En las antípodas

La sesión del lunes pasado la dedicamos a las esdrújulas. Fue una tarde mágica, lírica y eufónica. Leímos textos que sonaban como cítaras. Anotamos curiosidades en los márgenes. Fue una sesión álgida. Paseamos desde Álava hasta las Antípodas, donde todo es idéntico, idéntico a lo autóctono.
Me han preguntádico varias persónicas si lo pasamos bien. Y unánimemente diríamos que sí.

Javier Krahe, un hombre mayúsculo, nada pusilánime, ínclito e incluso mayúsculo nos regaló su canción titulada "En las antípodas":

En las antípodas todo es idéntico,
tienen teléfonos, tienen semáforos
con automóviles con sancristóbales,
muchos estómagos están a régimen.
Tienes políticos más bien estúpidos
pero son súbditos muy pusilánimes.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

La problemática es económica
y en lo teórico no son unánimes,
lo hay escépticos, los hay fanáticos,
pero en la práctica no ves apóstatas
sino en los márgenes o con prismáticos.
Y unos son míseros, otros son prósperos,
en las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Hay mundo artístico con gente excéntrica,
mundo científico con catedráticos
y cuerpo médico y casos clínicos.
La gente rústica puebla las fábricas
y los hipódromos los aristócratas.
Ciertos filósofos sienten escrúpulos.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Algunos fármacos son ilegítimos
pero hay gran tráfico, lo cual es lógico
porque los réditos son astronómicos
y hay muchas víctimas, hay muchas cárceles.
Voces hipócritas piden, coléricas
medidas drásticas, sillas eléctricas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Los eclesiásticos desde sus púlpitos
causan catástrofes, y los omnímodos
poderes fácticos hazañas bélicas
y actos vandálicos los energúmenos,
y los pacíficos, actos inútiles.
Entre los lúcidos cunde el desánimo.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Se dan fenómenos de rara índole:
idéntico a lo autóctono,
madres estériles con partos múltiples,
idéntico a lo autóctono,
problemas étnicos con los indígenas,
idéntico a lo autóctono,
falsas polémicas con los satélites,
idéntico a lo autóctono,
grandes espíritus viven recónditos,
idéntico a lo autóctono,
y hay lodos tóxicos abundantísimos...

En otros términos que están incómodos.
Pero es fantástico, martes y miércoles,
jueves y sábados, lunes y vísperas,
dan espectáculo con el esférico,
y allí, al unísono, arman escándalo
y es como un bálsamo para sus ánimas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.


Y Daniel Viglietti, hombre cultísimo que hace muy poco nos dejó, en este valle de lágrimas puso la música:




Escribimos a Doña Dárriga Dórriga Dírriga, a partir de la propuesta que Federico Martín Nebrás realizó en un taller de escritura:

Querida
Doña Dórriga Dárriga Dírriga:

Encontrándome tristísimo por vuestra ausencia le mando una brújula que me dio un matemático problemático en búsqueda de su homólogo mayor. Es un fenómeno máximo.
Le dejo encima de la cómoda un mapa de la península ibérica que es lo mínimo que puedo hacer. Le dejo albérchigos dulcísimos, guanábanas agrísimas y plátanos de plástico que me dio un frutícola. Cómalas y haga régimen.
En el crepúsculo de ayer, un ególatra haciendo gárgaras y diciéndose a si mismo príncipe y presumiendo de su perfecto físico comenzó a hablar de física, química y dórrigas. ¿Conoce usted a Federico? ¿Y a este falso príncipe?
Necesito un futurólogo para saber de usted. Mándeme la fórmula secreta para encontrarnos, mándela con su fiel primogénito en un avión de cualquier aerolínea, mientras vea el último capítulo de la película "Antipáticos, xilófono y triángulos".
Necesitándola, deseándolo y esperándola en el ábside de nuestra basílica con máscara de oxígeno le saluda

Ángeles Álvarez Íñiguez

Y Jesús Ge, en un arranque de dignidad política, nos confirmó la sospecha con su "Patéticos estos políticos":

Son tan patéticos
estos políticos
siempre mintiéndonos
nunca verídicos
gritan melódicos
falsas encíclicas
y aprueban códigos
deontológicos,
suben los déficits,
matan los ídolos.
Maquillan pálidos
todos los cálculos
y dejan límpidos
nuestros depósitos.
Es todo un clásico
gastar lo público
en faraónicas
obras inútiles
mientras, impávidos,
los pobres cívicos
pierden los créditos,
sus habitáculos,
rompen sus máquinas
y sus teléfonos.
Son tan patéticos
estos políticos
siempre mintiéndonos
nunca verídicos.
Llega el ejército
de los histéricos,
siembran el pánico
con guerras trágicas,
antisemíticas,
musulmanófobas.
Resuelven rápido
todas sus diásporas,
llenan de tóxicos
los campos fértiles.
Vierten sus cánceres
en los escrúpulos
de gente ética.
Son anacrónicos,
pizca de estúpidos,
quieren ser líderes
ultramediáticos.
Vejan los púlpitos,
tan programáticos,
llenan sus pláticas
de burdas trápalas.
Hablan de pérdidas
socioeconómicas
y visten rígidos
trajes “gurtélicos”.

Y finalmente, Violeta Parra hizo sonar las palabras rarísimas de su "Mazúrquica modérnica":




Propuesta de escritura

Escribe un texto, en verso o prosa, con el mayor número posible de palabras esdrújulas y sobresdrújulas. Dichas palabras pueden ser reales o inventadas. Procura que en el título también haya esdrújulas.
O quizá puedas animarte a escribir a Doña Dórriga Dárriga Dírriga.

Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


El pelícano y las luciérnagas

En un cálido país donde no existía ni siquiera teléfono, ni telégrafo, ni brújula, ni termómetro, habitaba un simpático pelícano en una tierra cercana a una fantástica laguna. Cada día buscaba víveres para alimentarse. Encontraba magníficos plátanos, algunos nísperos y arándanos. La comida era abundantísima siempre.

Pero el intrépido pelícano se sentía solo en ese espléndido paraíso. Necesitaba compartir con alguien sus andanzas, tener nuevas metas… Tal vez estímulos fantásticos o motivos inesperados para volver a soñar. Algunas veces caían lágrimas de sus ojos que regaban la tierra.Vivía en un mágico lugar, pero aún así se encontraba tristísimo y su espíritu se envolvía de lóbregas tinieblas.

Un crepúsculo del mes de mayo descubrió atónito una presencia. Un nuevo hábito incorporó a su vida y cada tarde iba a deleitarse con un mágico danzar casi irreal. Unos seres misteriosos que alumbraban en la oscuridad aparecieron en el lago donde habitaban libélulas, víboras y nadaba algún hipopótamo.

El pelícano deslumbrado por ese baile luminoso cada atardecer se acercaba al lago a presenciar el espectáculo. Eran las luciérnagas. Insólitas luciérnagas que con su magia dieron una razón de ser a su vida.

Pilar Sánchez 
Grupo B


Querida doña Cándida Tórrida:

Espero verla próximamente en mi ático para una cena romántica.

Cenaremos ensalada de rúcula tomate y rábanos; de segundo solomillo de cerdo ibérico y de postre plátano.

Podemos contemplar juntos el crepúsculo y puedo acercarla al Sol como Ícaro gracias a la habilidad de los dédados de mis mánulas.

Espero no me tome por un sádico, pues sigo siendo un romántico que al pensar en vos se vuelve esquizofrénico.

Mándeme respuesta, y si es tan cálida como espero, terminaré pintándole un cuadro al óleo.

Suyo afectísimo: Álvaro Dédalo.

* * *

Respuesta inmediata: exploraremos los lugares más recónditos entre pliegues y apéndices, llegaré al epidídimo y juntos hallaremos el éxtasis.

Muy suya: Cándida Tórrida.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Onírica paz

Preciosas libélulas
descansan simpáticas,
se posan fantásticas
con alas monásticas
en mágicos pétalos
de flores sarcásticas.
En gélida tarde,
de místico olor,
melódicos sueños
de angélica voz
son mi único aliento
de intrépido amor.
Álamos perennes,
llenos de frescor,
lunáticos viven
con verde pasión .

Sofía Montero García
Grupo B


Rap simpsónico

Eres mi sólico
eres mi lúnica
brilla tu cálvica
como ningúnica.

No me pregúntiques
por qué te quiérico…
no tienes, caríñico
de tonto un pélico.

Eres lucérico
eres estréllica
si no es conmíguico
estás con éllica.

No me pregúntiques
"constelaciónico"
y mira la télica
desde el sillónico.

Amas las pápicas
y la cervécica
tronco y cabécica
en tí una piécica.

No me pregúntiques
que si te quiérico
porque te mírico
y no lo créico.

Eres Homérico
tú en calcetínicos
igual de séxico
que unos maitínicos.

No me pregúntiques
que en cuanto al gólico
no eres Cristiánico
con el balónico.

Suena en la nóchica
tu respirárquica
como una mótica
al arrancárica.

Y me pregúnticas
¡todos los díicas!
-"Si no estuviérica,
a quién querríicas"?

A simple vística
digo al "Yors Cloónico"
aunque hoy prefiérica
Brad Pit...tagórico.

Pido discúlpicas
a los lectóricos
pues como díjico
un tal Javiérico
sería mísero,
sórdido y tétrico
someter éstico
al sistema métrico.

(Que no es baládico
para esta artística
escribir vérsicos
con esta rí-t-mica)

Mercedes González
Grupo A


Querida Doña Dórriga Dárriga Dírriga

Como paleontólogo soy un nómada en un continuo éxodo en búsqueda de fósiles de épocas pretéritas. Ahora no estoy ni en África, ni en América o el Cáucaso. Estoy en Nápoles, en la Península Itálica, cerca del Mediterráneo.

El último miércoles encontramos restos de un dinosaurio en un suelo rústico y silíceo. Es una especie única, bípeda, ovípara y carnívora que con sus magníficas mandíbulas devoraba herbívoros cuadrúpedos del tamaño de un bóvido. Vivió durante los períodos Triásico, Jurásico y Cretácico.

Pese al éxito estoy incómodo. Aparte de la problemática burocrática y económica está mi jefe, un escuálido catedrático británico. Es biólogo y geólogo pero tiene ínfimos conocimientos técnicos y teóricos. De matemáticas, no conoce ni los números árabes. No usa un método sólido. En la práctica es un auténtico energúmeno antipático y dogmático que, como en un espectáculo esperpéntico, da órdenes estúpidas y nos trata como súbditos. Este pájaro, pese a su comportamiento público ilícito, díscolo e incívico, está bien considerado en los círculos académicos. Se ha hecho íntimo de Lázaro, nuestro químico búlgaro, que es un científico de élite, modélico, dinámico y simpático.

Quiero ser diplomático y no dar más énfasis a mi legítima y polémica filípica.

El próximo sábado me iré de viaje turístico a las repúblicas bálticas.

Un saludo,

Álvaro

Óscar Fernández
Grupo B


Inventárico o la rueca de Penélope 

Como siempre fué Doña cafetera la que organizó todo.Ella siempre tan resabidilla. ¡Se acabó lo de jugar al veo veo. Que si era un juego de niños, que si patatín, que si patatán.¡Por Dios que estupidez! Desde luego no se como se puede ser tan prepotente. 

Bueno, el caso es que organizó una obra de teatro. Ella, como no podía ser menos, repartiría los papeles y seria también la directora. Pero eso si todos los nombres serian palabras esdrújulas y además inventadas.De hecho la obra se iba a llamar la rueca de Penélope, pero como Penélope era un nombre verdadero decidió titularla inventárico. Lo de la rueca de Penélope tenia que ver con alguna canción de un tal Joaquín Sabina. 

Al parecer el tema de las esdrújulas era una tarea del laboratorio de escritura al que acudía todos los lunes por la tarde.¡Pero que laboratorio ni laboratorio¡, si ella nunca se movía del sitio, siempre tan repantingada sobre la placa vitrocerámica. 

Bueno pues a lo que iba, que me subo a los laureles. Llegó el momento del reparto de papeles. La señorita cuchara seria la princesa Pársimone. Don tenedor el príncipe Córnide y don cuchillo llevaría el nombre de Fástulo y seria el amante de la princesa. El cazo y la sartén tenían por nombre Persébulo y Bersémide, reyes y padres de Parsímone. A doña olla le tocó el papel de reina madre, de nombre Dicástula y las cucharillas de postre, damas de honor, se llamarían Dersémine, Párfide y Rómila. 

Y digo yo, no hubiera sido mejor una comedia de médicos, que siempre queda muy bien… El dermatólogo que se lia con la ginecóloga que a su vez es la mujer del oncólogo, el cual es amante de la psicóloga…vamos, un enredo de los de toda la vida. 

El caso y ello es que cuando llegó mi turno en el reparto de personajes sonó la puerta de la entrada. Era el señor que llegaba del trabajo. Todos nos quedamos quietos esperando que subiera al piso de arriba como todos los días, mas cual no seria nuestra sorpresa cuando oímos sus pasos dirigiéndose hacia la cocina. ¡silencio¡ ¡todos callados¡ que ya esta aquí. 

Entro cargado con una caja que dejó encima de la mesa. La abrió y saco de ella un extraño artefacto que colocó al final de la encimera.Cogió a doña cafetera, la metió en la caja y la depositó en el suelo. Entonces pude ver las enormes letras negras sobre un fondo de color amarillo chillón: CAFETERA EXPRÉS VARSOMIDA, su mejor café en cómodas cápsulas.

Poli Rubia Navarro
Grupo A


Una tarde ética, perlética, pelapelambrética

Queridísima Doña Dárriga Dórrira Dírriga:

Sí, queridísima, en esdrújula, con este énfasis. Desde lo más recóndito de mi ánima quiero decirte que ha sido un bálsamo haberme encontrado contigo, no daba crédito a lo que veía y oía, sonaba a música de órgano, la emoción me ha arrancado una lágrima y, ¡tantos recuerdos!, lánguidas, gélidas, tórridas, cálidas y plácidas tardes en mi fantástica Ávila, recordándolas voy a tener una pequeña plática contigo.

En el séptimo año de mi vida, cuando aprendía trabalenguas, leía fábulas, recorría mundos mágicos y fantásticos donde escuchaba cánticos de pájaros exóticos, soñaba sus colores, desde el púrpura al ópalo, al pálido rosáceo, todo un espectáculo, donde las náyades jugaban con nenúfares, cuando entraba en lúgubres, tétricas y recónditas cuevas y allí me asustaba con el vuelo de murciélagos o encontraba ánforas llenas de tesoros, las libélulas revoloteaban, las luciérnagas ponían su puntito de luz en la noche, en aquella época te conocí, ¡cuántas preguntas y sentimientos despertabas en mí!, tu nombre por una parte me parecía ridículo, por otra simpático, luego estaba lo de tus guantes, “que le vienen grandes”, ¿un equívoco o te querían hacer rabiar? Entonces yo te decía: <>. Y muy romántica también te decía: <>, todo muy poético y fantástico. Sonríete Doña Dárriga, ya ves qué fácil es soñar en el séptimo año, ¡pero más bonito es hacerlo en la septuagésima década!

Esta no va a ser la única carta, sé que vas a recibir muchísimas, te dejo para que de forma plácida las leas y pases una tarde ética, perlética, pelapelambrética como la he pasado yo.

Recibe un fortísimo y cariñosísimo ósculo.

Inés Izquierdo
Grupo A


La esdrújula 


Es la esdrújula brújula balsámica
de monótono código ortográfico
Es término sin vértigo gráfico
de aritmética modélica y rítmica

Es la esdrújula libélula alquímica
de intrépido vértice caligráfico
Es pálpito de melódico tráfico
Semáforo de médula académica

Es probóscide Cyránica y lúdica
que con pictórico júbilo lírico
teje fósforos de estética lúcida

Hay sándalos de versículo onírico
Báculos métricos de voz selúcida
Su cálido ánimo esdrújulo es pírico

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Un viaje kilométrico


Salíamos del sótano un miércoles a primera hora, los relámpagos nos anunciaban un cambio meteorológico con el que no contábamos. Viajábamos hacia Málaga, el Mediterráneo , las ofertas museísticas de arte contemporáneo y su festival cinematográfico eran nuestro reclamo.

Nos esperaba un viaje kilométrico, con paradas en Cáceres, Mérida y Córdoba, ciudades históricas. Nada más alcanzar la calle, un lunático, quizás alcohólico, terminó saltándose el semáforo, golpeándonos una lámpara, que durante el viaje terminó fundiéndose. Primer obstáculo.

Llenamos el depósito de gasóleo, el datáfono sin línea telefónica no pudo leer el plástico de crédito, menos mal que teníamos dinero en metálico. Poco tráfico, algún vehículo pesado al cruzar el embalse de Alcántara.

El estómago es un órgano que rápido avisa. Paramos, salimos del habitáculo, comiéndonos un buen plato de ibéricos en una venta artística. Ojeamos el periódico: la política catastrófica, la Púnica, lo económico con la misma canción, Trump polémica tras polémica, el consabido artículo 155, el Madrid entrenándose, esperando a su máximo rival, el horóscopo anunciándonos un viaje romántico.

Vuelta al automóvil, después de aflojar la próstata. Pequeño derrape de neumáticos ante una curva estratosférica, pisando mínimamente el acelerador, provocando un poco de vértigo esférico que terminó esfumándose.

Enorme la península Ibérica, que se comprueba al cruzar esta comunidad autónoma, de terrenos fértiles, con zonas vinícolas, hortofrutícolas, cerealísticas, con muchos cerdos ibéricos y pueblos blanquísimos.

Cruzamos las Béticas para llegar a tierras cordobesas, con abundantísimos recuerdos árabes, con riqueza artística, con su máximo esplendor en la etapa califal, siglos prósperos, pero también bélicos. Fábricas de aceite, de cítricos, de cerámica, en los márgenes de la carretera, riqueza económica de Andalucía, sin olvidar los ingresos turísticos. Cortijos de aristócratas, de políticos corruptos, de futbolistas galácticos. Pocos trabajadores autónomos, planteándose una situación problemática, incómoda, que necesita una búsqueda lógica para dar oxígeno a los jornaleros.

