Se ha escrito un crimen

La muerte es un tema que suscita reservas, sin embargo para apreciar la vida es importante profundizar en ella y aprender a conocerla y si esa aproximación es desde la escritura creativa mucho mejor.
Se ha escrito un crimen” es un taller en el que se habla de poesía, de filosofía y de autopsias. Porque el trabajo que ejercen poetas, forenses y filósofos es similar.
¿Quién no recuerda a la escritora de novelas policiacas Jessica Fletcher, interpretada por Angela Lansbury? ¿O al detective Hércules Poirot de Ágatha Christie?
Los participantes de este taller tendrán que resolver, a través de diferentes técnicas de escritura creativa, un caso de lo más extraño. Todo apunta a que es un crimen pero nunca se sabe.





Propuestas de escritura

Escribe la biografía del personaje que te haya tocado


Y estos son los trabajos enviados hasta ahora:


Gustavo Pocapasta

Gustavo Pocapasta nació en Soria en 1805, hijo del acomodado industrial Gustavo Muchapasta. Cambió de apellido al ser desheredado en 1825 debido a sus inclinaciones literarias.

A la temprana edad de doce años su madre se empeñó en suministrarle unas cápsulas vitamínicas, lo que le provocó una especial sensibilidad a las injusticias que se generaban a su alrededor, cualidad esta que mezclada con las propias del liberalismo que comenzaba a triunfar en la ciudad, le llevó a frecuentar a mujeres de dudosa moralidad a las que se empeñaba en regalar el último invento del momento, comercializado por su padre, el – posteriormente – famoso pintalabios.

Además de semejante artilugio – y como correspondía a su esmerada educación – intentaba con poco éxito emular a los clásicos que habitaban en su corazón, escribiendo sonetos amorosos que no eran apreciados ni por sus receptoras, ni por el único editor que habitaba en la ciudad, ni – por supuesto – por su desesperado padre que lejos de encontrar un digno sucesor acabó echándole de casa acusándolo de vago, pervertido y vividor.

Comenzó a tener problemas con los dueños de los establecimientos que frecuentaba; “ser una rosa no me da de comer” llegó a escribir en una de sus últimas obras, cuando ya estaba solo, sin blanca y con un avanzado problema hepático.

Esta mañana ha aparecido su cuerpo sin vida. A falta de los exámenes que determinen la causa final de su muerte, lo cierto es que él ya era consciente de su próximo fin y en uno de sus bolsillos apareció una nota que decía: “A quien me encuentre; me gustaría que se me recordara con el siguiente epitafio: “Soria existe. Yo, ya no.”

Javier Portilla
Grupo A


Raquel Secante
Raquel, nació en Madrid en 1910. Su padre trabajador del museo del Prado, pronto le metió el gusanillo del arte, hasta tal punto que cuando de mayor salieron plazas para trabajar en el museo, Raquel pronto tuvo acceso a una de ellas, empezando como vigilante de sala, para después ir pasando por distintas secciones.

Al principio de su trabajo, se involucró tanto en el mismo, que para poder dormir tuvo que tomar unas cápsulas para tranquilizarse, llegó a conocer todos los cuadros y sus historias; para entretenerse llevaba un bloc, donde dibujaba las caras más pintorescas y componía poemas y relatos entre los personajes de los cuadros.

Raquel vestía con un uniforme del museo, color azul, en el cual llevaba puesto en el ojal de la chaqueta una rosa de cerámica , regalo de un turista japonés; solía pintarse los labios con un rojo carmesí, que le resaltaba un poco su cara pálida.

Su corazón siempre lo tuvo dividido entre el museo y su familia.

Falleció un día estando en el museo, a la edad de 80 años, nadie vio como ocurrió, su cuerpo quedó tendido en el suelo, frente al cuadro “Los viajes de Mona Lisa Gioconda”

Luis Iglesias
Grupo B


Rocco Macoco
Profesión: Sus negocios.
Detroit, 1880 - Penal de Alcatraz, 1936

Era Rocco Macoco, el “ma coco” de la familia. No porque fuera poco agraciado físicamente, al contrario, siempre llamaron la atención sus enormes ojos azules y su pelo dorado, sino más bien porque presentaba cierta tendencia al mal.

