo, en algunos momentos lo paso un poco mal, me hacen un poco de daño cuando tengo que triturar cabezas de gambas, pero ni se enteran, me compensan cuando oigo decir ¡si no fuera por ti!, así que estoy contenta, cumplo con mi tarea, no les fallo.

Pero llevo una temporada preocupada, me estoy enterando de lo que pasa ahí fuera, les oigo hablar de guerras, injusticias, hambre, refugiados corrupción, maltratos y me pongo a pensar cómo podría yo ayudar en eso, y sueño, sueño con tener unas aspas tan grandes como los molinos de D. Quijote y empezar a moverlas y triturar toda esa basura, y poder añadir vitaminas muy especiales: solidaridad, justicia, adhesión, defensa, amor, identificación, honradez. No creo que yo sola consiga mi sueño, necesitaría que los brazos de todos actuaran como aspas.

Inés Izquierdo
Grupo A


Tic, tac

Luzco siempre en mi muñeca el regalo más preciado, presumo de él sin atisbo de humildad porque lo recibí de las manos de una princesa, que en ese mismo instante me regaló el espíritu del tiempo. Se trata de una joya, no sólo por sus propias características, dado que se trata de un Tank de Cartier, con el prestigio que ello supone, sino porque se ha convertido en mi talismán y, aunque nadie lo crea – hasta yo, a veces, suelo tener mis dudas- siento su protección y su amparo. Porque, no contiene únicamente un mecanismo de contar horas, minutos, segundos… ¡Es una máquina de vivir!

Mi reloj mágico está impulsado por un hada delgadita y largirucha, a la que conoceréis si os adentráis en el engranaje que se esconde bajo su esfera dorada. Allí, entre ejes, ruedas y tramoyas vive ese geniecillo de ojos almendrados, que encarna la esencia del futuro y que, diente tras diente, desahucia pasados y recibe alegres presagios de vivencias y aventuras.

Con cada tic-tac, esa sílfide maravillosa esparce polvos mágicos que impulsan la vida, incansable en su caminar constante, paso a paso, beso a beso, mimo a mimo, tic a tac….

Su pelo acaracolado, que huele a polvo de estrellas, se enreda con las desiguales manecillas para bailar la danza de los ángeles marcando siempre los pasos hacia adelante, un… dos… tres…De las cadenas tiran sus brazos que, aunque tienen textura de algodón, mantienen con firmeza la cadencia temporal del ritmo infinito, mientras los ecos de su voz de sirena impulsan el volante y éste, a su vez, transmite su energía a la corona, que continúa sus interminables pasos al frente y reclama sistemáticamente la escolta inquebrantable de lo efímero… Tic…Tac

Cuando alguien me pregunta por el reloj siento un enorme orgullo y lo muestro de forma ostentosa –un pequeño pecado del que yo misma me perdono-, y le paso la mano por encima pensando que acaricio a la ninfa que vive en su interior -que estará riñéndome de forma cariñosa por mi vanidad- Y es que me encanta renovar la sensación que me produce llevarlo conmigo, y con él a mi princesa.

Maximina Moreno
Grupo B


Feliz y fugaz

Dentro de un cuaderno de notas de una adolescente hay suspiros con resuello, llantos diluidos, comas pensativas, punto y después seguimos, puntos y aparte definitivos, puntos suspensivos de verano, esperanzas tras el llanto, anhelos desconocidos, secretos entre tú y yo, desesperaciones….

Aparece la palabra deseo repetida varias veces, la de esperanza cuando ya se ha agotado todo y ansia e impaciencia por acortar el tiempo para que se vuelva a repetir otra vez lo mismo

Momentos fugaces de felicidad como una sonrisa, como un paseo vigilado de cerca, un susurro, un silbido, la risa alegre y bulliciosa, la despedida embobada.

Deseos de morir para ser rescatada

La palabra ojalá de aperitivo fresco y salado

Pulseras cortadas y regalos que salen de un sobre

También para arrancar el ánimo, hay sin embargos escritos, para tomar impulso.

Corazones de témpano, de lágrima viva, corazón con pesares, corazón abierto sin reparo, a degüello

No es cuando escampa si no que es cuando llega la lluvia cuando ya se han pasado todas las dudas y cuando el corazón se cierra con una promesa, un beso lo abrirá de nuevo…. o quizás no

Contiene manchas de llantos sonoros y llantos a solas precedidos de portazos y consolados después por la banda sonora a todo volumen

Adioses para siempre, irremediables, ni entre los vivos ni entre los muertos, nada, la búsqueda es estéril.

Y muchos interrogantes

De cuando fue el último hasta luego, no puedo precisar ninguno, sencillamente se fue.

De cuando fue el final, no lo hubo, sencillamente pasó

Antonia Oliva
Grupo B


¿Qué hay dentro de mi ANILLO?

Dentro o más bien en mi anillo, está la historia de una vida .Si el pudiera hablar os contaría que está conmigo desde que yo era una adolescente pues fue un regalo de mi madre al cumplir yo 13 años.. Desde entonces, me ha acompañado siempre sin tener que retocarlo; antes me quedaba más ajustado, yo estaba más gordita y ahora, baila un poco en mi dedo pero sin peligro de poder abandonarme y luciendo brillante como el primer día.

En todas mis vivencias, lúdicas o tristes, me ha acompañado..Ha recorrido mucho mundo porque viajar es una de mis pasiones y sigue estando ahí, en mi dedo anular ( es curioso que no me haya cansado de verlo siempre en mi mano como si formara parte de mi anatomía) .Solamente en una ocasión puntual, lo desplazo de mi dedo durante un corto espacio de tiempo: el 31 de diciembre , y lo introduzco en mi copa de cava para brindar, después de tomar las uvas, por el nuevo año que llega..Dicen que da buena suerte. 