Había subido el termómetro, vimos a lo lejos, cúmulos negros anunciándonos próxima tormenta. Llovió a cántaros cuando enfilábamos el último tramo del larguísimo viaje. Con luz eléctrica recorreríamos los últimos kilómetros, pues la noche se fue anticipando y la llegada retardándose. Murciélagos sorteando los árboles nos reciben en la larguísima avenida de Benalmádena, donde estaba el hotel Cómpeta, casi a las puertas de África. Un viaje de película.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Esdrújulas

Fue una noche algo caótica, que terminó siendo gran velada para recordar.Despues de visitar la exposición de cerámica, con piezas únicas, ánforas, cántaros, y objetos variados y diferentes, todos de época prehispánica.
Sonidos de cítaras nos .trasportaba a otro tiempo.
Un huérfano nos invitó a visitar un tétrico lugar, algo siniestro
Unos murciélagos,aparecen y sobrevuelan nuestras cabezas.

Asustados salimos, y los pájaros, que habían devorado pipas, ahora picotean las cáscaras,que cubren el pavimento.lo mejor de la noche quédate a la espera y te lo contaré en próximo relato.

Pepa Agustín González
Grupo B


Es burdo el rumor

Son rumores que me dejan paranóico,
Me dicen que me llamas homoerótico,
Torpe, falaz, estrábico y daltónico,
Que apesta mi hálito faraónico.

Mal amante, procrastinador abúlico,
Maléfico, histérico alcohólico,
Honorífico huésped frenopático,
Alienígena engendro patológico.

Hablas de mi ronquido catastrófico,
Y denuncias mi falo microscópico,
Que es donde me planto, catatónico.

De la media no bajo ni un parámetro
-Tus amigas probaron el orgásmetro-
Cuenta catorce y suma algún centímetro.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Muy estimadisima Doña Dórriga Dárriga Dírriga
Estando tristísimo por su fábula clínica remítome a su problemática, para sintiéndome con ínfulas de catedrático, proporcionar un diagnóstico categórico pero práctico, que sea benéfico para su raquítico hígado.

Impertérrito, remítole unos códigos

Diagnóstico: Hígado caótico con levísima área cirrótica

Tratamiento: Contrólese con análisis en los períodos tórrido, cálido y gélido, obteniéndose una rémora en la patología. Si obstáculos neurológicos gravísimos, trasplántese el hígado.

Suyo afectísimo

Rómulo Próculo
Médico caquéctico

Alfredo Domínguez
Grupo B


Típica semana fantástica

Terrorífico lunes,
martes soporífero.
Miércoles de película,
jueves económico.
Viernes etílico,
sábado de náuseas.
Y como término..
Plácido domingo.

Enrique Rodríguez González
Grupo A


Viaje en helicóptero

La vista desde el helicóptero era fantástica, todo un espectáculo, montañas y valles repletos de vida.
“Mira en aquel campo de productos orgánicos” - me decía mi acompañante - era un espantapájaro esquelético vestido de rojo moviéndose de forma histriónica debido al viento.
¡ Allí, allí ! un rincón ecléctico donde convivían armónicamente varios estilos de arquitectura, dentro de un jardín botánico. Aquello era único, ¿sería una réplica del cielo?...
El movimiento me acunaba, pletórica y emocionada me sentí parte de él.
Fué un día mágico.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Fin de relación

-Hola.
-Estoy atónita.
-¿Por qué?.
-Por el mensaje que que me has dejado, tan drástico.
-Sabía que te ibas a poner así.Siempre has sido un poco pánfila.
-Y para mí, siempre has sido un maniático.
-Bien, lo sabes, hemos roto.
Ahora, no te pongas maniática que te conozco.
-¿Maniática?, ja. A tí lo que te gustaría es que me pusiera chiripiflaútica.
-Oye, no te pongas estúpida que acabas como una neurótica.
-No aguanto a hombres con el ánimo de un parásito.
-Vale. A la próxima, te cuelgo.
-¡¡Falso filántropo, con fondo tiránico.!!.
-¡¡Ojalá te partan el cráneo!!.
-Y a tí, que te entre un cólico. Nefrítico, a ser posible.

Ricardo Paternina
Grupo A


Esdrujulario histriónico

Ilustrísima Sra. doña Dórriga Dárriga Dírriga:

Me dirijo a su carismática persona con la ética más púdica que asiste al caso. Pongo en su crítico conocimiento, que su perro Sátrapa, cuya índole lleva implícita en el nombre, hace la corte a mi gato Flátiron. Y lo más trágico, es que el pícaro felino se muestra empático con su romántico galanteo. Encontrará esta situación diabólica y ya la veo ojiplática y espasmódica pero, repito, este es el caso.

En cuanto a mí, que soy asmático, me invade el pánico y esto no es óptimo, más bien traumático. No me convienen sustos dramáticos. Considerando que soy un clásico, un punto ególatra y algo flemático, voy a ser práctico y un tanto elástico en concederles mi beneplácito. Que un perro Dóberman y un gato Exótico, género machos y anisexuales, quieran amarse es un asunto que no es del mundo. Para juzgarlos un Salomón. Ruego a su lógica sea magnánima, drástica y lúcida y les conceda su bendición. Y en una cita con buen ibérico y algo de etílico celebraremos tan paradójica unión. ¡Ah, doña Dórriga! Invito yo.

Pepita Sánchez
Grupo B


Úrsula

Simbólica sentidísima,

contestándole a su prórroga desde Kórkula le desearíamos telepáticamente el ánimo más esdrújulo.

La terapéutica alopática, etimológicamente polifacética y armónica, es un cómputo de fármacos en un amplísimo catálogo en cuyos orígenes hallábamos a los antifúngicos azólicos, el oxígeno flebotónico y el anhídrido carbónico ignífugo que pienso que puede resultar idóneo para este síndrome lúpico siempre que el célibe con el capítulo bíblico no resuelva lo onírico en régimen de cómplice.

Perdónenos, por súbditos, si le sugiriéramos los fósiles mitológicos atrapados en las Miríades y Pléyades arqueológicas por que en un período olímpico fueron gérmenes microscópicos y exploraríamos así la técnica inmunológica.

En último término, pasándonos a otra temática, no es válida la hipótesis físico-química sobre el cálculo de la casuística de la pérdida del núcleo metálico y el átomo ingrávido; plácidamente cambiaríamos el método matemático por el psicológico.

Admítanos esta réplica y considérela como un polisilábico benévolo

Sus Amandísimos

Antonia Oliva
Grupo B


El último párroco

Le llamaban D. Régulo, y decía que era católico, apostólico y románico, esto último porque descendía de los romanos. En la misa de los sábados, con los ateos y los islámicos desde el púlpito no era nada simpático, más bien polémico, fanático, ególatra, hipócrita, patético, y nada político, y como buen teólogo que lo era, hacía énfasis en sus preceptos y se volvía histérico, provocando escándalo y pánico en los creyentes.

¡Vaya pájaro D. Régulo!

Luis Iglesias
Grupo B

La guerra en miniatura

La sesión del lunes, 6 de noviembre, la dedicamos al haiku, un juguete poético que nos gusta especialmente en el taller de escritura creativa porque nos enseña a trabajar con los sentidos y a despojarnos de la subjetividad que nos rodea.

Pero no hablamos del haiku vinculado al hecho natural, como es costumbre, sino a la guerra. Y para ello trabajamos con varios libros como Cien visiones de guerra de Julien Vocance, o Haikús en temps de guerre de Miquel Martí i Pol. Pero el manual de referencia para la sesión fue Haikus de guerra de Elena Gallego y Seiko Ota.




En la contraportada del libro nos encontramos con la siguiente información:

En el año 2015 se conmemoró el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Apenas quedan ya testigos directos que puedan transmitirnos su experiencia, pero sí contamos con muchos testimonios escritos. El haiku, por extraño que pueda parecer, es uno de ellos y en esta antología nos hemos planteado acercar el tema de la guerra a los lectores y reflexionar sobre él a través de los haikus y los haijines (poetas de haiku) protagonistas directos del conflicto.
En Japón los haikus que respondían el tema de la guerra empezaron a componerse en mayor cantidad tras el Incidente de Manchuria (1931) pero ya antes los había escrito el gran haijin Masaoka Shiki (en la primera guerra con China en 1894-95), y en las guerras del siglo XX lo hicieron Hasegawa Sosei, Katayama Tooshi, Tomizawa Kakio y Saitoo Sanki. Entre los haikus de guerra pueden encontrarse algunos de carácter militarista, pero predominan los escritos por quienes la sufrieron y manifiestan en ellos su repulsa o su dolor.
La poesía, y en este caso el haiku, es una herramienta de los poetas para expresar, a través de la naturaleza o a veces prescindiendo de ella, sus sentimientos de desgarro, desamparo y terror ante la inmediatez de un bombardeo o las desastrosas y escalofriantes consecuencias de la guerra.

Transcribimos aquí algunos de los haikus del libro:

Al soldado manco
que come fideos,
¡nadie lo mire!

Kasahara Kunio

Escarcha blanca
en cadáveres enemigos
amontonados.

Kimura Syuusei

Cargada va
la camilla, los galones
del abrigo, son de capitán.

Hasegawa Sosei

Balas perdidas.
Olor a medicinas
en el campo seco

Katayana Toosi

Larga la oscuridad,
laraga la oscuridad, la sangre
en la tierra helada.

Katayama Toosi

Fría, la tarde,
tu camilla, ¡cataclán!
a tierra.

Katayama Toosi

El enemigo dormido,
yo dormido,
en la tierra en guerra, la luna

Katayama Toosi

Murió en la guerra,
los treinta y dos
dientes tenía.

Fujiki Kiyoko

Miembro amputado
en la tierra de su lugar
se volverá. Otoño.

Taneda Santooka

En la nieve
como a una bestia
lo matamos.

Hasegawa Sosei

En el rico campo
de algodón, ahora
la guerra.

Hasegawa Sosei

Bajo la estela
de la bala, escondido,
nido de pájaros

Kuriu Sumio

Batalla ganada,
entre tanto silencio
está nevando.

Maeda Fura

Bajo el ocaso va,
bajo el ocaso va
el rojísimo escuadrón

Tomizawa Kakio



Propuesta de escritura

Escribe una serie de siete haikus sobre la guerra. Procura trabajar con los cinco sentidos (¿cómo es el tacto de la sangre espesa? ¿a qué huele el miedo? ¿qué colores dominan en un enfrentamiento armado? ¿A qué sabe la una bala? ¿Qué se escucha en la noche?


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Haikus de guerra

Noches de sangre,
balas en el asfalto,
olor a muerte.

Niños perdidos
pisan cadáveres,
gritan de miedo.

Gente corriendo,
metralletas potentes,
refugios llenos.

Calle de luto,
flores en el asfalto,
velas de muerto.

Casas caídas,
rotas por el estruendo,
ojos de duelo.

Ventanas frías,
cristales en el suelo,
puertas al aire.

Calles sin luz,
comercios muy cerrados,
hombres huyendo..

Sofía Montero García
Grupo B


Haikus de guerra

Saliste pronto
son las diez de la noche
aun te recuerdo

Miro tu cara
mas olvidé tu boca
se ha perdido

Rojo el sudor
ceniza en el cielo
todo fue suelo

Solo la muerte
mi corazón espera
solo la muerte

Oigo la nieve
se acercan soldados
mi cuerpo sangra

Si cae la niebla
vete, busca tu casa
muere, descansa

Nuevas heridas
debajo de mi cama
duerme mi alma

Poli Rubia Navarro
Grupo A


Gloria a los héroes

Llega el cartero.
Palidece la madre
en la cocina.

El tren se acerca.
Jóvenes en el andén
lloran cantando

Olor a pólvora.
Arrasado está el campo.
Cuerpos sin vida

Un dedo aprieta
La muerte en el fusil,
contra un extraño.

Sangre en el suelo.
En la mano una foto.
Llanto en los ojos.

Llama el cartero
Se desmaya la madre
Junto a la puerta.

Sobre la tumba
Una cruz y tres rosas.
Gloria a los héroes.

Evaristo Hernández
Grupo B


Haikus de guerra

Francotirador
disparando sin cesar,
no había nadie.

Se firma la paz,
todos para su casa,
hasta los muertos.

Huele a pólvora
muertos en la carreteras
esto no acaba.

Niños llorando,
edificios destruidos,
pasan los tanques.

No podía dormir,
me tapaba la cara,
fuera la guerra.

Luis Iglesias
Grupo B


Odio sin freno
posturas enfrentadas
carne de guerra.

Se masca el miedo
muchas bombas explotan
silencio roto.

Gotas de sangre
caen de la alambrada
muertos tendidos.

Noches sin sueño
trincheras embarradas
amaneceres.

Bala perdida
un dueño encontró,
amigo muerto.

Carne quemada
parrillas infinitas
hambre feroz.

Fusiles, balas
coladores humanos,
abajo el cierre.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Caída de una ciudad

Suenan alarmas,
aviones en el cielo,
caos en tierra.

Se muere de hambre,
la ciudad asediada,
se muere de hambre.

Escondido entre
los ásperos escombros
mira un tirador.

Olor a sangre,
sabor a vino malo,
victoria triste.

Entran soldados
en casa de un contable:
buscan a su hija.

Cavan sus fosas,
los soldados vencidos,
en la tierra gris.

Filas de presos
delante de la tapia
esperan su hora.

Óscar Fernández
Grupo B


Referencias de una guerra

Entristecida
en el umbral de casa
queda mi madre.

Con uniforme
camino hacia el tren
me siento en él.

Llega la noche
ni siquiera los grillos
se dejan oír.

En las trincheras
huele a podrido
tengo nauseas.

Balas silbando
cadáveres que flotan
agua helada.

Calienta el sol
es la hora del rancho
comida fría.

Vuelvo a casa
abrazo a mi madre
brillan sus ojos.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Bombardeo

La tarde en calma.
Saltando alegremente,
un niño ríe.

Vuelan aviones
veo caer las bombas
el sol se pone.

Un gran estruendo y
desaparece el cielo.
La casa cae.

Sangre, escombros,
un muñeco entre ruinas...
Ulula el viento.

Cae la noche.
Desesperadamente,
busca una madre.

Bajo la luna,
un grito desgarrado
y un niño muerto.

Llora en silencio
una mujer vencida.
Está nevando.

Mercedes González
Grupo A


Otros haikus de guerra

Experto en tiro.
En su pupila el cielo
un hombre en su cruz.

Un hombre cae
en tierra de amapolas.
Nadie lo ve.

Espigas verdes
y una flor carmesí
de un pecho brota.

Alguien dibuja
sobre la blanca nieve
lunares rojos.

Desasosiego.
Negras botas se acercan,
rápido el paso.

Espeso el miedo
ante un gran surco abierto.
Fusilamiento.

Como un fantasma
en la ciudad sitiada
el hambre acecha.

Mercedes González
Grupo A


Pierdas o ganes, tú no hagas la guerra,
perdemos todos.


Manos manchadas
con sangre de inocentes
al amanecer.

Tienen cuerpos
las cunetas sombrías
en este país.

La guerra civil
lucha entre hermanos
¡uffff! perdón perdón.

Mentes enfermas
por el horror vivido
sus sueños rotos.

Pisó la bomba
y se quedó sin pierna
el niño llora.

El voluntario
ayudando a la madre
a superarlo.

Flores en armas
júbilo en las gentes
paz merecida.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Cae la escarcha
sobre los milicianos,
no duerme nadie.

Llueven los panes
sobre niños hambrientos
miran al cielo.

Noche cerrada
la trinchera enemiga
brilla un cigarro.

Surcan el cielo
bombarderos de muerte
siembran terror.

Baja la loma
donde encuentra la muerte
un miliciano.

Silban las balas
retumban los cañones
crujen los huesos.

Se oyen sirenas
se amontonan vecinos
en el refugio.

Beatriz Gorjón Martín
Grupo A


Seis haikus sobre la guerra

Gente que corre
Resonar de sirenas
Niño que llora

Una trinchera
Un ruido atronador
La luna llena

Una trinchera
Un ruido atronador
La luna mira

Tanques de guerra
Destrozando la mies
Un ave vuela

Muchas personas
Vestidas de soldados
Fusil izado

Sangre en el lodo
El horizonte rojo
Hombre caído.

Muchos soldados
Armados con fusiles
Sol de verano.

Ramón Sánchez Rodríguez
Grupo B


Haikus a mi guerra

Pájaros cantan,
los fusiles sin balas,
cantan a la paz.

Ya no hay uranio,
los campos están verdes,
vuelan palomas.

Luna redonda,
tanques llenos de flores,
niños jugando.

Allí no hay sangre
son rojas amapolas,
el rio limpio.

Del cielo azul,
llegan miles de globos,
brazos en alto

Llegan aviones,
la guerra ha terminado,
llueven confetis.

Los hombres vuelven,
ni tanques ni pistolas,
manos orando

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


Guerras sin hombres
Se desatan a diario
¡Mentes insanas!

David Vélez Gómez
Grupo A


Mañana tibia
Llega el cartero
Carta certificada

Siento
Gran escalofrío.
Y miedo

Me incorporan
En Siria
Necesitan refuerzos

Llegar.Ese horror
Me anula
Todos mis sentidos

Quiero huir.
Miedo en niños.
Mujeres

Sangre y ruinas
Sed, calor.
Hambre.y fuego

Pepa Agustín González
Grupo B


Guerra y vida

Ambos comiendo.
La guerra ha comenzado.
Se enfría el plato

Pertrechado ya.
Junto a la puerta abierta
la madre llora.

Jóvenes serios.
Uniforme y fusil.
Todos idénticos.

Hombres matando,
edificios que caen.
Sale en la tele.

Noche y silencio.
Algunos cerca duermen.
El fusil listo.

¿Y ahora la paz?
Con miembros incompletos
vuelve a la madre.

Joven se fue,
apenas diecinueve
que no volvieron.

Manuela Sánchez
Grupo B


Una guerrera
traspasada se rinde
a la muerte ¡Fin!

Solo hay silencio
ahumado de pólvora
en la rendición.

Viles granadas
escupiendo metralla
han roto la paz.

Calles desiertas
que calcinan al paso
los bombarderos.

Voz que va al mando
lanza a la tropa al grito
¡A la carga! ¡Bam!

Vuelve la calma
tras la batalla cruenta.
¡He sido padre!

Cantos hebreos.
Pétalos de ceniza.
La araña negra.

Pepita Sánchez
Grupo B


Soldado raso,
Saludando a su líder
La mano en alto.

Noches enteras
Lejos, en la montaña
Se oyen lamentos.

En el camino,
El pequeño agotado
Cae de rodillas.

En aquel árbol,
Columpio del ahorcado,
Llora su pena.

Las moscas verdes
Acuden a la sangre
Del aún no muerto.