Así, desde bien pequeño, campa Rocco por sus anchas en la ancha Detroit, sumido en peleas callejeras y metido en bandas de mala muerte. Sus hermanas viven atemorizadas, apenas le saludan cuando marchan a la Iglesia. Su madre no sabe qué hacer -pronto lo sabrá-, su padre bastante tiene con su trabajo en el ferrocarril.

Con 7 años roba en la fonda del barrio, con 14 protagoniza una brutal paliza a dos esclavos negros, con 16 es ya la mano derecha del principal mafioso de la ciudad. Cuando su madre lo ve eligiendo trabajadoras para uno de los burdeles de su jefe, decide que aquella es la cápsula que colma el vaso y huye a Nueva York con sus hijas. Pronto el tren del padre se queda sin carbón, y Rocco se queda sin familia.

Sólo en casa, Rocco se convierte en el principal mafioso de principios de siglo en Detroit. Extorsión, robos, prostitución y asesinatos, son su labor diaria. Pero llegada la noche, se retira Rocco a su habitación harto de besar a mujeres y sus barras de labios, sin conseguir emocionarse, para emocionarse escribiendo cartas a su madre.

-Cuánto te quiero mamá, soy un líder mamá, por qué no me entendiste mamá, etc…

Con el corazón en su madre, sin corazón para el resto, decide Rocco ampliar negocio en Nueva York. Allá viaja en diligencia, pues es todo un clásico: “ha llegado a su destino señor, bienvenido”, y en un par de años es uno de los jefes de las bandas locales, que entre peleas continuas, dirigen la gran ciudad.

Mafioso evolucionado, también lo hace en las letras, donde pasa de las cartas a los poemas. “El gran jefe Rocco; al que todos temen; todos ganan; porque sin su jefa, es la nada”

Sucede en 1930. Paseando con sus secuaces por la Quinta Avenida, ve a una mujer sosteniendo un ramo de flores. Es ella, sin duda, y el poeta se estremece, mientras el mafioso advierte que está acompañada por un par de mozos con curioso parecido con él. Ambos se dirigen hacia la musa, quien al percatarse de la llegada Rocco, grita de pánico: ¡No!. Y el “no materno” parte el corazón del poeta, mientras el mafioso parte la cabeza de sus hermanastros con un bate de beisbol. Mamá vuelve a huir, Rocco es detenido.

¿Un última voluntad?, resuena una voz en la sala de la silla de Alcatraz, mientras las chispas se mezclan con algunos versos.

Néstor Valverde
Grupo A


La bailaora
A la orilla del Guadalquivir
nace Lola, Lolita Farola
Como una perla de sol morena
Con un clavel y una pena

Veloz infancia la de esta niña
Cuatro años y fandangos baila
La mano extiende en la ronda y dice:
“ te xapurreo lo que tu quiera”, mi arma

Cada día y cada noche
Por las tabernas una joven pasea
Y sin nadie pedirlo
Sin no más que tapas, pitos y palmas, danza

A la luz de la farola
Luce su arte y seduce La Lola
La sirena la aclama y rescata
En el Puerto de la Plata

Con Tango se casa y se tuerce,
Deslumbra, de éxito enloquece
Coquetea y se despeña
Alguien en la sombra, aparece

Lola, flor marchita soy
Prefiero la muerte a vivir sin tango,
Bulerías ni fandangos
Y así me despido, adiós

Antonia OlivaGrupo B


Marisa Floja
Marisa floja nació en Río de Janeiro, en el seno de una familia acomodada. Corría el año de 1965, que empezó con grandes expectativas y acabó como todos los años. El padre era “Registrador da Propriedade e Administrador de Condominios”, y la madre “Inspectora do Tesouro Público”. Al mirarlos desde la cuna empezó a reírse, ya fuera por el aspecto grave y ridículo que tenían, o como reacción a un primer pálpito de soledad que no iba a abandonarla nunca. Para callarla el médico le recetó cápsulas de saudade, que la tranquilizaban.

Usaba, ya cuando era joven y empezó a participar en una Escuela de samba, una barra de labios roja con la que se pintaba una especie de soles en las mejillas, y que le servía también para escribir mensajes cuando le daban accesos de silencio y melancolía.