Rosa Celia González 
Grupo B


El billete de Avión

Dentro del objeto está el recuerdo que no voy a olvidar en la vida. El objeto al que me refiero es un billete de avión, en el avión vuelo lo más alto, puedo observar desde lo más alto de la tierra las hermosas playas que hay en diferentes países, puedo observar los monumentos de diferentes países, además en el avión puedo conocer a gente desconocida de diferentes países.
Antes de echarme a dormir observo el billete de avión, primero lo huelo para ver como huele el billete, después lo guardo.

David Alvarez
Grupo B


Idea fugaz
Presionó el interruptor. Se le encendió la bombilla. ¡Eureka!
La idea era brillante… Pero tan fugaz como la velocidad de la luz.
Se desvaneció al mismo tiempo que la lámpara estallaba haciéndose añicos.

Toñí Martín del Rey
Grupo B



La oficina de objetos perdidos

Dentro de la cartera del osito del lazo rosa, hay una foto que me hice para el título de técnico en atención sociosanitaria, el DNI pasado, un pétalo de una flor que me regaló Alex, un pequeño texto que escribí un día de lluvia, una manta que me regaló mi abuela, fotos de Paul Walker, una cáscara de almendra que cogí del jardín y un rabo de fresa que cogí del jardín.

¿Qué hace la cama con los sueños no soñados?
Guardarlos, asearlos, olerlos, darles colonia, enjabonarlos. Los sigue guardando en oro.
Hasta que llegue el momento de sacarlos a la luz, de cultivarlos, bienvenidos sean.
Los sueños no soñados son conservados.
Hasta el momento oportuno de sacarlos, es ese momento, cuando los vives y los disfrutas.
Es el momento de disfrutar de aquello que realmente te importa.

Iria CostaGrupo B

Tus amigos no te olvidan

La sesión del lunes, día 20 de marzo, la dedicamos a la muerte, una de la tres heridas que el poeta Miguel Hernández señala en su poema "Llegó con tres heridas".
La muerte está muy presente en la literatura. Es uno de sus temas principales. Luis Carandell lo sabía y por eso decidió abordar la cuestión desde diferentes puntos de vista. Para ello recorrió innumerables cementerios con Nuñéz Larraz, fotógrafo salmantino. En esos "corrales de muertos", como los llamaba Miguel de Unamuno, encontraron epitafios, tumbas y esquelas curiosas. Esa información, así como una buena relación de textos sobre la muerte y otros materiales de interés conforman el libro "Tus amigos no te olvidan".


Jesús A. Courel escribe en su columna del Diario de León lo siguiente:

Luis Carandell publicó una obra humorística sobre la muerte titulada Tus amigos no te olvidan (1975). Tras muchos años de visitas a cementerios, Carandell afirmaba que no se podía conocer a los vivos sin haber visitado antes a los muertos. Para un periodista la muerte es un tema de «palpitante actualidad», pues no hay día que las esquelas no se sirvan con los churros del desayuno. Como la de aquel catalán que, al morir su esposa y viendo lo caros que eran los anuncios en el periódico, eligió ahorrarse uno redactando el siguiente texto: «Murió Rosa. Vendo Opel Corsa». En España la presencia de la muerte es tan abrumadora que Quevedo escribe: «No hallé cosa en que poner los ojos, que no fuera recuerdo de la muerte». Nuestro culto desmedido a lo fúnebre nos empuja al morir a «estar más muertos que en otros sitios». Por eso, cuando al joven Valle-Inclán le preguntaron que quería ser de mayor, él respondió: «Difunto». Los finados tienen en nuestro país rango superior. Para Larra: «Los muertos hablan en voz bien alta y ningún jurado se atrevería a encausar y a condenar». Ni siquiera a los enterrados en los cementerios civiles, los llamados «corralillos», de los que Jiménez Lozano escribió un completo estudio en 1978. Cita este autor que, tras la Revolución de 1854, comienza la construcción de los cementerios civiles en España. Los destinatarios de los corralillos eran, según la ley canónica: paganos, herejes, apóstatas, cismáticos, suicidas, duelistas, los que se hacen incinerar, pecadores públicos que mueren sin confesión, los que incumplen el precepto pascual, los niños muertos sin bautismo y los que únicamente hayan contraído matrimonio civil. Eran muchas las parejas que se juntaban sin pasar por la vicaría o el juzgado que algún cementerio andaluz fue conocido como de los «amancebaos». El primer cadáver enterrado en el cementero civil de Madrid fue el de Julián Sanz del Río, siendo los epitafios de este cementerio un ejemplo de la fuerza moral de los allí sepultados, frente a la creciente uniformidad que domina en los cementerios católicos. Así en la tumba de Nicolás Salmerón se puede leer que fue tal su nobleza y dignidad que «dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte».

El libro de Luis Carandell está plagado de epitafios jocosos como la de aquella copla que dice: «Antigua la moda es: a los héroes y a los justos les matamos a disgustos y les lloramos después». Esa lucha enconada de los españoles lleva a Larra a sentenciar, en su celebrado discurso del día de Ánimas de 1836: «Aquí yace media España que murió de la otra media»… Había que hacer algo.

www.diariodeleon.es


Propuesta de escritura

En esta ocasión propusimos como tarea escribir un texto en el que un adulto responde a un niño o niña qué pregunta acerca de la muerte.