Ciudad en ruinas
Todo devastación
Frio acero en la sien.

Caen las ayudas
Del cielo en cajas blancas,
Ya sale el sol.

Esther Yubero
Grupo A


El soldado va
arrastrando sus botas
el Sol lo quema.

Un nuevo día
el campo silencioso
lleno de muertos.

La carretera
un niño inmóvil
muerto está.

Amaneceres
el cielo sin estelas
la paz llegó.

Ricardo Paternina
Grupo A


El tren ya parte
por las vías heladas
va el miedo.

Destellos ámbar
la muerte viaja
en la nieve

Nieve roja
el soldado herido
llora solo

En el silencio
del campo de batalla
las sirenas

La cruz roja
en la noche helada
busca heridos

Cuerpos rotos
la tierra nevada
enrojecida

La enfermera
abriga al soldado
el sonríe

África Gómez
Grupo A


Fragmentos

La anciana mira
aullido de sirenas,
viene un tanque.

Noche sin luna,
un ruido de sirenas,
el gato huye.

En los escombros
de la ciudad en guerra
el sol naciente.

Puerta abierta,
toda la casa huele
a carne muerta.

Ra ta ta ta ta
Pandora abre el cofre,
Desasosiego.

En el alambre
la noche cede al alba,
odioso cuervo.

Un misil vuela.
Fingimos el coraje
en el refugio.

Puertas cerradas,
Resuenan los chillidos
ladran los perros.

Barrio en ruinas
estaba la escuela
ojos de niño.

Lucio Gómez
Grupo A


Haikus de guerra

1

Luces del alba
Ruido de bayonetas
En la trinchera.

2

El objetivo
En el punto de mira
Grandes ojeras.

3

Brazos abiertos
El cadáver se pudre
En la alambrada.

4

Primeras luces
Apaga la colilla
El condenado.

5

La carretilla
Con miembros amputados
La mano tiembla.

6

Tras la batalla
Han quedado abrazados
Paz de los muertos.

7

Mira la foto
La madre del soldado
Un telegrama.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Haikus de guerra

Oscuridad. ¡Booom!
Los miembros mutilados.
Rojo amanecer.

Huesos sin carne,
cuerpos amontonados.
Botín de dientes.

Solo me arrastro,
cadáveres y fango,
la mano tiembla.

Mocos y sangre,
miran otros soldados.
La niña grita. 

Ratas y piojos.
Sífilis con gangrena.
Dientes podridos.

Carlos Matas Gómez
Grupo A


Haikus Tristes – Tristes haikus

Hay cuatro niños,
el menor tiene sangre.
No tienen madre.

Mujeres que huyen.
Se oyen llegar aviones.
Calles vacías.

Un coche explota,
pájaros asustados.
Todo es silencio.

Hombres con armas,
-y son casi unos niños-
van calle arriba.

Fuego en la calle,
grandes gritos de dolor.
Hay algunos muertos.

La anciana cae,
hoy ya van tres o cuatro.
Muerte en silencio.

Veo una bota,
creo que está vacía.
Otras tienen pie.

Javier Portilla
Grupo A


Siete tristes haikus de guerra

Muda la escuela,
tan sólo el libro abierto
bajo el pupitre.

Noche sin tregua,
ensayan las sirenas
otras canciones.

Por negras lágrimas
cambiaron las pistolas
aquel silencio.

Sin dueño ya,
en la zanja tiradas
cientos de botas.

Y junto al tronco,
es la sangre semilla
bajo la tierra.

La hormiga roja
descubre los senderos
entre las cejas.

Una bandera.
Una bandera rota.
Una bandera.

Tina Martín Mora
Grupo B


Haikus

Madre llorando,
Mochila en el andén,
fluyen más lágrimas.

Ramo de rosas
al lado de un fusil,
la novia llega.

Llanura extensa,
disparos por doquier
pájaros caen

En la trinchera
poemas volanderos,
el frío arrecia

No se movían,
miran hacia el ocaso,
sangre por doquier

Camisa verde,
el pecho está manchado,
rosas oscuras.

Los moscardones
danzan en coro negro
rubio su pelo

Camiones pasan,
duermen todos muy juntos,
vuelven a casa

Emilia González
Grupo B


Haikus

Avanza el miedo.
La risa se detiene.
¿Quién da la vez?

Huele el silencio
el hocico de un perro
que ladra y muere.

Siembran los campos
de cuerpos mutilados.
Crece el dolor.

Llueve dolor
sobre la nieve roja.
La noche calla.

Más de mil tanques
destruyendo esperanzas
disparan odio

Irrumpe el alba
llena de miedos crueles.
¿Cuándo la noche?

Miles de estrellas
nos muestran la tristeza.
Los ciegos ríen.

José Manuel Romero
Grupo A


Haikus de guerra

Mesa sin pan
Combate de palomas
entre las espigas

Noche sin grillos
El Rey y la torre. Enroque
Peones muertos.

Nube de gases
entre las uvas blancas
Pueblo sin gente

Uve de patos
Un avión sobrevuela
Cielo y ceniza

Cerca del rio Ota
emerge un hongo enorme
Cerezo en llamas

Viento del norte
Cruces, Arcas y Lunas
Huye el hereje.

Serpientes finas
en el arrozal fértil
Herida abierta.

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Haikus en torno a la guerra

Beso de novia
Hacia el frente una hilera
De verde caqui

Noche sin luna
En silencio la tropa
Una bengala

La cara negra
Un disparo a la espalda
Del enemigo

Rastro de sangre
Tras el muro de piedra
Un cuerpo inerte

Cruce de balas
Agonía en el campo
Cientos de muertos

Coche oficial
En el porche la madre
Suelta el oficio

Antonia Oliva
Grupo B


Siete haikus de guerra
Tras la partida… 
albergando un retrato 
en la pechera 

Un estallido. 
Tormenta de cascotes 
suena el silencio 

Roja la tierra, 
salpicada de cuerpos, 
campo de minas. 

En la trinchera 
bajo el fuego enemigo 
un cigarrillo 

Noche en la ciudad. 
Entre sombras combate 
la resistencia 

Mar de fluidos 
hospital de campaña 
tierra de nadie 

Alineados… 
prisioneros de guerra 
un gallo canta

Concha González
Grupo A

Todo o nada

La sesión de lunes pasado la dedicamos a todo y a nada. Dicho así puede sonar extraño pero cuando tratamos de discernir con palabras ambos conceptos puede suceder todo o no suceder nada.
Después de leer y comentar brevemente el maravilloso álbum titulado ¿Nada? emulamos a su protagonista, el gatito Morro, y parte del taller le regaló de todo a la otra parte y éstos le devolvieron su nada más valiosa.

Comentamos después algunos textos como "Sobre la nada" de Ángel Crespo:


La nada: ese inmenso cajón, alacena o lago del que Dios ha exiliado a todas las cosas; bosque en el que se escucha el balido de todos los pájaros habidos y por no haber.
Desgraciado de aquel que no tiene su nada, habrá de conformarse con lo que le den los demás, sacando de sus bolsillos o de sus terribles armarios; vivirá  como nuncio, como vicario, como ministro, pero jamás con soberanía, porque no tendrá nada.
La mía es el recuerdo, las escamas de los pescados que platean en los mares de medianoche –y del mediodía en que el sol nada–; la nada por crear.
O bien el largo olor a vida de la nada.

Y propusimos como tarea imitar el juego que el poeta José Hierro hizo con las palabras "todo" y "nada" en su soneto "Vida":

Después de todo, todo ha sido nada, 
a pesar de que un día lo fue todo. 
Después de nada, o después de todo 
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!». 
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!». 
Ahora sé que la nada lo era todo, 
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada. 
(Era ilusión lo que creía todo 
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada 
si más nada será, después de todo, 
después de tanto todo para nada.


Vimos algunas versiones de dicho soneto publicadas en el libro homenaje Todo y nada (Cuadernos del Episcopio, Aula de Poesía José Hierro) como el soneto firmado por Carlos Aganzo con el título "Todo o nada":



Quiso del ansia preso tomar todo,
beberse el mundo y no dejarse nada,
mas no logró saber apenas nada
más que dudar de todos y de todo.

Quiso jugarse el todo por el todo
y al final su ganancia no era nada
pues el que suma nada sobre nada
en su locura va perdiendo todo.

Quiso mirar y comprenderlo todo,
y más miraba más veía nada.
¿Cómo saber que al fin nada era todo?

Acabó así perdiéndose en la nada,
paso a paso lo fue entendiendo todo;
lo tuvo todo al fin, y tuvo nada.


O el soneto de Jorge Arco:

Ser cuanto somos y saber que todo
lo que Dios no consienta será nada.
Ser cuanto somos y saber que nada
habrá tras el dolor y el frío. Todo

será tan solo de un color. Pues todo
tendrá una luz tan blanca que ya nada
ni nadie dictarán su olvido: nada
que no sea el ciprés que enluta todo.

¿Pero dónde termina aquella nada,
pero dónde comienza el fugaz todo
que finge vida y que se llama nada?

Los años serán sombra; y cuando todo
se haga cristal, aliento roto, nada,
galopará la muerte sobre todo.


Propuesta de escritura

Escribe un texto, en verso o en prosa, en el que aparezcan las palabras “todo” y “nada” cinco veces. Procura que el texto sea legible. Toma como ejemplo los trabajos de la ficha.



Y aquí están las tareas presentadas hasta ahora:


¿Nada o todo?

Día de todos Los Santos, día de difuntos, un cementerio, flores, flores multicolores, dalias, crisantemos, claveles, margaritas, brillantes cruces, cipreses esbeltos y majestuosos bordean las calles, silencio, un silencio espeso lleno de murmullos, y junto a las lápidas, familias y amigos.

¿NADA?, ¿nada de nada? No. Para aquellas gentes que pulieron las cruces, que llevaron flores, que susurraron palabras, en aquel cementerio está TODO, están todas las ilusiones y todos los sueños que se fueron con ellos y, allí, tocando su lápida todo eso se revive, todo con mucha nostalgia y, sienten que no es cierto, para ellos no existe la nada, la nada es olvido.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


Escribo, no se me ocurre nada
me paso todo el día pensando
recorro Salamanca caminando
brotan los pensamientos en cascada.

Busco el cobijo de mi morada
me veo nuevamente estudiando
todos los textos me están mirando
nada se refleja en mi mirada.

Todo en la vida es provechoso
nada deberíamos dar por perdido
tiene esperanza el andrajoso

todo se iguala en el olvido
nada es realmente tan hermoso
nada como sentirse muy querido.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


O todo o nada

Nico siempre me pareció un maldito borracho. Llegaba a casa de Alex, se quitaba el abrigo, bebía de todo y decía una chorrada tras otra. Era un hombre peligroso en el juego. Parecía que no tenía nada que perder pero todo por ganar. Era realmente el rival a batir en las veladas que hacíamos los viernes y los sábados hasta las cuatro o cinco de la madrugada. Jugábamos a las cartas, apostábamos sumas nada desdeñables de dinero, bebíamos y fumábamos. Fumábamos hasta que todo se llenaba de humo y nos lloraban los ojos. También hablábamos de vez en cuando de fútbol y de boxeo.
Nico solía empezar la partida haciendo jugadas aparentemente estúpidas. Sin embargo, no dejaba nada al azar. En cualquier momento soltaba su frase célebre: “O todo o nada”, señal de que nos iba a desplumar sin piedad.
Con él nunca ganábamos nada. Él siempre se llevaba todo. Así que un día Alex dejó de invitarle. A partir de ahí las partidas fueron más equilibradas y mis pérdidas menores.

Oscar Fernández
Grupo B


Todo y nada

Todo estaba tranquilo, nada perturbada el ambiente de la estancia. ¿ Entonces por qué temblaba como una adolescente en su primera cita ?. Lo había deseado tanto...
Nada es casual y todo tiene su tiempo y este había llegado. Nada podía salir mal, todo el universo se había confabulado a su favor.
Nada de experiencias incompletas - se decía - que participe todo el cuerpo, mente y emociones- se lo merecían- por lo menos en ese momento de sus existencias.
Nada y todo se fundirían para inventar una nueva palabra " natodado" porque, por un instante y de forma rotunda, pasarían a ser uno solo.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Entre todo y nada vagan mis sueños

Si antes del todo, todo fue la nada
si todo fue nada y llegó a ser todo
entiende mi alma que entre todo y nada
nada sana el tiempo y lo cura todo.
Entre nada y todo y entre todo y nada,
vestida la nada y desnudo el todo
por el mar del mundo vagan mis sueños
¡siempre tan grandes siendo tan pequeños!

Mercedes González
Grupo A


Sonó la música

Todo el silencio del mundo
se oía cuando era nada
la música silenciada
compuesta en lo más profundo.
Nada era en el segundo
en el que todo sonó
y todo lo que emanó
estallando de aquel modo
no fue nada sino todo
quizá fue Dios que entonó.

Mercedes González
Grupo A


Todo y nada en mi recuerdo

Pensamiento, que surge de la nada,
se forma en el presente como un todo,
revive en el silencio, sobre todo,
para olvidar el mundo de la nada.

Viva en la realidad, no encuentro nada,
caminando en el tiempo veo todo:
amistad, ilusión y, sobre todo,
ideas que aún resurgen de la nada.

El sentir lo que vivo como un todo
olvida la mirada hacia la nada
que muere cuando todo es siempre un todo.

El tiempo hace posible que la nada
se acerque a adivinar lo que es un todo,
perdiendo la ilusión de ser ya nada.


Sofía Montero García
Grupo B


De la nada

Envuelta en aquel manto azul de lodo,
la noche, la muerte blanca, la Nada
cabalga río abajo. Va embozada
y destruye la vida, el alma, todo.

Si no has cambiado nada tu mirada,
si no has roto aun con tu mundo todo,
si no has visto quién iba por el soto
si no has notado el roce de la Nada,

es que andas soñando en medio de todo,
ajeno al grito implorante a la Nada
que brota de los ojos de esos todos

que ven morir este mundo sin hadas,
duendes, ni elfos que lo salven de todo
aquello que lo lleva hasta la Nada.

Javier Portilla
Grupo A


El tábano

Difícil me es buen amigo contestar a tu demanda. Es su repuesta tan simple que, al carecer de fanfarrias, y bizantinos discursos que laureen su proclama, fijo la tendrás por fatua. El tábano de una duda se ha instalado en tu morada. Mientras su sombra se agranda, el pábilo que sostiene la vida, se apaga. Frágil es la llama venturosa si el oxígeno se arruga. No comes. No descansas. No encuentras placer en nada. Ni exquisitas viandas, ni paseos a caballo, ni juegos de espada o cama. El suave plumón de tu almohada se larva.
¿Se puede -me preguntas- hacer todo por nada? Más ¿qué es todo saltamontes? ¿Ser infinito punto que nace y renace en la nada, sin más nada que su nada? ¿o ser parte de la línea que sostiene una balanza? ¿Ser trazo que cuando se traza pone todo su anhelo en ser todo con la tinta que su decir o hacer derrama? ¿O ser marca que marca el universal papiro con tintes baladís o intensos en función de la recompensa que su hacedor estime ha de recibir su causa?
Ser o no ser dirá Hamlet. Mas ser, es ser en todo. Nacer, renacer, crearse. Omitir el valido del viento que acostumbra pesar la tintura de cuanto digas o hagas. Opacos son esos platillos de paja. Ajena la flor a la inmensa belleza que regala.
Mi pequeño saltamontes, dices que un tábano anida en tu morada. Tu mecha se consume. El oxígeno se arruga. Ni comes. Ni juegas. Ni amas. Escúchame buen amigo, el infinito es frágil. Su venturosa llama se extingue cuando las hormigas pesan el canto de la cigarra.

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Contra la nada

antes de todo nunca fue la nada
nada es vacío que amenaza todo
sin principio ni fin el tiempo todo
la vida toda en cada instante nada

la palabra total que dice nada
silencio es música que suena en todo
el cero un infinito sin el todo
blanco agujero negro de la nada

hasta que tú llegaste y fuiste todo
y acabaste del todo con la nada
porque estabas conmigo antes de todo

no temer el final no temer nada
en cada beso dar la vida y todo
efímero big bang contra la nada

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


El todo es un regalo de la nada

Cada hombre ve su poco, pero la nada es una fiera que devora su todo.
La falsa rosa vacía de la nada, nos deja oler un todo de consuelo.
Es espacio del todo, luz y éter la nada de los filósofos, algún todo el espacio vuelve en nada y el todo pierde entonces su sentido si es que no ocupa toda la nada.
No hay aire, sólo vacío; todo es nada, aunque el todo con su brillo nos engañe.
Es la nada un cero inmenso y el todo es un regalo de la nada, el gran conjunto vacío se llena de falsos brillos como falsos espejos de los ojos.
Quizá no sean tan distintos al concebir la nada como un pensamiento metafórico.
No existen las palabras poderosas que definan ni el todo ni la nada, la palabra esencial, que armonice el todo con su nada, debe ser cosa de los dioses.

Emilia González
Grupo B


De tenerlo todo, a no tener nada

Apenas tenía nada cuando dio sus primeros pasos, pero en poco tiempo consiguió tenerlo casi todo. No le importó arramplar con todo lo que pudo, a la sombra del “todo vale”, dejando a más de uno en la nada.
Pero de nada le sirvió tenerlo todo. Creía saberlo todo y no sabía nada. Pasaron los años, sobre todo, hizo mella su ignorancia. Perdió un poco de todo, llegando al final de su vida sin nada de nada. Casi igual que cuando comenzó.

Antonio Castaño
Grupo A


No hay nada, se crea todo

En el lienzo no había nada, era todo vacío y blanco, el artista insertó el primer brochazo, ya había algo, al final en el lienzo vacío apareció una obra de arte capaz de arrebatar todos los sentimientos al más anodino de los seres humanos.

En el tiempo no había nada, solo silencio, el compositor puso en el silencio una semicorchea, y después una corchea entera, (que dura el doble) y luego más sonidos que dieron paso a la más bonita de las melodías, capaz de evadir a cualquiera de toda realidad.

El campesino encontró una tierra yerma y sin nada de provecho, con su trabajo limpió, regó, y sembró hortalizas que acariciaban los sentidos (vista, tacto, gusto, olfato) del más urbanita, aquellos vegetales lo tenían todo.

El poeta encontró un papel en blanco y una pluma, nada más, dudo durante un rato pero supo plasmar un soneto de amor, aquellos versos lo arrebataban todo, y conmovían los corazones de quien nunca conoció esa sensación.