A pesar de su belleza nunca la nombraron reina, ni la invitaron a la carroza principal porque no era nada sexy que se desternillase tanto de la risa. Tuvo algunos novios, que la terminaban abandonando porque no la entendían.

Así que con gran dolor de su corazón dejó la samba y empezó a pensar en qué iba a hacer cuando fuera mayor.

Se ponía seria, incluso triste, cuando estaba sola, pero en sociedad, o en familia –con el registrador, con la inspectora, tan circunspectos- no podía evitar una risa que a veces atacaba sus defensas y casi llegaba a asfixiarla. Por eso –y para controlar esa risa floja, enormemente contagiosa pero con un final anémico- llevaba siempre consigo las cápsulas de saudade, igual que los enfermos del corazón llevan sus pastillas para prevenir el infarto.

En un anuncio de un circo que iba a pasar por la ciudad habían escrito este poema:

“Los payasos son la Sal
Los niños son la Vida
Y en el Mar de nuestro circo
Su Risa juega con las olas.”

Marisa leyó aquellos versos y se sintió predestinada. Así que se hizo payasa. Aparte de la nariz postiza, y el rojo de labios, y la flor en el pecho -con su chorrito de agua para el payaso tonto- y la risa floja, Marisa no tenía nada más en el mundo. Bueno, la herida en el corazón, como ocurre a veces con los mejores payasos.

En Rio de la Plata le ocurrió un hecho extraordinario y totalmente inédito. Estaba en la pista central haciendo su número cuando sintió que un silencio extraño y ominoso invadía hasta el último rincón de la carpa. Ella continuó riendo, en completa soledad, cuando todo el mundo había abandonado sus asientos.

Al día siguiente la encontraron sin vida en el centro de la pista. Si fue la incontinencia de su risa que la dejó sin fuerzas y sin aire, o fue la soledad, o el desamor, o simplemente que ese día había olvidado sus pastillas de saudade, no lo sabremos nunca.

En el espejo de su camerino había escrito con su querido lápiz de labios rojo, la siguiente frase, que le sirvió de epitafio:

“A llorar de risa.” 

Ignacio AparicioGrupo A 


Sueños rotos
En el hogar del matrimonio formado por Dña. Casilda Mendoza y Díaz de Guzmán y D. Pedro Pizarro, un caluroso día de julio de 1920, en la ciudad de Trujillo, y tras los muros de un viejo caserón, vino al mundo su primera hija, hecho insólito que trascendió no solo por Cáceres, sino por toda Extremadura. La tal señora contaba con cuarenta y seis años de edad. De este hecho también se comentaba que la niña, en lugar del llanto del recién nacido, emitió unos sonoros “la, la, la” que sorprendieron a los presentes, y la dificultad que tuvieron para ponerle sus primeros patucos, tal era la fuerza de su pataleo. A esto había que añadir que el día de su bautizo, cuando el Sacerdote le impuso el nombre, Casilda Dominica del Pilar, dio tal salto que faltó poco para que cayera en la pila bautismal, de los acompañantes salió un “¡oooh!” por eso y porque ella les regaló una amplia sonrisa.

La niña crecía rodeada del cariño de sus padres. Era una niña guapa e inteligente, muy simpática y dicharachera, ¿Cómo iba a ser Casilda o Dominica?, tenía que ser Pili, que es como se hizo llamar, inadecuado para una señorita, según su madre.

A la hora de los juegos, más que al corro, a las tabas o la comba, le gustaba jugar a hacer comedias, inventaba personajes, el suyo siempre bailaba, cantaba, contaba chistes, el armario de su madre le proporcionaba el vestuario, algunas veces hacía de señora elegante. Una institutriz venida de Francia se encargaba de ampliar los conocimientos que recibía de las monjas de su colegio, así se inició en el aprendizaje del francés, con ella desarrolló su afición por la música, por el baile.

Fue descubriendo un mundo más allá del que vislumbraba desde el torreón de su casona, los libros que leía y las revistas que le proporcionaba Madeleine, le dieron a conocer otra forma de vida, sintió que los muros le aprisionaban, que necesitaba, igual que sus antecesores salir, buscar nuevos mundos y vivir otra vida.