Y estos son los trabajos recibidos hasta ahora


Que viene la parca
En esta noche de luna llena de verano los niños juegan al “dao”. Corren por las calles aledañas a la plazuela, gritando: “que vieene la paaarca”, “que vieeene la paaarca”.

Eloy mira atento el juego de esos niños mayores que él. Cuando alguno de ellos es alcanzado por la parca -“dao” “muerto”- cae al suelo.

- Eloy, ¡venga!, recoge tus cosas que nos vamos.
- Ya voy mamá. “Corre, corre, que viene la parca, que viene la parca” –tararea feliz-. Que vieeeneee la paaarcaaa, que vieeeneee la paaarcaaa. ¿Qué es la parca mamá?

La madre hace una mueca de asombro incrédula y sonríe.

- La parca es uno de los nombres de la muerte.
- ¿y cómo más se llama?
- Tiene muchos nombres: la Huesuda, la Muda, la Pálida, la Dentona, la Fría, la Pelona, la Impía, Thanatos, Anubis, El ángel de la muerte…
- ¿Cómo es?
- Unos la pintan como un esqueleto con una guadaña que va cortando cabezas. Otros como un hombre con cabeza de perro o chacal.
- La muerte es una guerrera, mamá, y una cazadora.
- ¿En qué trabaja la muerte?
- Es profesora de matemáticas, explica muy bien el uno, el cero y la resta, también da clases de filosofía, sobre el principio y el fin, es la dulce enfermera que alivia el sufrimiento de las personas, o mece en su cuna a los viejos cansados de vivir. Tiene muchos oficios la muerte, hijo.
- ¿Tu la has visto?
- Nadie la ha visto, pero pone pistas, cuando va a venir a visitar a alguien lo anuncia.
- ¿pone un anuncio?
- Se anuncia en el rostro de la persona que va a visitar mientras duerme, cuando ésta se despierta ya tiene otro aspecto y luego paciente se sienta a su lado, la peina con su guadaña, la acompaña en su sufrimiento, se hace su amiga y le habla de un sitio estupendo dónde la va a llevar.
- ¿Vive ella allí?
- Ella vive allí y aquí, para estar allí necesita venir aquí.
- Como cuando vamos a nuestra casa de campo. Mamá… ¿Y qué come?
- No come, corazón, se alimenta sólo de sentarse al lado de las personas.
- Pokemon Anubis, con muchos poderes. ¿Sabes mamá?, la parca es una señora muy importante.

Aronbanda
Grupo B


La muerte
Si contestamos a un niño que la muerte es el fin de la vida, es probable que nos siga preguntando más cosas:
¿ Cuantos años vive una persona ?, para no contestar !Depende!, tendríamos que matizar, matizar y matizar...
Mira hijo, si llevas una vida sana y sin excesivos riesgos, puedes vivir más, que si no te cuidas o haces barbaridades.
Pero existen factores hereditarios, accidentes, enfermedades que no se pueden controlar y que acortan la vida.
La vida es alegría, la muerte tristeza, y una actitud positiva en la vida puede que esta se alargue, pero no es seguro.
Vivir en paz con uno mismo y con los demás, seguro que la alarga y sino que sea lo que Dios quiera.

Luis Iglesias
Grupo B


El sentido

El día era soleado, luminoso. El ánimo parecía tender a expandirse ante ese primer sol de primavera, constante, cercano, tan anhelado. El ánimo intentando abrirse entre las murallas de Eva, quien seguía sumida en el gris, el desorden y el cansancio tras la muerte de Pedro. No sólo ella se sentía así, las caras del resto de sus compañeros de clase también anunciaban desconexión. Iba a ser difícil acostumbrarse de nuevo a las clases, darse la oportunidad de seguir disfrutando de aquellos estudios qué tanto le gustaban. Habían pasado dos semanas, pero todo parecía seguir del revés. Hasta eso, lo que más compartía con Pedro, la ilusión de aprender para darse a los demás, las ganas de formarse en una profesión que sirviera para sumar granitos de arena en la construcción de un mundo más justo, menos egoísta. Ilusión dormida, suplantada por una especie de confrontación constante, la conquista de su espacio por la rabia, la pena, la angustia. Toda ella, y todo lo que ambos querían ser, enterrado ahora era una caverna.

Su familia, y sus compañeros de clase estaban preocupados. Todos habían sufrido la muerte de Pedro, pero sabían que ella lo hacía mucho más. Esa relación tan especial, tan apasionada, donde no hacía falta que la etiqueta se rellenase con ninguna palabra. Simplemente ellos, Eva y Pedro.

Y ahora, Eva sin Pedro.

Juan le dice en medio de la clase de Interculturalidad que quiere hablar con ella en el recreo. Eva esperaba ese momento, sabia que su tutor, al que tanto admiraban, al que sentían tan cercano, iba a acabar interviniendo en su duelo. En el fondo lo necesitaba, pero también sentía miedo de que le moviesen un ápice del dolor que sentía. Ese dolor tan profundo, tan personal, tan vinculado a lo que él era para ella. Así que en el recreo va Eva por el pasillo repitiendo para sus adentros, “no me vais a separar de él, no lo vais a hacer” Y "toc-toc" en la puerta con las manos temblorosas, y la angustia veloz subiendo por el pecho.

Juan está sentado en la mesa, tiene muy mala cara. Eva se sorprende de verle así. Él, que siempre es tan activo en clase, tan rápido, tan alegre.