Tenía hortalizas frescas, un poema intenso, una melodía maravillosa y una pintura impactante, lo tenía todo.

Todo hasta que nos vimos por primera vez. Entonces comprendí que no tenia nada. Me faltabas tú.

Esther Yubero.
Grupo A


Todo y nada, da igual

Todo el universo ¿no es ya todo el universo?
El universo que lo abarca todo
¿No está todo ya contenido en él?
Todo cuanto existe es todo lo posible
Porque todo ya es límite en que no cabe nada
Todo y nada,
¿Es la nada una caja vacía donde lo cabe todo?
¿Es todo, lo que contiene a la caja que era nada?
Y si ahora todo ocupa la nada
¿Podríamos decir: ¿no hay nada o más bien, hay todo?
Y parece que la nada que existía para dar origen al todo, desaparece,
Deja de ser nada
La nada es todo lo que puede haber y todo, es lo que no puede haber
¿Cómo puede dejar de ser algo que fue?
¿Vive aún la nada cuando la ocupa el todo?
¡Que complicado es entender la totalidad de algo que ha sido nada, que no ha sido, que no es ¿o es?
¡Ya nada! ¡da igual!

David Vélez
Grupo A


Fuimos todo y nada

Fuimos todo y nada, ahora, en esta soledad a la cual me enviaste del todo, me doy cuenta de que nada de lo que vivimos va a satisfacer todo lo que tú querías, pues nada llenará el vacío de tu ser, si realmente todo es igual, pues perdiste la sensibilidad de valorar esos pequeños detalles tan sencillos, que nada en este mundo podrá enseñarte de nuevo a querer todo lo que pudimos ser. Ya que ahora no somos nada, pero fuimos todo.

José Eduardo Cadena
Grupo A


Nada y Todo

Se imagina la nada con casi de Todo.

La nada es sutil como el contraluz de un milano,
Sin geometría, sin principio y sin fin,
Es ausencia de apenas nada,
Ni siquiera la idea transitoria de un fotón fugaz.

La nada no hilvana un plan,
De sin ocurrencia y lenta actitud
Que sí sigue pero solo hace, nada
NI siquiera aros de humo en el retiro.

La nada mundana es hambre sin frente
Pérdida sin tumba ni llanto,
Soledad sin espada ni campo de batalla,
Ni siquiera el ligero destello de la volátil esperanza.

Huyeron así los recuerdos que fueron vivencias que ocuparon El Todo. Hubo jolgorio y sangre con lluvia y santos y demonios en el carnaval.

Hoy me hundiría en el lodo del Todo después del no vivir en la nada. Si el globo del Todo está por explotar, no quiero saberlo. Me quedo en el medio.

Antonia Oliva
Grupo B


Decía mi madre

A propósito del tema sobre todo y nada, me viene a la memoria cierta frase sin sentido, pero sobre todo, para nada desechable que decía mi madre “esto es la nada en dos platos”. Hace referencia a la escasez de alimento. Y hoy cavilo, razono, me meto en la harina de la divagación que me lleva a preguntarme ¿Acaso la nada en todo su potencial se puede dividir? ¿Se puede trocear como una tarta en una boda? ¿Se puede poner en un plato y comerla con cuchara? o ¿tal vez con tenedor? ¿A qué sabrá? ¿Engordará? ¿Será un transgénico de dudosa moralidad? o ¿será ecológica y estará aconsejada por la OMS? ¿Vendrá envasada al vacío o la venderán al peso? “Por favor, me pone cuarto y mitad de nada” ¿Estará compuesta por proteínas, hidratos de carbono y vitaminas? De ser así, todo el mundo se alimentará de nada por ser Patrimonio de la Humanidad: Y atendiendo a lo que dice el filósofo y antropólogo Feuerback de que “somos lo que comemos”, todo será que no seremos nada.

Pepita Sánchez
Grupo B


Pennywise

Todo lo que deseaba lo tenía al alcance de la mano. Los juguetes de los niños. Miles y miles. Millones. De todos los niños que iba matando aquel verano en Derry de 1985. Desde el primer niño, el hermano de Bill, Georgie que para él todo era su hermano. A los que no mataba los hipnotizaba, y simplemente, desparecían. Muchas familias ni mencionaban el tema, ningún niño volvió nunca.

Los que tenían menos suerte, aparecían mutilados, la mayoría de las veces.

El resto, desaparecían. Al lado del circo, encontraron los juguetes apilados. Era el todo del payaso. Para Pennywise era todo lo que necesitaba.

Para él no significaba nada ese montón de escombros al lado de la alcantarilla. Un simple recuerdo de lo que fue Derry.

Pero, muchos niños se mudaban y eso era parte de la nada de Pennywise. No podría alimentar su miedo hacia ellos.

¿Porque no? Era lo que más deseaba, y si se iban ¿Qué hacía?

Nada más empezar el verano, Bill quería encontrar a su hermano a toda costa y junto con sus amigos del Club de los Perderdores fueron por las alcantarillas.

Pero Georgie no aparecía. Decidió trazar un mapa con las alcantarillas de Derry.

Nada era lo que parecía, y por si fuera poco, uno a uno comenzaron a tener encuentros con el payaso.

Bill estaba escribiendo un libro, nada más empezarlo dedicó las primeras páginas a su hermano fallecido a manos de Pennywise, el payaso bailarín.

Iria Costa
Grupo B


Yo no hice nada...

“La nada no existe, es sólo un todo por llegar” me dijiste cuando había perdido la esperanza.
Tú ya sabías el truco para ignorar la nada y encontrar el todo, y yo aún no me había percatado.
Yo no te contaba nada pero escuchabas todo mi silencio.
No te mostraba nada pero veías que no estaba del todo vacío.
Me hacías ver que no había nada de lo que preocuparse en lo días en que de todo me pasaba.
Tardé sí, pero al final me di cuenta de que tú me sentías todo, que no necesitaba pedir nada más.
Y lo mejor es que cuando te pregunto cómo hiciste todo eso siempre me dices:
“¿yo? yo no hice nada...”.

Enrique Rodríguez González
Grupo A


Todo y nada

En el cielo una nube ablusada, nada
en la tierra a mi modo, todo.
Noche abollada, nada
días sobretodo, todo.
Mariposa ajada, nada
cadena sin recodo, todo.
Agua afilada, nada
fuego en todo, todo.
Nacer ya adoptada, nada
morir en el lodo, todo.

Beatriz Gorjón Martín
Grupo B


Todo o Nada

Al levantarme de la cama saco una hoja de papel para escribir. En ese momento no se me ocurre nada sobre el papel, subo al trastero para ver si puedo encontrar algo para contar una buena historia sobre el papel.

Al terminar de vestirme cojo las llaves del cajón para subir al trastero. Al abrir la puerta y entrar encuentro libros antiguos. En ese momento pensé que todos estos libros se habían perdido. Al hojear uno de ellos veo que no puedo hacer nada con ese libro que acabo de coger entre mis manos.

Al ver que no puedo escribir una historia en el trastero no se me ocurre otra idea que irme hasta el Parque del Retiro, en ese momento me dispongo a coger el metro , en una parada de metro veo una frase en la que pone "todo o nada".

Al llegar al Parque del Retiro me siento en la hierba, saco un boli y escribo en el folio "todo o nada", ese será el inicio de una historia.

David Álvarez
Grupo B


Todo y Nada

Todo o Nada este es el eterno dilema.
Porque yo todo te di y tú nunca me diste nada.
Final de una bonita historia que empezó como lo hacen todas.
En el comienzo:
Todo lo que tenga te daré aunque tú no me des nada. Yo nada quiero porque me basta con tenerte a ti.
Al final:
Pero siempre te recordaré porque,
¡todo te lo entregué, todo te regalé, de todo te apropiaste y un buen día sin nada me dejaste y de mi lado te marchaste dejándome sin nada de todo y sin todo de nada!
¡Y todo terminó por nada!

Mª Nieves-C.Martín Magdalena
Grupo B


El todo y la nada. La nada y el todo

Esta tarde me han pedido que escriba sobre el todo y la nada o, no recuerdo, ¿sobre la nada y el todo?
¿Importa el orden? ¿Qué fue aquello que percibimos primero? ¿La nada? ¿El todo?
En cualquier caso, qué más da si sobre lo que me han pedido que escriba, aunque ellos no lo saben, es sobre nosotros.
¿Recuerdas qué era todo antes de que nos conociéramos? Nada.
Era la nada en tus palabras de amor que no existían. Era la nada en tus caricias suaves que no sentía. Era la nada en tus labios donde no bebía. Era la nada de tu mirada sincera, de tu sonrisa tierna que no veía. Era la nada de tus manos, de tu pelo, de tu cuello, de tus pechos, de tu cuerpo todo porque todo, entonces, era nada.
Sin embargo, después, poco a poco, aquellas palabras de amor que nos dijimos lo fueron todo, aquellas caricias suaves en nuestra piel lo fueron todo, aquellos labios en los míos cada mañana al despertar, en cada anochecer, casi a cada minuto…lo fueron todo. Y tu mirada y tus manos y tu pelo y tu cuello y tu cuerpo entero en mí…lo fueron todo.
Pasé de ser dueño de nada a ser dueño de todo.
Sin embargo, ahora que te has ido, todo se ha vuelto nada.
Qué fácil parece todo cuando lo que tenemos es nada y qué difícil es nada cuando lo perdemos todo.
De la nada al todo y del todo a la nada en un retorno constante, en un ir y venir, en un punto de partida y un punto de llegada que se encuentran, se miran, se abrazan y hasta se aman.
No eras nada antes, lo fuiste todo después y ahora que te has ido vuelves a ser nada.
Me pidieron esta tarde que hablara sobre el todo, también sobre la nada y…ya ves. Nada se me ocurre que no seas tú y en todo lo que escribo estás. Tú.
Siempre que me preguntabas sobre el amor yo no tenía respuesta. Era algo tan grande que, aunque quisiera, no podía definirlo. Me devoraba, se me escapaba algo, o mucho, o casi todo de su esencia al intentar nombrarlo. Lo sentía, sí, pero expresarlo…no.
Hoy, tal vez, haya encontrado las palabras justas, las palabras precisas, sin fisuras para nombrarlo y definirlo.
El amor es todo. El amor es nada.
Todo, cuando te tenía. Nada, cuando te perdí.
Y así podría continuar con el todo y con la nada, con la nada y con el todo más allá del infinito, pero no. No serviría de nada a pesar de todo.

Me pidieron que escribiera sobre el todo y la nada, sobre la nada y el todo y, sin ellos saberlo, me pidieron que escribiera sobre nosotros.

José Manuel Romero
Grupo A


Todo o nada

Cuando la nada se hizo invisible en mi cabeza, empezó a cambiar todo.
Yo estaba acostumbrado en las tardes largas y ociosas del verano a mirar el horizonte, vislumbrando todo lo que había más allá de nuestro pequeño territorio donde nada ocurría que no supusiera un terremoto en nuestras vidas.
Yo, entonces, no conocía el mar; s
i acaso lo imaginaba peligroso y oscuro como en las novelas releídas de Julio Verne. Lo más parecido que conocía eran esas hectáreas de cereal ondulante que se perdían en la lejanía y que te permitían pensar con su movimiento que nada tenía una estructura sólida.
Agarrado a la mano de mi madre recorría los senderos sumergidos entre espigas y oía su voz diciéndome- todo esto es tuyo pero no vale para nada, tu lo que tienes es que irte muy lejos y escapar de este lugar perdido en la nada. A la vez deslizaba su mano sobre los párpados y señalaba un punto en el horizonte, cada vez uno distinto, y me decía que por allí estaba el mar.
Muchos años más tarde paseaba yo por la orilla de ese mar soñado que extrañamente estaba solo a tres horas de todo lo que había dejado atrás y pensaba solo me queda el goce de estar triste y que estaba dejando todo lo que fui para formar parte de la nada.
Que extraño que después de todo lo que tuve solo me quedara el recuerdo de aquellos paseos y como no tengo nada que perder pues lo he perdido todo, volver desde la linde de la nada a mi primigenio territorio donde en la mano de mi madre tenía todo.

Lucio Gómez
Grupo A


A tu ausencia

Tú lo llenabas todo y te fuiste en silencio sin decirme nada y ahora lloro tu ausencia. Todo está lleno de ti, nada ocupará tu espacio: todo lo que tú habitabas, sin ti ya no es nada.Todo se fue contigo, la nada te esperaba..
Todo es un sinsentido.¿ por qué tanto soñar si al final TODO es NADA?

Rosa Celia González

Grupo B


Lluvia

Al fin llegó la lluvia ( “ ese besar azul que recibe la tierra” dice Lorca) y todo lo demás, quedó para mi relegado a un segundo plano..

Nada como sentir el agua en mi cara después de tanto tiempo sin rastro de ella, pensé, asi que decidí salir a la calle .y ¡ nada de llevar paraguas! quería recoger sobre mi cuerpo esas gotas que caían ahora con fuerza y también atrapar todo el aire fresco que me llegó enseguida a bocanadas,.y ¡ nada de prisas! me dije, tenía todo el tiempo que quisiera para disfrutar de ese momento y quería aprovecharlo ..

Encaminé mis pasos hacia una solitaria calle para que nada pudiera impedirme escuchar todo el sonido de la lluvia al caer. Cerré mis ojos durante unos segundos: todo me pareció distinto en esos momentos: el tintineo de esas gotas al chocar contra los cristales de las viviendas, el sonido diferente q ocasionaba al caer sobre el asfalto, la leve “ música” al rozar mi rostro…Nada podía describir lo que yo sentía..pero no duró mucho esa especie de encantamiento. La lluvia cesó de pronto y todo volvió a la realidad, el ensimismamiento había terminado…

Me di cuenta entonces de que estaba muy mojada y que mi pelo chorreaba agua sobre mis hombros pero no me importaba, me sentía bien….Encaminé mis pasos hacia casa, ahora ya más rápidos , no quería enfriarme..Y me di cuenta de lo importante y vital que era la lluvia, sin ella, nada sería posible…

Rosa Celia Gómez
Grupo B


Todo o nada. That's the question


Los extremos se tocan. Como el todo y la nada que siempre van de la mano.
Cuando nacimos, en la vida de nuestros padres ya nada fue igual.
Tiempo de bibis y pañales, de hidropolivit y de vitamina D3, de nanas y
parques, de besos y arrumacos…
Con nuestra llegada renovamos sus corazones y los encendimos. Todo olía a
limpio como cuando el día comienza en sus primeros minutos de luz.
Con la mocedad y la juventud, todo es promesa, proyecto, porvenir aunque no
tengamos nada más que eso, para algunos tanto.
El tiempo pasa y con los años y pelín de suerte ya lo tenemos todo.
Trabajo y con él llega la moto, el coche, la media naranja, la familia numerosa
que siempre quisimos ser, (la familia política va en el lote de regalo), una casa en la ciudad también en el campo, dos hipotecas, libretas de ahorro, fondos de inversión, cofres de experiencias, vida social y hasta prestigio, porque nada se improvisa de un día para otro…
Y al final. ¿Qué es la vida? Me pregunto.
De camino a la puesta de sol llego sabiendo que nada es para siempre, que el
tiempo puede con todo y que lo único que queda es el bien que hemos hecho.

Concha González
Grupo A


El todo y la nada

¡Nada!, ... ¡qué nades te digo!
¡Nada!, ... ¡qué no nada nada!
Pues se va ahogar si no nada nada.
Ya le dije que por si acaso al pantano se lo trajera todo.
¿Y qué es para ti todo?
Pues el traje de baño, la crema solar, su flotador... ¡Ahí es nada!


Paz Mateos Corbella
Grupo B

¿Quién da la vez?

Todo en la vida es consumo. Con sumo gusto se lo explico: consumimos en el supermercado, en el quiosco, en las tiendas de regalos, en los estancos, en los bares, en las aceras, en los barrios marginales. En ocasiones nos consumimos, perdemos la paciencia, nos dejamos arrastrar por la rutina. Consumimos las horas del reloj, consumimos las energías, consumimos electricidad, consumimos los besos. En Colombia y Costa Rica consumir es zambullirse en el agua, consumimos, pues el agua. Pero también consumimos los recuerdos, los odios, la nostalgia. Y consumimos y consumamos el amor, consumimos la vida. Y consumimos la muerte. Entonces todo está consumido y consumado.




En la última sesión del taller de escritura creativa de la Casa de las Conchas hablamos de consumismo y de supermercados. Pero también hablamos de amor. Prueba de ello es el poema de Óscar Hahn:

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes
Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conserva
Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión
Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos el uno en el otro
y nos consumimos.

También pudimos degustar el poema "Un supermercado en California" de Allen Ginsberg traducido por el poeta Andrés Catalán:

Cuánto he pensado en ti esta noche, Walt Whitman, hoy que bajo los árboles he recorrido las callejuelas mientras me dolía la cabeza mirando afectadamente la luna llena.

¡En mi hambrienta fatiga, en busca de imágenes, entré
en el supermercado de frutas de neón, soñando con tus enumeraciones!
 ¡Qué melocotones y qué penumbras! ¡Familias enteras
de compras por la noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Esposas
entre los aguacates, bebés en los tomates!—y tú, García Lorca, ¿qué
estabas haciendo tú allí junto a las sandías?

Te vi, Walt Whitman, sin retoños, solitario y viejo zapador,
asomándote entre las carnes del refrigerador y espiando a los jóvenes
reponedores.

Te oí preguntarle a cada uno: ¿Quién asesinó a las
chuletas de cerdo? ¿A qué precio los plátanos? ¿Sois vos mi ángel?
       Paseé, yendo y viniendo de las pilas de latas relucientes
persiguiéndote, y perseguido en mi imaginación por el guarda de seguridad
del establecimiento.
        A grandes zancadas recorrimos juntos los extensos pasillos
cada uno a su antojo catando alcachofas, apoderándonos de cada
congelado manjar, y nunca pasando por la caja.
       ¿A dónde vamos, Walt Whitman? Las puertas cierran
dentro de una hora. ¿Qué camino te señala esta noche la barba?
       (Acaricio tu libro y sueño con nuestra odisea en el
supermercado y me siento ridículo).
        ¿Caminaremos toda la noche por calles solitarias? Los árboles
a la sombra añaden sombra, en las casas las luces apagadas, ambos
vamos a sentirnos solos.