Al cumplir los dieciocho años, acompañada por Madeleine, marchó a Madrid bajo pretexto de acudir a una Escuela de Música. Con frecuencia acudía a fiestas en casa de amigos de Madeleine, allí conoció a Lys que le habló de su trabajo, quedó deslumbrada, descubrió que esa era la vida que ella quería.

Y un día la llevó al teatro, la esperaban, el encargado quedó impresionado. Lys no había añadido ni una palabra al describirla: joven, bellísima, morena, su cuerpo bien ajustado a los cánones de la época, una verdadera joya, quedó contratada. El primer paso que hubo de dar fue elegir un apellido adecuado, recordó un circo que pasó en ferias por su pueblo, Circo Hollyday, desde aquel día sería Pili Hollyday.

Para su primera actuación, Lys le animó a tomar una cápsula, “sustancias naturales” le dijo. Pasaron unos cuantos meses y llegó a ser una más del grupo, una chica de conjunto, como les llamaban, si bien ella destacaba por su simpatía, su picardía al entonar las cancines, sus bailes en la barra, sus labios pintados con una barra de un rojo intenso, que hacían la delicias de los hombres, pero ese ambiente lujurioso, no era con lo que ella soñaba.

Una de las chicas le leyó un poema, hablaba de sueños, de ilusiones, de juguetes rotos, por un momento voló sobre ella una nube de melancolía, que los acordes de un piano borraron al instante.

Y un día, uno de los jefes le propuso salir de allí, formar su propia compañía, su corazón dio un vuelco, dejaría de ser Pili Hollyday, la chica de conjunto, y ser una vedette respetada y admirada. Él la introduciría y acompañaría en su nueva andadura. El destino que le propuso, Singapur, le sorprendió, pero se dejó convencer por el paraíso que él le aseguraba que encontraría allí, le hizo ver su nombre con luces de neón. Partió con una maleta llena de sueños.

Unas líneas del periódico local de Trujillo, del13 de febrero de 1943, recogió la noticia. Ha sido encontrada sin vida en un callejón de Singapur, la joven Casilda Dominica Pilar Pizarro Mendoza. En su autopsia encontraron su corazón roto, en su cráneo una maleta llena de sueños sin realizar y junto a ella una rosa. Nuestras más sentidas condolencias a sus padres. ¡Descansa en paz Pili Hollyday!

Inés Izquierdo PérezGrupo A


Marisa Floja
(Payasa de profesión) 18 de marzo de 2017

Marisa Floja nació en Río de Janeiro en 1965. Haciendo honor a su apellido era realmente una floja flojísima. Cuando tenía 10 o 12 años decidió que quería ser payasa de profesión. Cuando se lo comunicó a sus padres, estos creyeron morir y enfermaron de forma tan grave, sobre todo el padre, que fue necesario hospitalizarlo y se le tuvo que administrar cápsulas tranquilizantes a tutiplén porque bien creyeron todos que moría del tremendo ataque de disgusto y rabieta que le poseyó durante un largo periodo de tiempo, imposible de determinar con precisión. Pero, Marisa Floja era terca a morir y no dio su brazo a torcer. De modo que, se convirtió en payasa y de ello hizo su profesión. Los años fueron pasando rápidamente, la payasa Marisa Floja ponía mucho empeño en ejercer dignamente su profesión, pero el éxito no la acompañaba, sus chistes no provocaban la risa ni en grandes ni en chicos de todos los espectadores que acudían a diario a las representaciones circenses del circo ambulante que ahora era su hogar. Un día, a Marisa se le ocurrió la idea de pintarse los labios con una barra de labios multicolor para distraer a la audiencia con sus muecas, de este modo conseguía distraerlos de lo flojos, insulsos y faltos de gracia que eran sus insípidos chistes. Aunque realmente y en honor a la verdad, hay que reconocer que la pobre Marisa ponía todo su empeño y corazón esforzándose al máximo. Sin embargo, nada había gracioso ni en sus actuaciones ni en ella misma. Al cabo de veinte años de profesión de payasa, en continuo tour por todos los lugares más recónditos del cono sur americano y por supuesto todo Brasil, un día decidió que cambiaría los chistes por la lectura de sus poemas en sus actuaciones. Siempre había escrito poemas desde muy temprana edad, ya que era algo que no interfería con su flojera innata. De modo que, en lugar de dedicar y perder energías en encontrar chistes nuevos y situaciones graciosas, concentró todos sus esfuerzos en escribir poemas. Así fue como consiguió ser tan buena poetisa, que fue incluso laureada en los mejores circos a miles de kilómetros a la redonda. Desgraciadamente en el verano austral de 2014, un poeta fracasado y celoso de Marisa Floja le envió una rosa envenenada cuando estaba en plena actuación en Río de la Plata. Marisa Floja, cayó fulminada en el mismo centro de la pista central nada más aspirar el perfume de la mortífera flor. Y,¡colorín colorado el cuento de la Payasa Marisa la Floja ha terminado!