-Quería hablar contigo de Pedro, Eva.
-Me lo imaginaba- contesta ella con la voz entrecortada.
-Te imaginabas, ¿qué? ¿Que te llamaría para venir a mi despacho y darte dos o tres lecciones básicas de que la vida es así, hay que mirar hacia delante, ser fuerte, etc?
-Sí, algo así.
-Pues no, Eva. Te he llamado para pedirte ayuda. Desde la muerte de Pedro no consigo avanzar, y me temo que a tus compañeros les pasa lo mismo, y no consigo aliviarles. Le echo mucho de menos, Eva, necesito que nos ayudes.

Eva se sorprende al escuchar a su profesor. Lo primero que siente son unas ganas inmensas de gritar, de decirle que cómo es tan egoísta de pedirle ayuda a ella, que era su mejor amiga, su cómplice, su principal persona. A ella, que era quien más le quería y quien peor lo está pasando. Se le ocurre decirle todo eso, salir por la puerta del despacho, no volver nunca al instituto. Se le ocurre irse de casa, allí tampoco su familia está entendiendo su dolor. Se le ocurre quedarse a vivir para siempre en su caverna. Va a decir algo, va a salir de aquel maldito despacho, pero no puede moverse, y vuelve a escuchar a su profesor.

- Todos le queríamos mucho, Eva. Tus compañeros, su familia, yo, pero tú eras su persona. Tú eres la única que nos puedes explicar cómo hacer. En parte tú eres lo que más nos queda de él, tú eres él más que nadie, y por eso te pido el favor.

De repente la caverna de Eva recibe luz. Han sido tres palabras “tú eres él” y todo ha explosionado en su interior. A la luz le sigue un automático orden y sentido, la caverna ordenada que vislumbra una salida, y en la salida él, sentirse cerca de él y por tanto, el mundo.

- Lo intentaré Juan- y se marcha a casa. Allí le da un abrazo largo a sus padres mientras no deja de llorar. Y les explica que al día siguiente va a decirles a sus compañeros y a su profesor que Pedro no creía en ninguna vida después de la muerte, pero sí creía en una vida que sumase vidas en la vida. Que así era él, que en eso fue Pedro la mayor vida que ella jamás había conocido, y que ya no dependía de él seguir siendo, sino de todos ellos. Se lo iba a decir, se lo iba a pedir: “Sigamos sumando chicos, contad con él, contad conmigo”.

Néstor Valverde Merlo 
Grupo A


Un niño pregunta por la muerte

“Mueren las rosas a pesar de la lluvia”,
-¿Lo comprendes ya, hijo?
-Si beben, ¿ por qué mueren como el abuelo.?
-Los pétalos se van en el viento,

El abuelo se durmió para siempre,
estaba muy cansado.

Pero la rosa ha dejado su perfume,
su belleza,
tu abuelo ha dejado su sabiduría,
su bondad.

-¿Dónde?,
-En ti, en todos.

Él se fue como los pétalos
que alimentan la tierra

-¿Está en la tierra?
-Sí, y en la belleza de las rosas
que salen de sus cenizas.

Él no está aquí,
pero todo vuestro amor es para siempre,
te alimentará como una rosa nueva.

Emilia González Fernández
Grupo B


Otra oportunidad

“Me imagino que viajas por un país lejano / de donde es muy difícil, ¡muy difícil tornar! […] Un día en cualquier parte me cogerá la muerte / y me echará en tus brazos, ¡por fin, por fin, por fin!”

Cuando leí el poema El viaje, de Amado Nervo, ¡hace mucho tiempo!, cuando aún nadie de mis seres queridos había sacado el billete para ese largo viaje, me llegó al fondo, me identifiqué con el poeta, pensé que era así como yo querría sentir la muerte, un largo viaje con un final feliz: el encuentro.

Un amanecer la muerte se coló por una rendija en mí casa, una invisible rendija, la puerta estaba cerrada, no esperábamos a nadie. “Me duele mucho la cabeza”, solo eso. Y entró de lleno, empujando, con prisa.

Había que luchar contra ella, pero ya había saboreado su presa, aquel día buscaba algo exquisito.

“Hay que operar, pero es probable que muera en la mesa de operaciones”.

Una mirada, un fuerte apretón de manos, una decisión, “Donamos sus órganos”.

¿Valientes, generosos?, no, más bien querer ganar a la muerte. No podía irse así, tan pronto, todavía le quedaba mucho por hacer.

Y llegaron cartas.

“Seis familias condenadas a la angustia, el dolor y la enfermedad sin remedio, han podido comprobar que en este materializado mundo, existe todavía un resquicio para la esperanza. Permítanme resaltar el caso del niño de once años…”

Y más, y más.

En Navidad con letra de niño han llegado tarjetas.

Para nosotros, un consuelo. Él feliz, ha tenido la oportunidad de vivir más vidas, de hacer felices a otros, nosotros nos lo hemos perdido, pero a él no, solo que no le vemos, le sentimos, nos acompaña.

Este no es un relato triste, que nadie lo vea así. Más bien que sea una reflexión. Donar órganos, es regalar vida, es de alguna manera vencer a la muerte.

“Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame”.

Inés Izquierdo
Grupo A


Soneto
No teme el más allá esta alma mía,
Que el dolor sólo llega hasta la muerte.
Me bato de buen grado con la suerte,
Procurando las rosas a porfía.

Renacer es tarea de cada día;
Enfermedad, dolor, último aliento,
Fatales amenazas que descuento
Si enciendes la mañana, amiga mía.

Vida y muerte van ardiendo en el fuego
Que consume la pena y la alegría,
De mano dada en comunión fraterna.