        ¿Pasearemos soñando con la perdida América del amor,
dejando atrás coches azules en los aparcamientos, hacia nuestro silencioso chalet?
        Ah, querido padre, viejales, solitario viejo maestro del coraje,
¿Qué America te encontraste cuando Caronte dejó de impulsar su barcaza y
te bajaste en una orilla llena de humo y te quedaste allí mirando cómo la barca
se perdía en las oscuras aguas del Leteo?

Y comentamos un fragmento de la novela Tajos, de Rafael Courtoisie:

1
Me gustan las navajas.
-¿Cuánto vale esta?
-Cien
-La llevo.

2
Salgo a la calle.
Entro a un supermercado.
Tajeo las bolsas de azúcar. Me alejo. Viene un supervisor. No se explica el desastre. Voy impertérrito. Parezco manso.
El peso del contenido empuja los labios del tajo. Salta el azúcar sólido, la hemorragia blanca en el piso.
Sigo inmaculado. Como un doctor.  Sigo con la navaja.
La clavo. Sigo.
Clavo la navaja otra vez.
Sigo sin prisa.
Los tomates sangran.

Malogré un racimo, castré una sandía. Apuñalé tubérculos, perforé huevos. Las llamas amarillas de las yemas me conmovieron un instante. Pero enseguida me alejé del escrúpulo.
Tomé una lata de arvejas y una botella de vino.
Las arvejas estaban puras. Perlas verdes.
No contenían conservadores ni estabilizantes. El vino era de joven crianza, fresco y cordial, era un vino coherente, no muy fuerte. “Apenas perlado y seco”, anunciaba la etiqueta. Un vino lleno de luces. Me dirigí a la caja lentamente.

En el supermercado todo sangraba. Había pinchado las botellas de plástico de los refrescos. La cocacola manaba y manaba a borbotones pardos. Había tajeado las panzas gruesas de las botellas de plástico, había provocado una cesárea en los envases incautos. Las bebidas morían de sed. No había ninguna belleza.
Sólo unos perros de porcelana se alejaban del desastre. Pero los alcancé. Eran unos perros azules, dibujados en la cáscara blanca de unas tazas de té. El azucarero hacía juego con el diseño de las tazas: un mastín dibujado, bestial y oscuro, saltaba en la porcelana.

Tiré todo al piso. La materia de las tazas se partió y el perro del azucarero cayó sin ladrar. Todo de un golpe.
El supermercado era extenso, prácticamente inabarcable. Mi rabia no puedo con todo.
No pude con el vino, pero alcancé a arrancar la pierna de una ternera y lanzar un jamón más allá de mi vista.
Deposité la pierna de la ternera muerta entre las postas de atún, sobre el hielo picado de una vidriera.

Derramé el orégano, rompí los envases de celofán del chocolate molido. Escupí sobre el cadáver de unas aves sólidas, congeladas.
Los patos sin cabeza me parecieron puros, pero no supe qué hacer con las gallinas. Rocié insecticida en los cereales.
Sólo el pan quedó quieto. El pan honesto. No hice nada con el pan. No pude.
Tal vez la navaja estaba cansada. Tal vez mi mente se enfrentó al silencio del pan y quedó muda.  El pan tiene significado.
En la blancura del pan debe haber una verdad.

Clavé la navaja en el cuerpo de una manzana y me fui.

Dejamos aquí un vídeo de la película "El club de las madres rebeldes":




Din, don. Señorita Susana, por favor, acuda a caja. Pregunta por usted un joven, de complexión media, bien dotado, tal vez treinta, que afirma que ayer noche se metió en su cama y hoy, al despertar dijo que soñó con besos deshuesados, con pechos de manzana golden, con palabras cuatro estaciones y alientos afrodisíacos. Y dice que llegó hasta aquí siguiendo el rastro de los bígalos en oferta.


Propuestas de escritura
Tomadas del blog de escritura de Iraide Talavera "Palabritis aguda"

1. Piensa en un personaje que llega a un supermercado y se lo encuentra vacío. No hay en él gente, ni productos. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué está en ese estado?

2. Escribe un relato ambientado en un mundo sin supermercados. ¿Cómo es? ¿Cómo está organizado? ¿Cómo se siente la gente, más o menos feliz?

3. Narra la historia de una gran superficie en la que solo haya un producto: solo papel de aluminio, o melocotones… ¿En qué clase de mundo puede ocurrir esto? ¿Cómo son los compradores de ese lugar?

4. Cuenta un relato ambientado en un supermercado robótico. ¿Tal vez te ofrece los productos que te puedan gustar? ¿O te obliga a seguir una dieta determinada? ¿O se dedica a tomarte el pelo y te cobra más de lo debido?

5. ¿Cómo sería un súper en el que las personas estuvieran en venta y los alimentos fueran los compradores? ¿Podrías darle vida a través de un cuento?


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


¿Sueñan los abuelos con tarros de miel?

Me aburre soberanamente ir al supermercado con mi abuelo. Pero, ¿qué le voy a hacer? Él ya no puede cargar con las decenas y decenas de tabletas sintéticas que compra. Mis padres y mi hermana están ocupados. Además, no tenemos el dinero suficiente para que un dron le lleve la comida a casa.

Me aburre porque siempre me cuenta la misma historia: que si antes de la guerra y de que una inmensa nube de polvo ocultase la luz del sol durante cuatro años el supermercado era un sitio lleno de colorido. Melocotones, naranjas, manzanas, judías, lasaña, pan, leche, zumos, huevos, mantequilla, sal, azúcar, harina, yogures, queso, jamón, galletas, chocolate, aceite de girasol, aceite de oliva, miel... dice mi abuelo que había en el supermercado. ¡Y ahora sólo hay unas grises tabletas sintéticas que no saben a nada!, añade con pesar.

Siempre con la misma historia. Siempre con la misma historia… Pero, veamos, eso pasó hace ya mucho tiempo: ni mis padres habían nacido. Y lo más importante de todo: ¿Cuánto tiempo debían perder mis abuelos cocinando?

Oscar Fernández
Grupo B


Crónica de una compra anunciada

El día en que lo iban a matar... de hambre, Gabriel se levantó como cualquier otro sábado. Desayunó un café, un croissant de chocolate y salió a la calle dispuesto a hacer la compra semanal.

Era el primer día que iba a hacerlo desde que el último supermercado tradicional había cerrado para dejar paso a las tiendas automatizadas, todo mucho más rápido y accesible para el consumidor, según las autoridades pertinentes...

A simple vista estas tiendas parecían un cajero automático, todo frío, falto de calor humano, pero más ajustado a nuestras necesidades y deseos, según las autoridades pertinentes...

- Buenos días, le atiende “SICA” -Sistema Interactivo de Compra Automatizada-, ¿en qué puedo ayudarle? -dijo una robótica voz nada mas cruzar la puerta.
- Buenos días, me gustaría comprar unas napolitanas de chocolate.
- Lo sentimos, pero ese articulo no es compatible con los estándares de vida saludable según la OMS. ¿Puedo recomendarle unos yogures naturales, desnatados y sin azúcares añadidos?.

Confuso, Gabriel trato de comprar algo más atrevido.

- ¿Qué tal un pack de 6 cervezas? - preguntó intrigado.
- Lo sentimos, pero ese articulo no es compatible con los estándares de vida saludable según la OMS. ¿Puedo recomendarle una botella de agua mineral, natural La buena vida?.

Entornó los ojos, no tenía tiempo para esto...

- Me estás dando la mañana... -Murmuró para sí.
- Lo siento, no le he entendido, ¿puede repetirlo? - replicó SICA con un tono que a Gabriel le pareció una burla.
- ¿Me puedes dar una barra de pan? -resignado.
- Lo sentimos, pero ese articulo no es compatible con los estándares de vida saludable según la OMS. ¿Puedo recomendarle Pan de molde integral 6 semillas?

- ¡Me cago en el pan, en las seis semillas y en tu puta madre!
- Lo siento, no le he entendido, ¿puede repetirlo?
- ¡Dame un revolver y una bala para que acabe con todo esto!
- Lo sentimos pero el artículo seleccionado está agotado.

Enrique Rodríguez González
Grupo A


Cuando no había supermercados

Cuando era niño, un día mi madre me llevó al mercado. Entonces no había supermercados, solamente existían las tiendas de ultramarinos, los economatos y el mercado. El mercado sigue siendo el mismo, con sus puestos de carnes, pescados, pollos y aves, frutas y verduras. Desde aquel día he visitado cientos de mercados y me siguen gustando. Aquel día fue mi primer día. Nos pusimos en la cola del puesto donde vendían pollos, pues la intención de mi madre era comprar uno. En la cola hablaba con las demás mujeres. Sólo había mujeres aquel día en aquel mercado. Hablaban de sus cosas, de lo cara que estaba la vida y otras historias familiares. Debía de estar todo muy caro,pues al tocarnos la vez y después de hablar con el tendero, nos dimos la vuelta sin el ansiado pollo. Compramos algunas verduras, algo de fruta y nos fuimos a casa.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Nuevos tiempos

Estaba yo a la puerta del súper, con Roby3 y Roby5, el turno de las 11:00, cuando se acerca el tipo; toda la pinta de selenity, una cara de pánfilo que ni te cuento. Me dije nada más verlo: este paisano me toca a mí, fijo. Y me tocó. Fue llegar y como si los otros dos no existieran, que si por favor podía yo echarle una mano. Así que me levanto de la silla, le tomo del brazo y, ¡hala!, a recorrer los pasillos ayudándole a decidir. Cada día viene más gente que todo son dudas.

Menos mal que nos tienen bien aleccionados acerca de la manera mejor de acordar con estos individuos. Un poco al principio, como que ponía pegas, pero uno tiene su método. Llenamos el carro en un periquete. Le tuve hasta que sacar los cunys del bolsillo para pagar en caja.

Luego, ya en el aparcamiento, le ayudé a meter la compra en el maletero del bugy; un Sideraly precioso, por cierto. El servicio, nos tienen dicho, ha de ser lo más completo posible. El individuo seguía con la misma cara de panoli que a la llegada. «¿Sabe usted, señor robot?» —señor y todo, eso dijo al subir a bordo—, «yo solo venía por una libreta y un boli. Como los de antes, no sé si me explico».

Ya ves, una libreta y un boli. Algunos deben creerse que aún estamos en el siglo XXI.

Pascual Martín
Grupo B


Dignidad

Ella la encontró en la puerta del supermercado, era una joven con unos preciosos ojos azules, su piel muy blanca como esta hoja a la que me enfrento para escribir esta pequeña historia.
Su imagen virginal , digna de ser modelo de un gran escultor y musa de pintores.
Percibió el esfuerzo que representaba para ella pedir ayuda, de hecho no mendigaba, su dignidad se lo impedía, solo hacía acto de presencia con su mirada perdida por si alguien quería ofrecerle ayuda .
Le dio la mano y entraron juntas, su entusiasmo empezó a aflorar esbozando una sonrisa, se pasearon en silencio entre el laberinto de pasillos parándose en la zona de los dulces y abrieron directamente un paquete de bizcochos.
Hubo más visitas al supermercado con palabras incluidas, tertulias al lado de los huesos, quesos y jamones.
Un día desapareció y no recuerda su nombre, pero su presencia impactante forma parte de sus recuerdos.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Se inaugura una tienda

Aquella soleada mañana de un otoño que parecía pavonearse, estaba en boca de todos, ¡vaya tiempo que nos está regalando!, ¡si no fuera por la falta de lluvia!, María paseaba por la Avenida de la Real Academia y de pronto se encontró con que se había inaugurado una nueva tienda, su aspecto era espectacular, tan atractivo que invitaba a entrar, en otro momento lo haría, ahora tenía prisa. Su nombre, Supermercado de las Palabras, fue como un imán, no pudo resistirse, al ponerse ante las puertas y verse dentro, una amable jovencita le entregó unos folios en blanco y un boli, invitándola a entrar, le dijo que podía llevarse todas las palabras que quisiera, o si prefería podía usarlas allí mismo, no salía de su asombro.

Amplios pasillos, sillas con pala, cartulinas con frases, muy sugerentes “En el proceso de la escritura la imaginación y la memoria se confunden”, “La pluma es la lengua del alma”…

El silencio era total, la sorpresa se veía en todas las caras, caminaban lentos por los pasillos, observaban y no entendían qué se esperaba de ellos. Decidió dejar de mirar a la gente y centrarse en lo que tenía delante. Rincón de las palabras capicúas, sonrió, decidió copiar algunas, algo haría con ellas:

Reconocer allá, acá,
solos somos ese eje,
ama, aviva, acurruca.

Pasó por la estantería de las palabras polisémicas.
Allí encontró un oso que dijo:

yo oso llamar mono, a un mono,
de cara muy fea,
a la llama, no le llama nada.
Un alce le dice a una carpa,
sal de la carpa, ayúdame para que la alce,
un gato lleva un gato a cuestas
así vino otro ayudante.
Oso, mono, llama, alce, carpa, gato.
están en un banco, se comen un mango.

Aquello era alucinante, mirar a su alrededor y observar a la gente, todo tipo de gente, jugar con las palabras, unirlas, mezclarlas, con imaginación y fantasía.

Ya tenía que irse, desde el fondo de su corazón dio un aplauso a esta iniciativa, una forma de abrir la puerta a la cultura.

Inés Izquierdo
Grupo A


El regalo

“Se miró al espejo. Poco a poco fue deshaciéndose de aquella máscara que cubría su cuerpo. Colgó el pantalón ajustado que remarcaba sus caderas huesudas, aquella 32 que la hacía gorda, dijeran lo que dijeran, y el top de cachemir granate que ensalzaba el piercing de su ombligo, ese de color blanco que había comprado mil veces, siempre se rompía. No entendía por qué el blanco y no los otros, al igual que no entendía aquellos repliegues inclementes en su piel. Colocó la ropa con parsimonia en la percha que enganchó tras la puerta. Ya no había prisa. Mientras la bañera se llenaba vació medio bote de gel sabor a coco, le gustaba el agua caliente y con mucha espuma. Soplar la espuma. Con los ojos cerrados. El espejo empezó a cubrirse de una fina capa de vaho, con la toalla trazó un arco y pensó que ya no necesitaría la crema antiarrugas. La taza del wáter alcanzaba a reflejarse en la imagen, tampoco la necesitaría más. La cuchilla de afeitar haría el resto."

Jaime cerró el libro, después lo volvió a colocar en la estantería, sección Best Seller del hipermercado. Tal vez para el regalo. Dudó. Cogió el siguiente.

“Me gusta hablar sin que el otro escuche. A su regreso mirará las letras como quien observa lo profundo del estanque. No fluye, todo es quietud. Resulta agradable, el tiempo se para. Podría seguir escribiendo toda la noche y no sucedería nada. Absolutamente nada.”

Ángela Mayor
Grupo B


Supermercado

Que vivan los colores en galerna,
deseos van y vienen,
oleadas de gentes y vientos de miradas;
muchas manos acechan objetos salvadores
que entretienen la espera de lo que nunca llega,
escaleras histéricas no cesan
de elevar los deseos, las ansias inflamadas
de tapar tantos huecos con goma-espuma y látex.
Las músicas domadas,
la voz meliflua y fértil,
de las recolectoras de dinero,
las danzas indolentes
de las ninfas varadas, maniquíes,
que en lugar de pecados ofrecen frío y máscara.

Emilia González
Grupo B


¿Quién da la vez?

Se deshizo de casi todo lo que ya no tenía lugar en su vida, y lo tendría menos a partir de entonces. Su cuerpo ya no tenía fuerzas para usar el cuchillo jamonero, y sus mandíbulas menos aún para disfrutar comiendo jamón, cuyo aroma le producía tan agradables sensaciones. La caja de preservativos, sin abrir, había caducado hacía décadas, quedándose entre la ropa interior que se petrificó al fondo del cajón. Ella siempre se debatió entre la ilusión y el miedo en cuestiones de cama, igual que entre sus anhelos y las habladurías. El pueblo como un ser con vida propia imponiendo normas a sus gentes.

Nunca supo qué hacer con esa bonita lata que le trajeron de un viaje y que rezaba “caviar iraní”. La había guardado en el armarito del baño, sin saber si era un betún para los zapatos o una crema para la cara. Recordaba la ilusión en el rostro de su sobrina cuando se la dio y le dijo “te gustará, disfrútalo”. Aún no pudo decidir qué hacer con ella.

Sin embargo guardó en la maleta las hojillas de afeitar: hacía muchos años que le empezaron a salir molestos pelos en la barbilla y aprendió a solucionarlo sin andarse por las ramas.

Y por supuesto cogió también el juego de toallas, el último regalo que le hizo su hermano, que fue el hombre más cercano a ella durante toda su vida. A veces tuvo un detalle, aunque tenía la costumbre de reírse de ella como si fuera tonta. En el fondo se querían aunque no se comprendieran. La vida les mantuvo unidos durante largos años.

Preparaba sus cosas para irse, quizá no volvería. Se había ido quedando sola: su padre murió siendo ella niña, su madre hacía ya treinta años, su hermano casi diez. La residencia estaba a la salida del pueblo, junto a la ermita del Cristo, y allí se sentiría cómoda y acompañada.

Manuela Sánchez
Grupo A


Esto no es un Supermercado

Si hoy es lunes, deberíamos estar en Bruselas, la cuestión es qué día es hoy. Este viaje organizado lo ha contratado mi mujer, y yo me dejo llevar, como siempre, aunque a veces no me entere mucho de las cosas. Ella me lo perdona todo.

Me ha mandado a hacer unas compras al Supermercado que está justo enfrente del Hotel. Entro y lo veo completamente vacío. Limpio como la patena, perfectamente iluminado. Se oye el piano de Glenn Gould, irreal, como si estuviera a punto de detenerse en cada nota. Pero no hay nada, ningún artículo, nadie. Esto no es un Supermercado, pienso, debo de haber entrado en un cuadro de Magritte. Perplejo, evoco un relato de Rafael Courtoisie. Quizá pasó por este lugar el poeta vengador con su bonita navaja, y el director se ha visto obligado a reparar la escabechina haciendo limpieza general. El pan –pan de Dios- es nuevo cada día.

O ha habido una rebelión de todas las cosas destinadas a la venta, lo que sería comprensible, dado el ensañamiento. Y, como en una película animada de Pixar pasada por Stephen King, todos los artículos han tomado conciencia de su opresión y están en su cuartel general elaborando el plan de ataque definitivo.

En las estanterías, en los expositores, frigoríficos, vitrinas, bandejas invitando a probar algún producto fresco, me veo. En latas, tetra-briks, botellas de zumo, productos congelados, en la mortadela plastificada, en los envases rellenos al vacío, en la carne picada, me reconozco.