Noblemente aceptemos este juego,
Neguemos la aplazada fantasía,
Qué aburrimiento, dios, la vida eterna.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Carta para el sexto cumpleaños

Querido Alberto:

Sé que llevas un tiempo pasándolo mal; que lloras día y noche; que las pesadillas perturban tus sueños y que te despiertas empapado en sudor y lágrimas gritando y preguntando por mamá.

Es normal que tu corta edad no consiga entender el motivo de mi abandono. Pero, créeme, mamá no quería dejarte. Luché con todas mis fuerzas para seguir a tu lado, para vivir contigo cada minuto de tu vida. Si no quería marcharme de tu mundo, era precisamente por ti. Sólo quería verte crecer y aprender con tus experiencias; reír con tus alegrías y llorar con tus penas. Pero fue imposible. Las fuerzas flaqueaban día a día. Mis ganas no fueron suficientes. Ya aprenderás que, a veces, nos toca volar solos y a ti, por desgracia, te ha tocado demasiado pronto. Pero sé que lo harás. Aprenderás a volar muy alto. Eres fuerte, como lo era yo, y lo conseguirás. Además, yo estaré a tu lado, desde la distancia, dándote aliento o levantándote siempre que te caigas. Velaré por ti al igual que velaba tus sueños el poco tiempo que estuvimos juntos.

Piensa, mi amor, que no eres el único que sufre. Tu padre, tus abuelos, tus tíos. Todos lloran mi marcha a tus espaldas para no causarte más dolor. Y desde aquí, yo…… Sólo puedo decirte, aunque ahora no lo entiendas, que el tiempo todo lo cura. Tanto ellos como tú, aprenderéis a vivir sin mí; con mi recuerdo. Allí quedan muchas fotos, muchos vídeos que te acompañarán siempre. Cuando quieras estar a mi lado, sólo tienes que cerrar los ojos y pensar en mí. Te prometo que estaré contigo para acompañarte, pues sigo viva cada vez que me recuerdas.

Una cosa más: no quiero que sientas rencor o miedo hacia la muerte. Ella llevaba tiempo acechándome. Yo, pensando en ti, le pedía siempre una prórroga que, por lástima, ella me concedía. Pero, ambas sabíamos que este aplazamiento no sería eterno. Hasta que, una noche, llegó y, cuando te miró y vio cómo yo intentaba abrir mis labios una vez más, me los selló con su dedo y se sentó a mi lado. Entonces, llegó el final de todo.

También el de mi sufrimiento. El que sentía por ti y el que intentaba ignorar para que no me doliera más. Pero ella sabía. Ella todo lo sabe. Quiso ahorrarme más pena y me trajo a un lugar lleno de calma. Aquí, ya no duele nada.

He hecho muchos amigos como tú hiciste al llegar al cole. Al principio es duro pues ninguno quiere viajar hasta este lugar. Sin embargo, con los días te acostumbras; la tristeza va volviéndose alegría. Se empiezan a olvidar los problemas, las enfermedades, la vejez, las situaciones que nos traen a este otro lado. Aquí se alcanza la felicidad, la tranquilidad, el silencio tan difícil de conseguir en ese mundo. Porque este no es el lado oscuro, mi amor. Lo llamamos así porque lo desconocemos. Pero ese mundo tan radiante y luminoso donde tú te encuentras ahora, es más negro que este. Ya me darás la razón.

Toñi Martín del Rey
Grupo B


Melocotones debajo del sofá

Cuando Lucía llegó del colegio, Bruno no salió a recibirla. Como llevaba una temporada malito, la pequeña pensó que estaría descansando. Los catarros se curan con calor y reposo. Eso es lo que le decían a ella cuando tenía un refriado.

Sin quitarse el abrigo, puso la mochila en el suelo y fue en su busca. No se dió cuenta de que nada más dejarla en casa, sus padres salían. Lucía tenía prisa. Quería darle un buen achuchón. Eso siempre es una buena medicina. Para no asustarlo, decidió anunciar su regreso. Su voz se escuchó por toda la casa:

- Ya estoy aquiiiiiiiiiiiiiii
- He vueeeeeeeeeeeeelto
- ¿Dónde estaaaaaaaaaaaaas?
- Peludiiiiiiiiiiiiiiiiito...
- Pelu, pelu, peludiiiiito

Ni un ladrido.

Fué directa a la cocina. Hacía casi dos meses que ya no dormía en su cuarto. Era duro. Él siempre había estado con ella. Desde que nació. Al principio, cuando era una pequeñaja, al lado de su cuna. Más adelante, cuando se hizo una niña mayor, junto a su cama.

Sus padres decían que las escaleras le fatigaban y era cierto. Ella misma lo había comprobado.

Sus padres decían que Bruno necesitaba un lugar estable, cálido y tranquilo, un espacio cómodo para él. Un ambiente adecuado a su estado. Solo así podría intentar reponerse. También era cierto. Allí estaba bien. Cerquita del radiador, a los pies de la enorme cristalera que daba al jardín, en el punto exacto desde el que dominar todo lo que sucedía en el salón. Nunca estaba solo. Los horarios de su familia eran bastante irregulares. Casi siempre había alguien despierto. Y las noches que ella sabía que todos dormían, cogía el edredón y se acostaba en el sofá. El perro la veía. Ella le veía a él. Estaban juntos y eso era suficiente.

Lucía entró en la cocina. Su abuela ponía la mesa como siempre. No la vió.

- ¡Hola Lucy! ¿qué tal en el cole? Ven que te quite el abrigo

No la escuchó

Bruno estaba en su camita. Su postura era extraña. No se ovillaba sobre el mismo como tenía por costumbre. Solo podía ver su cabecita erguida sobre uno de los respaldos verticales de su cama. Respiraba con dificultad. El resto de su cuerpo estaba cubierto por su manta de terciopelo verde.