Intento imaginar cualquier cosa para escapar a esa pesadilla. Este Supermercado desierto es una metáfora del fin de los Supermercados. En el mundo del consumo global, se habría convertido en una reliquia. Un Museo. Quizá mañana, después de que reponedores perfectamente automatizados rellenen el local de todo tipo de sucedáneos digitales –exactos en forma, textura, olores y sabores- pasarán por aquí los consumidores homologados para disfrutar de una experiencia virtualmente real de cómo eran las cosas en otros tiempos, como quien visita un diorama de cuevas prehistóricas.

Me dejo llevar por la tentación de fantasear con un supermercado futurista, cibernético, robótico, donde pueda elegir una perfecta amante artificial, una réplica de Sean Young en Blade Runner, exacta en todos sus detalles, particularmente en el modo de encender un cigarrillo, con esas manos –esos dedos finos y alargados, de perfectas y suavemente agudas uñas rojas- que sostienen un cigarro como si estuvieran anunciando el pecado; y el humo como una gasa flotando sobre su rostro; y su peinado de venus antigua, y sus labios carnales y desengañados, y su perfil imperial de Nefertiti. Huyo.

Vuelvo al hotel y le digo a mi mujer que el Supermercado estaba vacío. Dónde te habrás metido, dice ella. Y sale a por la compra.

Vuelve en menos de diez minutos con la bolsa llena. Me ofrece una lata de cerveza perfectamente fría, y me dice lo que espera de mí a partir de ese momento. Yo obedezco sin ofrecer resistencia.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Lucha antiarrugas

Había terminado de afeitarse con sus hojillas como lo llevaba haciendo ni se sabe cuánto tiempo. Se miró al espejo como de costumbre, para ver si los surcos de sus arrugas, con los que mantenía una dura pelea , avanzaban hacia las profundidades de su piel. Justo cuando iba a coger el fino estropajo para darse la crema antiarrugas, como si de una fresa se tratara, cayó en la cuenta de que ese día era su cumpleaños, comenzaba la década de los sesenta.

Miró de nuevo al espejo, con mirada pícara, a ver qué le decía. Pero de sobra sabía que con aquel método que escuchó en la cola del supermercado hacía tres años, había conseguido pocos resultados positivos. Soltó el estropajo, salió a la galería a sentir en la piel el fresco de la mañana, miró las bolsas de sustrato amontonadas, que había comprado en una oferta de 2x3, que nunca sabía qué hacer con ellas.

Llenó una maceta de sustrato, introdujo dos cebollas con las que pensaba recolectar cebolletas para hacerse una mascarilla facial, con el fin de empezar una nueva batalla antiarrugas. Mientras, prepararía su piel para el nuevo tratamiento, tomando el fresco matinal mientras cultivaba sus cebollas.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


El dinero virtual vació el supermercado

Llegó al supermercado un poco más acelerado que de costumbre. El día había sido especialmente complicado. Había comenzado en el pueblo una experiencia piloto para dejar de utilizar billetes y monedas, usando sólo dinero virtual. Por ese motivo, a la oficina llegaron grandes avalanchas que reclamaban contraseñas olvidadas, bandas magnéticas que no se leían, comisiones que le cobrarían, cuentas bloqueadas...un auténtico caos.

Entró por una puerta distinta de otros días, cogió su cesta de una forma automática, su mente estaba en blanco. Recorrió 10 metros hasta el puesto de la carne, justo cuando fue a coger una bandeja de pechugas de pollo, se dio cuenta de que toda la carnicería estaba vacía. Su asombro se disparó al girarse, comprobando que todas las estanterías del pasillo estaban completamente desiertas. Según fue avanzando pudo comprobar que en el supermercado no había ningún producto, ni tampoco gente.

Después de superar el impacto emocional al ver que no podía comprar nada, se dio cuenta lo que era capaz de hacer el dinero físico. Estaba claro que nadie se fiaba del dinero virtual, del dinero de plástico, por lo que los habitantes del pueblo arramplaron con todos los productos del supermercado utilizando su dinero de toda la vida, antes de que ya no lo pudiesen utilizar, llenando hasta los topes sus despensas.

Y él, que tanto tiempo le había dedicado a organizar la experiencia, se quedó con la despensa vacía, con una tarjeta, que en el cajero no le daba su bandeja de pechugas.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Abrió los ojos lentamente.Estaba en la misma habitación de hospital que había sido su última visión antes de perder el conocimiento. Una mujer, curiosamente sin el uniforme de enfermera, le sonreía.
Hola.Seguro que te encuentras mejor.Vístete, y salgamos a dar un paseo.
Abrumado por la situación, no supo razonar ni inquirir nada a su extraña acompañante.Encontró la ropa con la que había entrado al hospital, perfectamente lavada y planchada. Se la puso, y cogió
de la mano a su acompañante. Curiosamente, cuando salían del hospital éste empezó a desvanecerse.
Atravesaron calles y alamedas.Era una población anodina, pero faltaba una cosa: supermercados.
-¿ Por qué no hay supermercados?
-Porque no hacen falta.
-¿?
-Porque esto es el cielo

Ricardo Alberto Paternina
Grupo A


El bazar de los remedios

Para una noche con sofocos, una mañana de Campofrío. 
Para cuando me retenga Morfeo y el trabajo me reclame, un pack de pastas Gallo y de chocolates La Campana. 
Para alimentar sueños de quinceañera, una boca de fresa. 
Para engañar al espejo tras un atracón, unas piernas de palillo. 
Para luchar contra el mal de ojo de la vecina del tercero, una ramita de romero. 
Para combatir el tedio de los paniaguados que te asaltan cuando menos te lo esperas, sal y pimienta a puñados. 
Para los días de perros, una buena remesa de conservas Miau. 
Para los miedos inconfesables, una ristra de ajos siempre a mano. 
Para circular airosa por el pasillo de mi casa, limpiasuelos Bosque Verde. 
Para cuando los niños me pongan la cabeza como un bombo, un tambor de Dixan. Para un rato de escapismo, quesitos El Caserío. 
Para cuando sufra mal de amores, un frasco de Abrótano Macho o de Varon Dandy. 
Para cuando nadie llame a mi puerta, ni siquiera Avon, Mr. Proper. 
Para cuando la cabra tire al monte y la montaña quede lejos, caldos Aneto. 
Para cuando la jornada me reserve su cara más dura, suavizante Mimosín. 
Para cuando venga agotada del curro, mi pijama del Lidl y un susurro. 
Para cuando pierda el Norte, un brick de La Asturiana. 
Para cuando haya olvidado el sabor del mediterráneo, arroz La Fallera. 
Y para digerir la DUI en Cataluña, que no me falten 155 aceitunas La Española.

Concha González
Grupo A


Instrucciones para cocinarte

Paso 1: Encontrar tu metáfora en las pieles de las cebollas. Separar sus capas una a una. Mientras, hervir cuidadosamente la percha en un lecho de gel de baño sabor vainilla

Paso 2: Saltear las cebollas en líquido revelador y añadir una pizca de sustrato de luz. Medida total permitida: Un asa de bolsa. Añadir un toque de caviar iraní.

Tirar la mezcla, y echarse a llorar honestamente.

Leyre León
Grupo B


Después de una largo paseo por el campo al atardecer, decidí darme un baño. Dejé todo encima de la cama preparada: la caja de preservativos, una toalla, y el patito de goma que me regalaste aquel día.
Me enjaboné con el gel de baño, tan delicado como es el Monogotas Vainilla. Y salí con mi aroma aún en la piel, me envolví en la toalla y me tumbé en la cama esperando tu regreso después de un largo día de trabajo en comisaría.
Llegaste muy puntual y el suave aroma en mi piel te provocó una reacción instantánea.
No especifico. Solo un preservativo fue suficiente. Luego, hiciste sonar el patito de goma como si fuera una última llamada.
Te pedí que me dieras el polvo de talco sobre mi rozadura entre las piernas.

Iria Costa
Grupo B


De compras por el supermercado

Obsesionado por el paso del tiempo, habiendo consumido ya más de tres cuartos de siglo existencial, el anciano no deja pasar un minuto, siempre el primero de la mañana, el recién estrenado, sin pararse ante el espejo que cubre los más de dos metros cuadrados de la pared que tiene ante sí en su dormitorio; repasarse de arriba abajo y preguntarse si existe una fórmula mágica de retroceso temporal, un elixir que le devuelva la juventud perdida, su atormentada adolescencia o, por qué no, su más tierna infancia, esa que todos rememoramos y de la que tan sólo recordamos un lienzo hecho de trazos vagos, gruesos, vacilantes.

Son todos los días. Son todas las mañanas. Todos esos minutos, los primeros.
Hoy es uno de ellos.

Retira lento, con suavidad, pesadez y nostalgia, la sábana que le ha protegido del miedo y de la soledad durante la noche. Se incorpora en un movimiento perezoso, de desgana y desgaste, de cansancio acumulado. Reposa sus pies; primero y siempre el derecho por superstición adquirida, luego, el izquierdo, sobre una alfombra que amortigua aún más el golpe. Se mira, se ve y se observa en un intento de encontrarse y encontrar siempre esa fórmula mágica.

Se calza. Yergue su cuerpo en un ascenso hacia la posición homínida y camina.

Sentado a la mesa tiene ante sí el desayuno que le acompaña cada mañana. En la misma medida y variedad, en la misma proporción, a igual temperatura y entre los mismos aromas y colores.

Todo es lento. Casi detenido. Sus movimientos, sus gestos, su respiración, su pulso, sus palabras pensadas, su mirada hacia atrás.

Quisiera parar, detener o, al menos, ralentizar al máximo el golpear inexorable del tiempo y sólo encuentra en la quietud, en el ritmo desacelerado que se impone desde el primer segundo de cada día, una sensación placentera aunque insuficiente: la intensidad de un segundo que navega a lo largo de sesenta minutos. Pero esos minutos pasan y esa hora atrapada y envuelta por un segundo tan sólo…también pasa.

Se desprende de sus compañeros de mesa poniendo, después, a cada uno en su sitio, en el lugar que les corresponde. Ni un cambio, ni un desplazamiento por milimétrico que parezca.

El día, la vida acortada en cada tic-tac, continúa.

Abre la puerta del armario, desplaza algunas prendas que de inmediato ignora, y descuelga el abrigo de paño color verde regalo de sus hijos en su setenta aniversario, hace ahora poco más de cinco años.

Es una mañana clara pero fría. Comprueba sus bolsillos. La billetera, el teléfono móvil, las llaves de casa…Todo en orden.

Sale a la calle y siente de repente un golpe seco y frío, tremendamente frío, que corta su rostro. ¿Una bufanda? Es tarde para regresar. Levanta el cuello de su abrigo, mete las manos en los bolsillos y camina a través del tiempo. Siempre el tiempo.

La puerta de acceso se abre en cuanto sus pies están a menos de un metro de distancia. Busca una moneda en el interior del bolsillo derecho de su pantalón, elige una entre las que ha extraído, la introduce en la rendija del carro de la compra que espera su turno y, juntos, inician un viaje por espacios donde se compra para, después, consumir.

Un viaje, esta vez, sin rumbo fijo –olvidó hacer la lista antes de salir de casa-, sin itinerario marcado, sin recorrido establecido previamente. Tiene un poco la sensación del peregrino, del nómada, del explorador al que sorprende cada una de las piedras que encuentra en su camino.

Sus pasos le llevan al sendero de la droguería. Un sendero iluminado por luz artificial. Una luz fría. Cientos de productos se ordenan a derecha e izquierda. Son como un ejército que se cuadrara impávido, enhiesto al paso su general que pasa revista.

Geles de baño, cremas suavizantes, servilletas de papel, dentífricos…

Alarga la mano y, sin detenerse en el detalle del precio ni en la marca, coge una crema antiarrugas y la deposita con extremo cuidado en el carro de la compra.

Continúa su andadura a través del pasillo, girando la cabeza a izquierda y a derecha, observando, y, de nuevo, con un movimiento firme, sin titubeos, acerca su mano a la fila de la derecha, a una estantería situada a media altura, atraído por la elegante combinación de los colores blanco, azul y rosa de su envase y lee: “polvos de talco”. No duda y, con suavidad exagerada, con una ligera cadencia, lo coloca al lado de la crema antiarrugas.

Cinco o seis pasos más le obligan a girar a la izquierda. Allí, de nuevo, un ejército uniformado se cuadra y le presenta honores.

Sigue su recorrido. Fija la mirada a un lado y otro y aprecia, esta vez, una atmósfera menos áspera, más espontánea, más alegre, más auténtica. Se encuentra franqueado por productos infantiles: pañales, leches de crecimiento, chupetes…y patitos de goma. Coge uno; es amarillo, suave al tacto, blando a la presión de sus dedos. Hace un hueco entre el resto de los compañeros de viaje y lo coloca a su lado. Sin presentaciones, sin permisos previos; firme en su decisión.

Continúa y, a punto de girar de nuevo, un sonido multicolor atrae su atención. Se vuelve, indaga, curiosea, explora y finalmente descubre. Allí, a menos de dos metros, arropado por otros compañeros de formación castrense, se deja ver: es un sonajero. Lo coge. Lo agita entre deseo y orden con la que volver a escuchar sonidos de su infancia y, también, como lo viene haciendo en su paseo triunfal, lo extrae de la fila marcial donde se encuentra, lo protege entre sus manos y, delicadamente, vuelve a buscar el lugar preciso en donde acomodarlo.

Piensa, mira su carro y repasa mentalmente, en alto:

- “Crema antiarrugas”.
- “Polvos de talco”.
- “Un patito de goma”.
- “Un sonajero”.

Una pareja de jóvenes coinciden en su pasillo. Van en dirección opuesta. Él dirige el carrito de la compra. Ella apoya su mano sobre una de las de él. La acaricia. En sus rostros sonrisas que se cruzan, miradas que se atrapan, labios que se buscan.

El suyo es también un viaje hacia el consumo, una demostración contumaz y fehaciente de lo efímero. Pero es un viaje compartido y no un peregrinar en solitario.

Ávidos de deseos que serán recuerdos al paso de los años, van llenando su lugar de acogida con botes de tomate, refrescos edulcorados, algún que otro plato precocinado, productos lácteos, latas de cervezas y, ahora, en la distancia corta que los separa del anciano, pañales, leches infantiles, un set de platos, vaso y cubiertos con colores vivos, con dibujos de Walt Disney, potitos de fruta y verduras, polvos de talco, un patito de goma, un sonajero…casualidades. No hay crema antiarrugas.

Ellos miran, rápido y de soslayo, el carrito del anciano. Sonríen, murmuran frases al oído y continúan. Probablemente recorrerán la gran superficie toda. Sin prisas, observándolo los detalles, toqueteándolo, eligiendo, comparando, vaciando espacios, llenando su vida de caducidades a corto, medio o largo plazo. Y queriéndose. Y amándose.

¿Es la vida un ir de compras por el supermercado?
¿Necesitamos comprar para sentirnos vivos?
¿Por qué unos productos y no otros?
¿Por qué vamos solos, unas veces, y acompañados, otras?
¿Es posible comprar amor en un supermercado? Esos dos jóvenes tal vez lo hicieran con sus caricias y sus besos.
¿Puede la felicidad envasarse para su venta? Por qué no si lo hacemos en forma de tarta de cumpleaños de un niño o de un nonagenario rodeado de los seres más queridos que le acompañan y le quieren y le abrazan y le besan en este día ¿Y la ilusión? ¿Se puede? Por supuesto. Y si no ¿por qué los Reyes Magos la compran por kilos cada año, la cargan a lomos de sus camellos y la reparten luego por miles y miles de hogares?
¿Y el dolor? ¿Cómo lo comercializaríamos? ¿En envases de cristal con la intención de romperlos para que se desparramara por los pasillos y así evitar tener que llevárnoslo a casa? ¿En tamaño grande, de veinte litros porque nos sale más barato? ¿De usar y tirar para que su efecto dure el menor tiempo posible?
¿Y las heridas? En cualquier caso tenemos la solución al alcance de las manos: agua oxigenada, alcohol, tiritas, vendas…
¿ Y el olor en sus múltiples variedades? ¿Y la luz en sus distintas tonalidades? ¿Y las miradas de esos viajeros que se cruzan a nuestro paso? ¿Sus voces de rabia, de angustia, de explosión de alegría, de tristeza, de soledad, de prisas porque se me quema la comida o no llego a recoger a los niños a la salida del colegio?
¿Y qué ocurre con la muerte? Esa corbata negra, ese pañuelo oscuro de mujer, esas gafas de sol que utilizamos en un espacio interior, umbrío para ocultar ante los demás la tristeza que nubla nuestros ojos.

¡Cuántas cosas!

¿Qué más podemos comprar en un supermercado? ¿Qué productos incluir en esa lista de la compra? ¿Amor, felicidad, ilusión, luz, vida, muerte?

Probablemente.

¿Y el tiempo?

Eso es, precisamente, todo lo que más desea comprar el anciano en esta mañana clara y fría.

Quiere comprar tiempo. No para congelarlo. No. Un tiempo que, a base de kilos y kilos, y su equivalente en años, vaya ganando y sirva para restar y restar y restar.

La crema antiarrugas devolverá a su rostro la suavidad de aquella lejana piel de cuando era niño. Los polvos de talco revivirán las manos de su madre rociándolos sobre la desnudez de su cuerpo casi recién nacido. Ese patito de goma flotando en él en la bañera, compañero de naufragio y bote salvavidas al mismo tiempo es su infancia. El sonajero que le acerca aquellos sonidos de la vida, una vida inocente, de estreno que ahora queda lejos, muy lejos, casi olvidada.

Podría haber comprado más, mucho más. Pero y si ,a la hora de pasar por caja y calculado el importe total de la compra, el dinero que lleva encima –nunca utiliza tarjetas de crédito o de débito- resulta insuficiente? ¿Qué artículo dejaría y cuál no? ¿Por qué generar una duda más en su existencia? No. Mejor así.

Dirige sus pasos a la zona de cajas, selecciona la “caja rápida, máximo 10 artículos” y deposita sobre la cinta transportadora uno a uno los productos que minutos antes se habían acomodado en el fondo del carro. La cajera, como cómplice de la estrategia, lejos de utilizar movimientos rápidos, bruscos, propios de su oficio productivo, parece como si los acariciara, los acerca con suave lentitud hasta el escáner.