- Peludito. ¿Qué te pasa?

Bruno, haciendo un esfuerzo enorme, giró la cabecita hacia ella. La manta se movió un poquito. Casi sin fuerza. Intentaba mover su colita. Estaba alegre. Su amiga estaba alli. El cansancio le pudo y volvió a quedarse quieto.

La pequeña se arrodilló junto a él. Acarició sus lanas gris perla una y otra vez. En silencio. Un dolor desconocido apretaba tanto su garganta que cualquier palabra se ahogaba antes de ser pronunciada. Lloró como nunca lo había hecho, sin hacer un ruido.

Ella no lo notó, pero sus lágrimas caían sobre la cabeza de Bruno. Dos breves lametazos en la mano de la pequeña fueron su última respuesta. No hubo más.

Justo en ese momento entraban sus padres con el veterinario.

- Lucía
- Mamá, peludito no está bien
- Lo sé cariño. Ven. Deja que Don Tomás lo examine.
- Pero...
- Ven cariño, nosotros no podemos hacer nada por él.

Antes de que Don Tomás se acercara a Bruno, ya sabía que había muerto. No obstante, lo revisó con mimo. Luego se levantó y dijo: - Ha muerto. Ahora no sufre.

- Póngale una de esas inyecciones o dos o tres. Fijo que se recupera. Vamos. Yo se donde estan. Se las traigo en un momento. Espere. No se vaya. Yo, yo
- Lucía ( dijo su padre) ya no sirven. Bruno se ha ido
- Noooooo
- Si cari

Sin que pudiera terminar la frase, Lucía subió las escaleras y se refugió en su cuarto.

Cuando su abuela consideró que habia trascurrido un tiempo prudencial llamó a su puerta. Como era de esperar no hubo contestación. Entró. Lucía lloraba sentada en la cama. En sus manos tenía la pelota roja de Bruno.

- Hola Lucy ¿puedo sentarme un ratito contigo? Estoy algo triste y me gustaría hablar con alguien que me entienda.

La niña le hizo un hueco.

- ¿Por qué estás triste abu?
- Es por las pompas de jabón. Son tan hermosas. Cuando estallan en el aire, durante un ratito me apeno. Se que se pasará cuando abra la puerta del armario. Pero a veces me cuesta tanto llegar a él. Hoy por ejemplo
- Abu no te enfades, pero ahora mismo no tengo ganas de cuentos
- No es un cuento Lucy. Es verdad. Pensé que tu me entenderías. Eres la única persona que puede hacerlo. Tus padres son tan mayores
- Abu tu si que eres mayor
- Solo de aspecto cariño. Solo de aspecto.

La abuela se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de salir, la niña le preguntó

- ¿Qué hay dentro de ese armario?
- ¿De verdad quieres saberlo?

Con un gesto de la mano sobre la cama, la pequeña le indicó que se sentara

- Dentro o detrás, no se muy bien, está el país de los recuerdos. Un lugar maravilloso si sabes caminar por él.
- ¿ Y si no sabes?
- Si no sabes es un lugar terrible cariño
- Terible ¿por qué?
- Porque igual que en los cuentos, hay personajes oscuros que merodean sus hermosos jardines. Si un vivo entra en él y escucha su murmullo de lamentos debe huir inmediatamente. De lo contrario, quedará atrapado en ellos
- ¿Y entonces?
- Entonces mi amor, algunos se convierten en piedra y otros en hielo. Cuando regresan, mutilados, parecen los mismos pero estan secos.
- Yo no quiero ir. Fijo que los monstruos me atrapan
- Todos vamos queramos o no queramos. Por eso es mejor ser consciente, ir preparado.
- Y ¿cómo me preparo? yo no se luchar
- Jeje, no hace falta. Mira, cuando vayas a entrar o cuando sin querer hacerlo, te veas dentro, busca un recuerdo muy alegre y agárrate a él. Ningún ser oscuro es capaz de vencer esa alegria.
- ¿Y que tiene que ver ese país con las pompas de jabón?
- Mucho. Verás, cuando una pompa de jabón estalla en el aire, todos sus colores, los que dibujó mientras bailaba con el aire, van allí. Se convierten en semillas. La tierra les acoge. Pueden florecer o marchitarse.
- No entiendo nada abu
- Lo entenderás, date tiempo. Si el visitante las riega solo con lágrimas, las semillas se pudren y las pompas de jabón que volaban con ellas antes de estallar, se deforman. Se vuelven opacas. El murmullo de los seres oscuros consume su frescura. Sin embargo, si el visitante las riega con el cariño compartido, las semillas se abren de una forma inimaginable y las pompas de jabón que volaban con ellas antes de estallar, multiplican su gracia y sus colores.
- Pero abu, una pompa de jabón es
- Una pompa de jabón es todo ser vivo. Nace no se sabe muy bien por qué, vuela, dibuja figuras entre brisas y tempestades. Un día estalla. Es su condición.
- ¿Yo soy una pompa de jabón?
- Si mi amor. Y papá. Y mamá. Y yo. Y Bruno
- ¿Y estallar es morir?
- Si mi amor
- ¿Te vas a morir abu?
- Algún día cariño. Y tú también. Solo espero que cuando llegue ese momento mis semillas o las tuyas no se pudran entre lágrimas y mis colores y los tuyos brillen en las pompas de jabón con las que compartimos el vuelo. Sabes Lucy, has sido muy afortunada. Peludito te espero. Pudiste despedirte de él. No siempre es así. Eso hace más difícil abrir el armario.
- Pero abu ¿porque hay que estallar? ¿por qué morir? ¿por qué
- No lo se Lucy. Pero ¿por qué hay que nacer? ¿por qué estamos aquí? Tal vez, la muerte, esa extraña compañera de vuelo, permita que si la miramos cara a cara, cada pincelada que tracemos sea luminosa.

La abuela se levantó y se dirigió a la puerta. Cuando iba abrirla se giró y le dijo a la pequeña: "Bruno te quiso tanto como tú a él, no dejes que sus semillas se pudran. No lo merece. ¡Ah! y gracias por escucharme. Ya estoy mejor. ¿Tienes hambre?"

Lucía negó con la cabeza.

Ese mismo año, un día de primavera, un sábado por la tarde, Lucía merendaba y jugaba con sus amigos en el jardín de su casa. Su padre la llamó. Tenía algo entre los brazos. Cuando estuvo junto a él, vió lo que era

- Un cachorrito papá
- Cachorrita, es cachorrita. La perra de un compañero de trabajo ha tenido una camada numerosa y no saben qué hacer con ella. Yo no le he dicho nada seguro. Primero quería preguntarte...
- ¿Nos la podemos quedar papi?
- Eso iba a preguntar...
- ¡Una cachorrita! ¡Una cachorrita! ¡Una cachorrita en casa! ¿Puedo cogerla?
- Claro, pero ten cuidado, es muy chiquitina

Los juegos de hace un rato se olvidaron. La merienda quedó donde estaba. Todos los niños y niñas querían verla, tocarla. Y es que no hay nada mas atractivo que la vida. Pronto oscureció y los padres de los chiquillos fueron a recogerlos. Todos querían un perro.

Cuando Lucía se quedó sola con su nueva amiga, la llevó junto al melocotonero y la dejó en el suelo. Era minúscula.

- ¿Sabes cosita? Aquí está Bruno. Bueno su cuerpo. Yo llevo sus colores. Son preciosos. Te contaré todo sobre él para que tu, si quieres y te gustan, también los lleves.
- Lucía, a cenar (gritó su madre)

La pequeña recogió a su amiguita del suelo y se dirigió a la casa. Tenía mucha hambre.

Cuando se sentó en la mesa, su padre le preguntó :"¿Ya sabes como se va a llamar?"

- Burbuja contestó la pequeña
- ¿Burbuja? ¿Qué nombre es ese?
- Uno precioso papi
- Per
- Algún día lo entenderás, tranquilo. Date tiempo.
- Lucy ¿quieres más croquetas?
- Claro que si abu. Me encantan las croquetas. Me gustan casi tanto como las pompas de jabón. Jejeje

Los padres de la niña estaban algo desconcertados. No esperaban esa reacción. La muerte de Bruno aún era cercana. Su abuela, sin embargo, era feliz. Posiblemente no le quedara mucho tiempo de vuelo, pero su nieta, su Lucy, sabría regar sus semillas.

- Papá, ¿crees que a Burbuja también le gustará esconder los melocotones debajo del sofá?
- Espero que no. Si lo hace ya sabes quien tendrá que recogerlos. Por cierto, eso que veo desde aquí ¿es un pis?
- Y bien grande para lo pequeña que es. Jeje. Ven aquí cosita, ¿sabes? eso no se hace, vaya no se hace aquí. Tenemos mucho que aprender. Ahora a tu camita. Esta es improvisada, mañana buscaremos otra, y cuando crezcas un poquito, vendrás a mi cuarto.

La cachorrita le lamía las manos y la cara

- ¡Es preciosa! Y yo creo que me entiende. ¿Qué os parece?
- Lo que me parece Lucía es que es algo tarde. Anda, mira que hora es y aún tienes que bañarte
- Voy. Hasta luego cosita

Unas horas más tarde, toda la casa estaba en silencio. Solo en la cocina, de vez en cuando, se oía algo parecido a un ladrido.

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Qué ocurre

Ni hoy ni ayer he visto a mi abuelo.
Anteayer mamá lloraba y papá me dijo que el abuelo se había marchado.
Antes oí a mi tía decir que le había ocurrido algo a su corazón.
El abuelo caminaba muy despacio, tosía mucho y mi abuela iba rápido, siempre con él.
Hoy por la calle nos hemos encontrado con su amigo y ha comentado que el cuerpo le dejó de funcionar, que se encontraba muy gastado. Después se secó la nariz con el pañuelo y me besó en la frente.
Lo que creo que pasa es que tenemos una pila, posiblemente en el corazón, a mí me suena como un reloj cuando corro, y a la edad del abuelo funciona cada día peor hasta que se para. Es igual que a Keko que, aparte de faltarle pilas, la semana pasada La Chata le quitó un brazo después le retorció todo el cuerpecito y Mami no consiguió arreglarlo, ahora Keko tiene las piernas al revés y le falta un ojo. La Chata ya no juega con él, está abandonado en el fondo del cajón. Keko ha muerto como el abuelo.
Claro que si se hubiera marchado, no podría haber ido muy lejos. Tal vez lo tenga la abuela metido en algún cajón.
Aunque en verdad pienso que puede ser que esté en otra ciudad. El último sábado que me acompañó a Los Baños, mientras me ayudaba a cambiar la ropa mojada, me dijo que no intentara buscarlo cuando ya no estuviera, ya que pensaba marchar a visitar a amigos y familiares que hacía mucho tiempo que no veía. Me animó el que comentara que yo haré lo mismo cuando tenga muchos amigos y los eche de menos, por que también podré verle a él. Pero para eso, mi Reyezuelo, falta mucho tiempo todavía, me susurró mientras me peinaba.