En un lenguaje de compra-venta, a través del diálogo entre los productos y el cristal del escáner, el anciano escucha:

- ¿Una crema antiarrugas?
- 5€.
- ¿Unos polvos de talco?
- 0,90€
- ¿Un patito de goma?
- 2,25€
- ¿Un sonajero?
- 4,90€
-¿Hasta aquí? –pregunta la cajera-.
-Hasta aquí –responde el anciano-.

La cajera no puede evitar una sonrisa mezcla burlona y de extrañeza y dice:

-Para estos cuatro artículos podría usted haber cogido una cesta en lugar de un carro.
-Sí, tiene usted razón. Podría –responde desde la ausencia el anciano-.
-¿Total? –vuelve a levantar la voz el lenguaje de las cifras-
- Son 13,05€.

El anciano extiende un billete de 20€ y piensa: “es cierto que aún podría haber comprado más, pero no importa. Volveré mañana y pasado mañana y al otro y al siguiente. Al fin he descubierto la fórmula mágica, el elixir de la eterna juventud, del regreso a mi infancia. Ahora, finalmente, sé que el tiempo es un producto a la venta. Sólo bastan objetos nunca usados antes, seleccionar unos cuantos, introducirlos en el carrito de la compra, pasar por caja, pagarlos…y ya está. Compras tiempo al peso. Canjeas años por productos”.

Al día siguiente, desde un nuevo amanecer, desde ese primer minuto cara ante el espejo; en ese ritual mágico que repite desde hace años, el anciano se repasa de arriba abajo, se observa y se ve viejo, más viejo, un día más viejo, unas horas al menos.

Retira lento, con suavidad, pesadez y nostalgia la sábana que le ha protegido del miedo y de la soledad durante la noche. Intenta, como todos los días, incorporarse, reiniciar sus movimientos diarios que le lleven a vivir un día más. Pero esta vez no. No puede –o no quiere-. Y, en un movimiento inverso, deja reposar suave su cuerpo entero sobre la cama. Se cubre de nuevo con las sábanas protectoras y se deja envolver a la espera de la llegada de un sueño que no le produzca miedo ya y que le acompañe ahora y para siempre.

José Manuel Romero Vicente
Grupo A


Oferta de Halloween, agotada
(O la inexplicable historia de un supermercado vacío)

El film transparente gemía por la forzada labor de separación que supuso encontrar el extremo inicial del mismo entre las patas del coleóptero que intentaba, sin éxito, desenvolverse (en ambos sentidos de la palabra) de entre la deslizante sábana de plástico que se abría frente a sus virulentas patas a medio oxidar.
Un manantial de polietileno comenzó a brotar entre las arrogantes zanahorias, que abandonaban su despuntada melena sobre el lustrado calabacín y los esbeltos puerros bicolor.
La circunstancia que, al encargado del almacén le hizo cambiar el giro de su mirada, del enfoque de sus hipnotizados pensamientos, se instaló en aquel prematuro momento del día en el que, a un mismo tiempo, atravesaba el umbral de la mañana y del supermercado donde trabajaba el susodicho, desde hacía más de nueve años.
El coleóptero había crecido sobremanera innatural tras haber ingerido cientos de metros de polietileno imperecedero que encontró en muchas estanterías del supermercado, incluso como envoltorio de la gran mayoría de las verduras. Adicción, sin duda. Por casualidad, probó aquel fino plástico y no supo cómo detener el voraz apetito que le sedujo hasta hacerle terminar, incluso, con toda la materia comestible que se hallaba en el supermercado, haciéndole de forma incomprensible e impredecible, aumentar el tamaño de su cuerpo hasta más de cien veces, multiplicadas por diez.
Todo hubiera sido inexplicable igualmente, si cualquier otro día se hubiera encontrado el supermercado en  una situación en peligro de extinción pero, al menos,  hubiera concebido la idea poco a poco, de cómo ocurrió, del porqué del eco en las estanterías y del volar de las polillas en el interior del congelador. Podía llegar a pensar, incluso, en que se hubiera producido un robo… ¡Qué simpleza!
Pero en esa mañana del treinta de octubre, todo parecía sobrepasar la línea de la razón. La gravedad que experimentó semejante caso era casi inabarcable a la capacidad de entendimiento del ser humano. Frente a la puerta del almacén, ya vacío, decenas de negros y marrones coleópteros de casi medio metro de diámetro clavaban la mirada en la única persona que encontraron frente a ellos.
La puerta de un segundo almacén permanecía entreabierta, donde una hilera de estanterías ocupadas con rollos de polietileno sin estrenar, comenzaban a vibrar.

Tina Martín Mora
Grupo B

Puedes darte una vuelta por su blog


Supermercado vacío

En el centro de Madrid, vive Pepe, famoso escritor y autor de varias novelas en las que disfraza la palabra con su creación literaria.
Una mañana de otoño ve que su frigorífico no tiene alimentos. Apaga el ordenador y se acerca al supermercado, lo encuentra vacío, sin gente ni productos. Se extraña enormemente, no puede creer lo que ven sus ojos. Busca al vigilante de seguridad para que le informe sobre este extraño suceso. El agente está tan sorprendido como él, no tiene ni la más remota idea de lo que ocurre. Pepe se queda perplejo, no comprende su reacción, le dice que tiene la obligación de saber lo que pasa. Su mirada le fulmina. Pasan unos minutos. Decide ir a otro supermercado. Queda atónito al ver que ocurre exactamente lo mismo. Piensa: los comerciantes estarán en huelga, pero tendrá que haber servicios mínimos, ¿cómo podría enterarme? no hay ningún cartel pegado en el cristal. Pepe comienza a angustiarse, el hambre le devora, tiene que buscar una solución. Se acerca al supermercado 24h, allí si hay gente y productos. ¡Qué alivio! Sin preguntar lo que pasa, compra en cantidad los alimentos que necesita y se marcha a casa. Su único objetivo es llenar el estómago y relajarse en el impresionante sillón del comedor. Después de un delicioso sueño, pone la televisión. En el programa de la 2 anuncian la existencia de una huelga de supermercados durante una semana con servicios mínimos. Nervioso por la situación, se conecta al ordenador para continuar su última novela, ilusionado con diseñar historias abiertas a nuevos sentimientos.

Sofía Montero
Grupo B


¿Quién da la vez?

La falta de imaginación de las personas encargadas del marketing ideado para la captación de clientes en el gran supermercado provocó que fuese el mismo el que pusiera en marcha un plan novedoso para la promoción del establecimiento.

Todo empezó cuando la caja central se quejó de la falta de clientes que últimamente estaba capturando la cámara de seguridad de la entrada, la cual se quejaba de que a ratos incluso se aburría porque no tenia a nadie a quien mirar, otras cámaras tenían más suerte (a veces veían a los reponedores), la caja registradora después de advertir que nadie mejor que ellos mismos, los productos, conocían más a los clientes que nadie, pensó hacer un experimento a través del cual demostrar este hecho a las personas que se creían el alma del supermercado.

Para ello la caja registradora junto con la cámara de los lácteos seleccionaron a los artículos en los que más confiaban dado su sentido común y eso haría que ellos mismos supiesen a que cliente elegir y en queé cesta de compra acomodarse para este fin.

Eligieron un día cualquiera, de diario, y el mecanismo de apertura de puertas sería quien decidiera qué clientes serían sometidos a esta prueba, ese día, diez de sus clientes no tendrían derecho a elegir su compra, serían los propios artículos los que se acomodarían en su cesta de compra, eso si, una vez adquirida la compra, cualquiera de esos diez clientes podría rechazar cualquier articulo, e incluso adquirir alguno más, cada articulo solo quería saber quién los deseaba.

Los productos estaban nerviosos y expectantes. No lo tenían muy difícil con la ayuda de la cámara de seguridad de la entrada pero todos querían salir de allí en la cesta acertada.

9.15h. de la mañana: entra el primer elegido, el viejo conocido de las mañanas iba tranquilo e impecablemente vestido, recién afeitado, saluda amablemente, como siempre, sus ojos bonachones dejan ver la serenidad del que tiene en la vida todo resuelto; rápidamente y sin asomo de duda alguna saltan a su cesta una barra de pan, 4 yogures con bífidus , pañuelos de papel y un cartón de leche semidesnatada.

10.05h. de la mañana: segunda persona que elegida, ella entra con paso cansado, dignamente vestida para el cometido cotidiano de una compra diaria, zapato plano, solo le falta una sesión de peluquería para que creamos que es feliz, arrastra su rutina, los artículos la conocen bien por lo que rápidamente se dirigen hacia ella una bandeja de 400 gs. De carne de pollo, unos macarrones de los más económicos y una gran botella de lejía con detergente que ofrece gratis en promoción un estropajo verde.

12.14h. Ella camina muy despacio, sus pies se arrastran tan sutilmente que ni se oyen, su respiración es aun más sonora, hoy tiene la mirada más iluminada que otros días, seguro que pronto espera la visita de sus nietos y esto la hace sentirse menos sola, en vista de su cara, saltan a su cesta un kilo de lentejas un chorizo salmantino y una docena de huevos, al fin y al cabo no entiende de comidas que no sean caseras, las de siempre y por otra parte la comida que sus nietos esperan de ella.

13.14h. Esta vez la puerta de entrada nos presenta a nuestro cuarto cliente, va despistada y a su rollo, viste sandalias y una falda muy larga que combina con su fular en el cuello, la vemos, pacifica y exigente, se cree especial y necesita todo en orden, sabe muy bien lo que quiere pero odia los supermercados por lo que su decisión es firme, a su cesta salta una lechuga un bloque de tófu y una salsa de soja, todo perfecto hasta ahora, a no ser por que en la línea de caja, mira hacia los lados y decide introducir en su compra un par de Donuts.

14.20h. nuestro sujeto va con prisas, su pantalón formal y su americana nos dicen que ha salido del trabajo y está de pasada, camina rápido, ojos vivaces y patillas caneadas, quizá tenga el coche mal estacionado, lo productos suponen que aprovecha ahora para abastecer el fin de semana de fútbol, rápido se lanzan a su cesta 12 cervezas de lata y snaks como para parar un tren de mercancías, una coca cola zero y una bolsa de pipas Tijuana finiquitan su abastecimiento.

16.20h. Ella entra con paso firme. Muy firme, golpeando con sus tacones el suelo, su talla la perfecta, su pelo mechado divino y su edad, la suficiente como para no carecer de nada salvo de humildad, no es asidua pero algunos artículos se lanzan a la aventura, el salmón ahumado y el foie grass entier, algún modesto articulo decide que ella no podrá hacerlo sin una buena servilleta, aunque de papel de calidad, y siguiendo los cánones actuales de belleza, al fin y al cabo odia los supermercados.

17.50h. Él entra despacio, lleva unas zapatillas gastadas y la ropa arrugada, o sucia, o las dos cosas, barba de dos días una mirada triste que nos dice que tiene una necesidad hecha deseo o un deseo hecho necesidad, los productos dudan como nunca, al final el gel de baño se lanza a la cesta, y detrás le sigue un cepillo de dientes y unas toallitas para bebes, este cliente marca el gran fracaso del día, decide desechar todos los artículos que le han elegido y pone en la cesta 4 tetra bricks de vino tinto de marca blanca, sale por la caja como si no le importara nada.

18.25h. Da saltitos al andar con sus vaqueros cómodos y su camiseta, se siente libre y bien por que la vida aún no le ha dado ninguna razón para caminar con más atención, el vino otra vez, esta vez blanco salta a su cesta, el refresco de cola marca nisu rellenan la cesta junto a unos regalices. Él no decide dejar nada ni coger nada pero, le pide a un amable cliente mayor de edad que le pase el vino por la caja.

17.50h. Le falta poco para correr, ropa ligera como de andar por casa y un agobio en su mirada en la que se dibujan todas sus tareas académicas pendientes. La bolsa se llena rápidamente con dos pizzas para microondas, una tortilla de patatas ya elaborada y una bolsa de pistachos, antes de salir el chico decide comprar unas cuantas bebidas con taurina, después sale corriendo.

20.16h. la puerta no abre a más clientes, pero hay alguien fuera, la única que lleva bolsa de compra y la única que no va a comprar, tiene hijos, y un marido en paro, y pocas ganas de seguir adelante, como por arte de magia se abre la puerta, un montón de artículos saltan a su bolsa, ella no desecha ninguno, da las gracias, se despide del establecimiento y camina feliz hacia su casa.

Esther Yubero
Grupo A


Aquella sonrisa perdida

Era el supermercado de los sueños y allí te encontré, dispuesta como la espiga madura. En tu cesta había una hogaza con forma de corazón y quilo y medio de besos. Yo llevaba un paquete de noches de placer y un tarro de luciérnagas verdes.

La carne de oferta congelada por el invierno. El pescado al alza y fresco. Las peras en su punto, el plátano marca España. Vi en tu mano una manzana y compré la caja entera.

Era el supermercado de los sueños y allí te encontré, ausente como los santos de los cuadros, navegando entre etiquetas y frascos, intentando recordar, el aroma de la espuma de afeitar y aquella sonrisa perdida.

Carlos Matas Gómez
Grupo A


Historias de supermercado

Jorge Javier era un chico bastante atractivo, sí, aunque últimamente había descuidado un poco su aspecto, lo reconocía ; por eso, no podía creer que Laura, una mujer guapísima a la que él ”perseguía desde hacía algún tiempo, hubiera aceptado su invitación para cenar en su casa esa noche. Estaba contento, había entrado a trabajar en una gran empresa hacía unos meses y su sueldo le permitía vivir cómodamente permitiéndose incluso algunos caprichos no al alcance de cualquiera…

Ahora estaba en el supermercado, se le notaba un poco nervioso recorriendo los diferentes stands sin decidirse a coger nada de ellos..Al fin sacó la lista de la compra que había preparado para no olvidar nada .Lo primero que aparecía en ella era “un cuchillo jamonero”y fue a por él sin demora: con “el Guijuelo” que tenía en su casa seguro que triunfaría y si además, como había pensado , añadía a la cena un caviar iraní, el éxito estaría asegurado.Metió en su cesta una lata que tenía un aspecto estupendo.

Después, siguió el recorrido hasta detenerse delante del Stand dónde estaban las hojillas de afeitar: cogió un paquete; había decidido darle un nuevo aspecto a su cara, rasurar esa incipiente barba que le daba un aspecto descuidado.Tenía que intentar,por todos los medios, que esa fuera “ su gran noche”..y, puestos a soñar, ¿ por qué no proveerse de una caja de preservativos? Si la ocasión se presentaba no iba a desperdiciarla..Y después..¡ ay ¡ después le propondría una buena ducha en su recién instalada cabina-jacuzzi; ¡ qué placer inmenso sería el sentir, los dos abrazados, el agua deslizándose por sus cuerpos!..Se dirigió a la Sección” Hogar “ y añadió a su compra un juego de toallas de vivos colores ( siempre le había parecido divertido la palabra “juego” asociada a las toallas) se había dado cuenta de que las que tenía estaban ya bastante desgastadas y no eran las apropiadas.

Ahora sí,la compra estaba completa; el resto de los componentes de la cena, ya los tenía .Se dirigió a una de las Cajas para pagar. De vuelta a casa, pasaría por una floristería cercana para comprar unas flores, sabía que a Laura le gustaban esos detalles…Estaba impaciente por saber qué le depararía el destino esa noche .

Rosa Celia González
Grupo B


El fuerte

Con el escurreverduras en la cabeza y el cuchillo jamonero colgado del cinturón, Simoneta se miró en el espejo de cuerpo entero que presidía la entrada de su casa. Parecía Napoleón. Bueno no. Faltaba algo. Puso la mano derecha sobre el pecho, cerca de la boca del estómago. Ahora si. "Igual, igual, Igualita" -pensó- y como tenía por costumbre, se enredó en rumiar las escasas pinceladas de la biografía de su gemelo histórico. Que si qué personaje, que si Waterloo, que si Wellintong, que si el imperio, que si la cárcel, que si Santa Elena ¿dónde estaba Santa Elena? en algún mar, en algún libro, en algún cadalso, en algún altar, en

El pitido intermitente de un móvil -el suyo- abortó la espiral de asociaciones que la poseía antes de convertirse en tornado. Era la alarma de la agenda. Desde hacía tres meses, tres días y tres horas, sonaba cada poco. No es que hubiera perdido la memoria, no, es que después de asumir la gravedad de su diagnóstico -que lo suyo le costó -, consideró que sería una táctica eficaz esa de permitir que alguien o algo le recordara que recordara. Debía parar los vientos antes de que se unieran a la tormenta. Estar alerta. Evitar que el embudo se creara. Un collar de simplezas no debía hacerle perder su corona. Einstein debería de haber estudiado el alma humana.

Eran las diez y cuarto, hora de ir al super. En casa, todos menos las perras, el pájaro y la cobaya dormían. Los animales no saben de sábados.

Cogió el bolso que había dejado la noche anterior en el segundo peldaño de la escalera, abrió y cerró la puerta con cuidado, llamó al ascensor y repasó la lista de la compra. "polvos de talco y estropajos ¿nanas? ¡Mira que llamarle nanas! ¿quién le pondría ese nombre? Algún poeta fijo. Solo ellos saben que hay que fregar bien los sueños para que las noches sean claras. Solo

En el rellano, a las puertas del elevador, estaba la vecina del quinto, Purita. No era normal. En esa época del año, ella y Samuel -su marido- tenían por costumbre trasladar su residencia. Ibiza, Formentera,... alguna Pitiusa de esas. Allí, al parecer se vive de lujo. El sol, el mar, la arena, la comida, todo, lo que se dice todo es maravilloso, más aún, maravillosisisísisimo, genial, supercuqui como decía Juliet, su alocada hija adolescente. Si pudiera dejarla una temporadita en Santa Elena

- Simoneta
- ¡Puri! ¿qué haces aquí? Quiero decir. Quería decir. Ya sabes a qué me refiero. Yo pensaba, bueno tú sabes. Es que así de pronto. Por cierto ¿cuándo fue? El miércoles creo, me encontré con Edward. Estaba en el centro comercial. Jane ¡qué bonita esta! quería un libro de colorear y
- ¿Y no te dijo nada?
- Nada ¿de qué?
- De su padre
- No. ¿por qué? ¿debería? ¿le pasa algo a Sam?
- ¡Qué si le pasa! ¡Ay Simoneta! En esta vida todo son tristezas. Samuel tiene cáncer de gafas. Ya ves tú. ¡Hasta las patillas estan afectadas!. No se sostienen.Y el puente ¡Ay el puente! Ya sabes lo que supone eso. Jane crecerá sin su abuelo, Edward se quedará huérfano y yo viuda. Viuda y sola. Totalmente sola. ¡Con lo que he luchado!
- Pero Puri. Hoy esas
- ¡Calla por Dios! No hables como el bobo de mi hijo. No me consuela. Más aún, me hace daño. Tu lo sabes. Hoy es como siempre. Las medicinas, los adelantos son cuentos. Mi Sam está muerto. Mañana cogemos un vuelo para Houston. Hay una clínica especializada en cambio y ajuste de monturas. Es un taller carísimo. Volaré con un cadáver. Lo sé. Tiraré el dinero. ¡Cómo si fuera fácil conseguirlo! Pero Edward esta loco. No hace más que hablar de esperanza. ¡Paparruchas! ¡Qué situación Simoneta! ¡Qué situación! Un difunto, un loco y lo que venga. Y yo sola, total y absolutamente sola
- Yo creo que lo que Edw
- Yo creo, yo creo. Que no Simoneta, que no. Edward está ciego. Siempre lo ha estado. Por eso hace lo que hace. Escribe historias para niños en lugar de llevar las empresas de su padre. Y hasta ahora podía permitírselo, pero ¿y ahora? ¿qué va a pasar ahora? Estoy sola. ¡Maldita sea! ¿por qué no habré tenido un hijo normal? ¿por qué Simoneta? ¿por qué?
- Tal vez esa normalidad de la que hablas...
- ¿De la que hablo? Pero qué dices Simoneta. No existe otra. La normalidad es hacerse adulto. Edward no lo es. Un adulto sabe que el chocolate, los algodones de azúcar y las piruletas terminan, las mariposas son bichos, y eso que llaman amor, eso que llaman alegría, o ilusión o paz o mandangas fritas con caramelo y canela es humo. Los duendes y las hadas no existen. Eres una mujer informada. Trabajas como periodista internacional. Has sido corresponsal en mil lugares diferentes. Estás en contacto con la verdad del mundo. Lo sabes. A todos nos alimentan con la misma bolsa. Un sutrato universal y pesado. En la tierra, digan lo que digan, solo crecen crisantemos. Ni orquideas, ni camelias. Nadie nace riendo. Un presagio ¿no te parece? No deberíamos olvidarlo nunca. Ni engañar a los pequeños con olores de bosque. Vivir es un castigo. Hay que surfear entre penas. No hay descanso. Las olas son inclementes. Siempre estan hambrientas. Nunca se llega a la arena. Hay que ser fuerte. Curtir la piel. Endurecer la mirada. Mantenerse firme. Y aún así, ya ves tú, creas un imperio y se lo come un cáncer de gafas. Estoy sola Simoneta. Total y

La melodía de "el vuelo del moscardón" interrumpió su discurso.

- Perdona bonita, es Edward. Estos aparatos son hijos del demonio. Da recuerdos a Marcelo. A los niños un beso. ¿Siguen tan...

No escuchó más. Las puertas metálicas del ascensor tenían las hojas demasiado gruesas. Una vez cerradas, nada ni nadie entraba o salía de su minúsculo reino.

El coche estaba helado. Desenvainó el cuchillo -tal y como le había enseñado la doctora Rhys- y con él bien agarrado se dispuso a rascar la escarcha del parabrisas. Estaba dura. La música de Korsakov continuaba en su cabeza. El ave-cisne mágico, el hijo del zar, las instrucciones para convertirse en insecto y volar. El deseo de decir al zar que es él y que sigue vivo. ¡Qué belleza! ¿Conocería Puri la dramática historia que narra ese interludio tan vivaz?

Cuando la mitad del cristal estuvo limpia, Simoneta subió al coche y encendió la calefacción. Las noticias estaban puestas, siempre estaban puestas. Deformación del trabajo. El informativo era un rosario trágico. No había ningún misterio glorioso. Cambió el dial. Los limpias iban y venian. En una emisora hablaba su doctora. Reconoció su voz. Era Charlotte. Justo la noche anterior habían conversado por sky de su dolencia. La misma que ahora comentaban en el programa que conducía Iker Jiménez. Le dió rabia. Su inclusión en ese entorno, haría que los oyentes la escucharan con escepticismo.

- "... Cuando el nivel de cebolla en sangre es elevado, la conjuntiva se resiente. Es por el ácido sulfúrico. Al principio, en sus fases iniciales produce ese lacrimeo molesto que todos hemos sufrido en alguna ocasión. Si se cronifica anula el descanso nocturno y por lo tanto la visión. Algunos pacientes refieren que cualquier cosa o persona que haya a su alrededor huele a huevos podridos. Ierran. Son ellos. Es su piel la que contaminada por el ácido sulfhídrico desprende ese aroma molesto que les acompaña allí donde vayan. El que ve y lo visto son una misma cosa. El que huele y lo olido también. La circulación se bloquea. La dermis que nace para ser puerta, muta. Los poros se cubren de cerrojos. La barrera es infranqueble.

- ¿Puede morir el paciente? ¿puede morir doctora?
- Si usted entiende que morir es ahogarse en penas aunque se mantengan las constantes vitales, si
- ¿Y hay muchos casos de esta patología tan tremenda que nos relata? ¿hay muchos casos doctora?
- El índice de prevalencia de esta dolencia es elevado. Prácticamente la totalidad de los adultos la sufren
- Y por último doctora, por si alguno de nuestros oyentes considera que puede estar afectado por ella ¿tiene solución doctora? ¿tiene solución?
- Por supuesto. ¿Qué no?
- Bueno esa pregunta tal vez nos llevaría a otro debate, pero como el tiempo nos apremia ¿podría decirnos alguno de esos remedios doctora? ¿podría decirnos alguno?
- Un colador, un cedazo o un escurreverduras y una chispita de sal
- ¿Cómo dice doctora? Supongo que no soy yo el único al que le ha sorprendido su respuesta. ¿Podría explicarse doctora? ¿podría explicarse?

El cristal ya estaba limpio. Simoneta apagó la radio. Sabía la respuesta. El colador o similares para distinguir la desgracia de la fantasía del dolor. Sacralizar el mundo subjetivo hace del sufrimiento un verdugo. La sal para deshacer la escarcha que oculta el intenso sabor del chocolate.

Arrancó el coche. El relincho de más de mil caballos la hicieron sentir Gerónimo y la carretera por la que circulaba se convirtió en una llanura. Ella era un apache. Su tierra estaba libre de reservas y se dirigía a un fuerte, un supermercado. Habría un ejército de espejismos. Trajes vistosos. Galones brillantes. Mentiras sutiles y enormes postverdades. Imperios tan absurdos como grandes. Pero esta vez no la engañarían. Era una salvaje sorda al toque de corneta. Necesitaba polvos de talco. Estaban allí. Los cogería y saldría. Como todo lo importante, era fácil. ¡Y nanas! También cogería nanas. La piel volvía a picarle. No volvería a rascarse. Las noches pueden ser claras. Cosa de ácidos.

A pesar del frio, abrió la ventanilla. Olía divinamente.

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Supermercado

Don Ramiro Puntilla contó los treinta pasos que le separaban del supermercado. Uno más le hubiera arruinado el día. Cruzó el umbral y volvió a salir para entrar con el pie derecho. Doce pasos hasta cruzar la barrera de acceso a los productos, quince hasta la frutería para ponerse el guante de plástico con el que agarrar el carrito, veinte hasta la estantería del pan, catorce hasta la botella de leche. Le quedaban veinticinco para terminar, faltaba la lechuga. En este proceso matemático se hallaba cuando vio venir de frente a doña Julia, su vecina, con la que había tenido roces serios a causa de su gato, bicho inmundo que había matado a su canario que era un matrícula de honor tras haber ganado cuatro concursos. Y eso no era todo, aún llevaba candente en su mejilla el código de barras que socavó con su zarpa asesina una noche que se coló en su cama, además de otras picias no menos gravosas. Y lo peor, le había llamado maniático. Se agachó para evitar saludarla simulando atarse el cordón del zapato. La vecina pasó a su lado y el saludo vino con ella, “Buenos días don Ramiro. ¡Qué! ¿Haciendo la prueba del algodón? ¿Está limpio el piso?”. Dijo con su sonrisa de hiena al ver el clínex en su mano. Don Ramiro se levantó y con furia ciega cogió al azar algunos productos que estrelló contra el carrito.

Mientras esperaba en la larga cola de caja con paciencia jobbiana, miraba el contenido del carrito, una cebolla, un pato de goma, un cuchillo jamonero, papel higiénico y una latita de caviar iraní. ¿Qué voy a hacer con esto? se preguntaba. De pronto se encendió la bombilla en su cabeza. Con el patito de goma atraería al minino que a pesar de ser un mal bicho era juguetón, le rebanaría el pescuezo con el cuchillo jamonero y lo echaría a la cazuela con abundante cebolla. Luego limpiaría la sangre con papel higiénico que echaría al wáter. El mejor lugar para destruir la prueba del delito. Y se daría un banquete con entrante de caviar y estofado de gato delincuente. Tenía entendido que esta carne era muy sabrosa.

Ya saliendo a la calle se dijo. Bueno, si no consigo matarlo a la quinta intentona, estoy a dos de conseguirlo, es voz pópuli que siete vidas tiene un gato. Y por otro lado Siempre me quedará París” mi psiquiatra me felicitará al ver que estoy en proceso de recuperación. No conté los pasos hasta la lechuga.

Pepita Sánchez
Grupo A


Primera lista de compra

Por fin habia escapado. Volvi del supermercado con una bolsa con lo imprescindible para pasar la primera noche en mi nueva casa. Gel de baño y champú para mi aseo personal, así como papel higiénico. Un cuchillo jamonero para poder cortar el único alimento que tenia en esta mi nueva vida. Habia conseguido llevarme lo que quedaba de nuestro último jamón a medias, nuestro último "a medias". Y una percha de plastico para colgar la gabardina que habia conseguido ponerme ya saliendo por la puerta encima de un pijama de Mickey Mouse viejo y raido.

Beatriz Gorjón
Grupo B


La vida enlatada

En el mundo futuro todo se conserva en una lata. Cuando naces te proporcionan un montón de ellas. Todo lo que necesitas a lo largo de tu vida se guarda en latas de distintos tamaños y colores. Por eso, en los supermercados, solo se venen abrelatas. Grandes superficies llenas de interminables pasilos con largas estanterias llenas de ellas. Los hay pequeños y suaves que liberan preciosos peluches que hacen mas llevaderas las noches de tu infancia. Las hay decoradas con siniestras sonrisas de clown que dejan escapar risas que, aunque huecas, completan los dias que te sientes gracioso y necesitas confirmación. Abrelatas sexys con forma femenina o masculina, según tus gustos, que desbloquean una fragacia que inunda tu cuerpo y te hace irresistible para aquel o aquella que haya abierto la lata que completa la tuya, "amor seguro", sin la incertidumbre del si o el no. Y asi todo , todo bien cerrado y conservado, para una vida tranquila, de un feliz control, de certezas, sin sobresaltos. Hasta el dia que cansado de esa vida sin sorpresas, sin sufrimientos por deseos no cumplidos, sin anhelos aunmentdos por el tiempo, sin una incetidumbre por la vida te diriges al supermercado, a una sección siempre al fondo y poco iluminada, a por un abrelatas decorado con una calavera sobre fondo oscuro y destapas la lata de tu fin.

Beatriz Gorjón
Grupo B


Roboticolóquica historia en el supermercado

"Con la lista de la compra que le ha hecho su mujer, sale a la calle Paco (apodado “el manitas”, por su habilidad con el bricolaje) con paso cansino, de camino al supermercado más cercano a su casa.

No es esta una actividad que le entusiasme mucho a nuestro personaje un sábado por la mañana, pero menos aún le gusta pasar la aspiradora que, a su ritmo, siempre entona la misma canción monocorde mientras absorbe el poblado aire de suelos y rincones…

Sumido en sus pensamientos y, a punto de cruzar la puerta corredera de acceso al supermercado que se abre a su paso, oye un pitido. Confuso y sorprendido, mira a su alrededor. Nadie le mira. Retrocede. Repite en el intento de entrar. Pitido. Paso atrás. Mira alrededor. Algunos de los de alrededor le miran. Vuelve a repetir su acción. Pitido. Nuevo retroceso. Nueva mirada alrededor. Muchos de los de alrededor le miran. Repite. Pitido. Retroceso. Enésima mirada alrededor. ¡Ya todos los de alrededor le miran! En sus caras, incredulidad, sorpresa, algún gesto de enfado de quienes intentan entrar tras él y se ven entorpecidos. ¡Y pitidos! : uno por cada cliente que consigue franquear la entrada sorteando a Paco en su indeciso vaivén.

Por fin, un abúlico guardia de seguridad se acerca malhumorado y le pregunta si no tiene nada mejor en qué pasar el rato. Paco, cuya cara a lo largo del proceso, ha ido adquiriendo un crecientemente cambiante en intensidad tono rosado; le mira atónito y le explica que, incomprensiblemente, la puerta de entrada pita cuando intenta entrar, no salir, y que es algo que no comprende puesto que él no lleva nada más que su cartera. Aún no ha tenido la oportunidad de comprar ni de coger nada.

El guardia con cara de no dar crédito a lo que oye, le pregunta si es la primera vez que va al supermercado.

La cara de Paco es ahora un poema. Se ha tornado completamente roja debido a un sentimiento que oscila entre la indignación que siente al oir las palabras del guardia y la vergüenza que le da sentir muchos pares de asombrados ojos puestos en él y otras tantas parejas de oídos prestos a escucharle.

-¿Es la primera vez que viene al supermercado? –Repite el guardia más sorprendido aún al ver el gesto de Paco.

- Por supuesto que no. –Contesta Paco airado- ¡Sólo es la primera vez que me ocurre esto!

- ¿Es la primera vez que su código de barras personal ha sido leído correctamente por los lectores conectados a la puerta?

-¿ Mi código de barras? – Paco no da crédito a lo que oye.

Todos los clientes se miran intrigados entre sí y todos miran a Paco de una forma extraña.

- Señor, no estoy aquí para perder el tiempo y hoy no es el Día de los Santos Inocentes. Si realmente ha venido usted con la intención de comprar algo, entre y hágalo. Si no, por favor, tenga la bondad de irse. Usted tiene su código de barras correctamente implantado, -añade pasando un lector-sensor muy cerca de la oreja de Paco- y la puerta de entrada funciona correctamente avisándole de que así es y puede pasar.

Paco, no puede sino preguntarse si está viviendo una pesadilla pero, de repente, se acuerda de la lista de la compra que le ha hecho su mujer y de que debería cumplir con el encargo lo antes posible. Este requerimiento de su esposa, siempre ha surtido efecto en él. ¡Ella es así de impaciente! ¡Y él así de dispuesto a cumplir sus deseos!

Así que, muy a su pesar, se decide a entrar y saca la lista. Hace un repaso rápido de la misma para hacerse una composición mental de por dónde empezar.
Levanta la cabeza y no da crédito a lo que ve: una señorita con aspecto robótico está frente a él. Con robótica voz, se presenta como Marina.
Marina levanta su robótico brazo y su robótica mano acaricia suavemente la cabeza de Paco a la altura de su oreja derecha. Él, atónito, se deja hacer.
Acto seguido y con una melosa y también robótica voz, Marina le indica que le acompañe. Le dice también que, ya leído su código de barras, irá robóticamente depositando los productos en su cesta. Él sólo ha de seguirla por los pasillos y al finalizar el proceso de compra y, siempre acompañado por ella; deberá pasar por caja, donde por el admitido medio habitual de pago, a través de tarjeta de crédito; deberá abonar el importe de su compra.

Sin poder dar crédito a lo que acontece pero como hipnotizado por la situación y por la peculiar y siempre robótica Marina, Paco comienza a seguirla portando su cesta. Y portando su cesta estupefacto escucha:

- Una caja de condones para las ocasiones. (Y el producto cae en la cesta)
- Este caviar iraní, ideal para la gachí. (En la cesta cae el caviar y Paco se ha de levantar)
- Con el champán que le des, ella caerá a tus pies. (Una botella de champán francés es depositado a su vez)
- Aceite esencia de rosas… volarás cual mariposa. (Ya los ojos chiviritas le hacen a Paco, el manitas)
- Un librito con sus versos que recitarás muy quedo. (Paco está a punto de desmayarse. Nunca se le ha dado muy bien el arte poético).
- Con este extracto de besos se pirrará por tus huesos. (Marina deposita ahora un frasquito muy chiquito donde al parecer hay besos en polvo).

Completado el pedido que Marina leyó en el código de barras implantado tras la oreja de derecha del estupefacto cliente; ambos se encaminan hacia la caja. Paco paga sin rechistar la cuenta. No piensa en el montante. No piensa ya en el extraño supermercado. No piensa en su robótica asistenta. Sólo su esposa se asoma insistentemente a su mente. No sabe qué hacer. No sabe cómo explicarle lo que ha pasado cuando llegue a casa, con los productos que nada tienen que ver con el pedido escrito en la lista original que ella le hizo. Siente ganas de huir corriendo pero… ¡correr es de cobardes!

De repente, siente algo que le inunda y una imagen ocupa todo su pensamiento. Es la imagen de su mujer. Su imagen en aquel momento en que la conoció.
Su corazón se expande y su imaginación vuela.

Y es sábado…"

Mercedes González
Grupo A


“Poca compra para una gran decisión”
Extraigo de mi cesta de la compra cinco objetos, con ellos voy a reconstruir, de un hombre, solo su cuerpo. Para la cabeza un condón, me parece muy apropiado, lo hincharé hasta que tome la forma de su cara, alargada y de plástico, tal vez le pinte unos ojos y una pequeña sonrisa, aún no se. Sobre la percha de plástico colocaré las toallas, mojadas como escayola para redondear los hombros y avanzar moldeando el tórax, amplio y rotundo, remarcaré bien las costillas con la felpa suave y verde. Las piernecillas azules, como un pantalón vaquero, con dos toallas de baño grandes y de rizo americano. Cuando haya terminado de conformarlo y por si no me da ninguna pena, tengo pensado cortar la cebolla, a ver si por fin se me escapa un lágrima. Finalmente Abriré la bolsa de sustrato y lo extenderé por el suelo, abundante, marrón y sin abono, que no hace ninguna falta.

Ya lo tengo decidido… voy a plantar a mi novio.

Paz Mateos Corbella
Grupo B