Antonia Oliva
Grupo B


Cómo explicar la muerte a un niño

Según mi opinión la forma más fácil, sencilla y natural de explicar el concepto de la muerte a un niño es hacerlo mediante la observación de la naturaleza. Viendo, mirando, observando, contemplando todos los maravillosos e increíbles regalos que se despliegan a nuestro alrededor a lo largo de las distintas épocas del año. Para ello ayuda muchísimo si se tiene la fortuna de vivir en el campo abrazado, mimado, querido por la madre naturaleza. Pero, si no se es tan afortunado y se vive en una ciudad, siempre hay a mano en ellas algún pequeño, o no tan pequeño, parque donde se puede ir y practicar el maravilloso arte de la contemplación, (por cierto asignatura ésta que de ser yo gerifalte del ministerio de educación, cultura y deporte sería la más obligatoria de todas las asignaturas). Pero, si se hubiera tenido la terrible y malísima suerte de vivir en un lugar donde los depredadores inmobiliarios hubieran arrasado con la más pequeña porción de tierra, siempre se encuentra, incluso en las más superpobladas urbes, una pequeñísima grieta donde todos los años germina, crece, florece y muere alguna criatura milagrosa. Para todos los interesados en el tema os remito al libro Naturalistas Proscritos, Ediciones Universidad de Salamanca, en el capítulo, “ENTRE LA CONSPIRACION Y EL EXILIO. MARIANO LAGASCA (1776-1839), UN DESTERRADO LIBERAL EN EL REINO UNIDO, en este libro, José Luis Maldonado Polo, en la página 73 trata el punto al que me refiero. Así mismo, el interesantísimo proyecto puesto en marcha en los últimos años en la ciudad francesa de Nantes, Las “malas buenas” hierbas de Nantes, la ciudad francesa deja crecer la vegetación silvestre y reduce en un 97´5 % el uso de pesticidas, también esta iniciativa ayuda a poner en práctica e ilustrar como explicar a un niño el concepto de la muerte. Por supuesto, el recurso de los siempre útiles y versátiles envases vacios de los yogures, con ellos podemos crear nuestro particular jardín para el alfeizar de la ventana o el balcón, rellenarlos con un poquito de tierra humedecida poner la lenteja, garbanzo, alubia, arroz, etc… y a esperar casi nada a que el milagro ocurra…

Finalmente este pequeñito poema también puede ayudar, bien recitándolo o cantándolo mientras se van preparando y realizando los trabajos:

Una, dos y tres
Una, dos y tres
la semilla germina
y al cabo del tiempo
nace un bebé.
Una, dos y tres
Una, dos y tres
la semilla germina
y al cabo del tiempo
la semilla se estira, se estira
primero un rabito crece para abajo
Una, dos y tres
Una, dos y tres
después la pequeña cabecita hacia arriba va
crece, crece y crece
cada día más y más
Una, dos y tres
Una, dos y tres
más tarde aparecen las tiernas hojitas
de color muy muy verde
muy estiraditas
Una, dos y tres
Una, dos y tres
si húmeda está
Una, dos y tres
Una, dos y tres
crecerá y crecerá a gran velocidad
Una, dos y tres
Una, dos y tres
Mas, si regarla olvidas
triste se pondrá
Una, dos y tres
Una, dos y tres
Y en poquito tiempo
Y sin darte cuenta
La plantita no sobrevivirá
Una, dos y tres
Una, dos y tres
La plantita ha muerto
bien muertecita ya está
Una, dos y tres
Una, dos y tres.

Mª Nieves C. Martín Magdalena
Grupo B


Tus amigos no te olvidan
Coco Granel nación en Pontedeume (Coruña, Galicia) en 1901, cápsulas de medicamentos ante el estrés mundial, barra de labios estuvo relacionado con su gran trayectoria en el mundo de la moda y fue su gran lanzamiento a nivel mundial.
Donde muchas personas compraban la barra de labios de Coco Granel, menos de dos euros y un color anaranjado fascinante.

Su corazón en aquel momento no se veía ocupado por nadie a quien le importe de verdad. Ante este éxito de ropa y barra de labios quería ir a Miami para seguir promocionando sus creaciones. Ya en el año 1975, habiendo terminado la carrera decidió escribir un poema y dejarlo escrito a la persona que amó durante su carrera de diseñadora de moda, el único chico y que no fue correspondido. Ya en Miami y ante la presión mundial y los días de mucha ansiedad compró una caja de calmantes y ansiolíticos.

Esa misma tarde se la compró y de un trago se los tomó. Calló al suelo, sin aire, sin respiración. Sobre la mesa, había una rosa reciente sobre el jarrón que adornaba la habitación del hotel donde se encontraba.

Habitación 39, del Hotel San María. Año 1975. Miami.

Con la m
Mi memoria me marca,
manzana mala
Marea murmura melancolías.

Muerte misteriosa,
mi manía madruga
mi mente.

Mujer mágica,
muerde miedos.
Minuciosamente.

La muerte es una nueva forma de ver la vida, un deseo para algunos, para otros no significa absolutamente nada y otros quieren llegar a ser o aspirar algo más.
Quieren descubrir que hay justo después de la vida o tan simplemente se dejan llevar por sensaciones.
La muerte es un nuevo paso al dolor para muchos que llevan sufriendo mucho tiempo.
La muerte es otra forma de ser y ver toda la vida que va fluyendo.

Iria CostaGrupo B