RIP

Descanse en Paz
Ja, ja, qué risa.
La gran Marisa Floja:
Payasa fracasada
Pero sobre todo gran poetisa

Mª Nieves C. Martín Magdalena
Grupo B


Yanis CarambolosMillonario. Atenas, 1912 - Beisut, 1997

Yanis Carambolos nace en Atenas en el año 1912, es el tercero de los hermanos, su familia es de clase alta, se dedican a la agricultura y la ganadería. Yanis recuerda el día que le detectaron los dolores en el cuerpo y por eso tiene que tomarse unas cápsulas para el dolor, a la hermana de Yanis le gusta pintarse los labios.
Ademas Yanis recuerda que no ha tenido suerte en el amor y que le han roto el corazón, algunas parejas que han tenido.
Yanis en sus ratos libres le gusta escribir poesía, recuerda el día que se presentó a un concurso y ganó. Fue el día más feliz de su vida.
Yanis murió en el año 1997, de madrugada, su familia y amigos le dejaron flores en la tumba y se despidieron de él como merecía.
Yanis quiere que se le recuerde por su forma de escribir .

David Álvarez Sánchez
Grupo B


Gustavo Pocapasta 
Soria, 1805-1830


Gustavo Pocapasta fue un reconocido poeta soriano, pese a su corta vida (El apellido, hoy en día parecería ser una burla del destino pues, sus padres, acomodados hidalgos, no carecían de fortuna pero en su época no tenía ningún matiz peyorativo)
Fue un niño enclenque desde su nacimiento, a menudo estaba enfermo, y sus progenitores no sabían qué hacer para fortalecer a su retoño .Afortunadamente, unas cápsulas medicinales recién inventadas, hicieron su labor y el niño mejoró notablemente y pudo llevar una vida normal, aunque siempre bajo cuidados especiales por parte de sus padres.
Desde niño se sintió atraído por la poesía, sin duda influído por su maestro de escuela, el cual les recitaba frecuentemente poemas que les hacía aprender y declamar. También en casa, su madre, mujer culta y refinada, le inculcó, desde muy pequeño, el gusto por la literatura. Gustavo la adoraba y la escuchaba con embeleso, cuando cada noche le leía algún cuento o poema. Y cuando iba a buscarlo a la salida de la escuela, se sentía el niño más feliz, se le salía el corazón de gozo al verla allí, tan guapa, con sus labios rojos que a él le llamaban especialmente la atención ( y ella, mujer coqueta, no salía de casa sin sus labios bien pintados y la barra de carmín en su bolso por si tuviera que retocárselos)
Acabados brillantemente sus estudios en un instituto soriano, se traslada a Madrid para cursar carrera de Letras . Lleva en su equipaje, un montón de poemas que ha escrito en su adolescencia ,y el sueño de llegar a ser un día un poeta reconocido . Se instala en una Residencia estudiantil y comienza una carrera que termina brillantemente.A los 22 años es ya un licenciado en Letras¡ Su estancia en Madrid, durante sus años de estudio, ha sido muy fructífera, ha contactado con otros poetas, entre ellos Espronceda, el poeta pacense al que admira y que ya tiene cierto prestigio en los círculos literarios. Animado por él y otros escritores, decide presentar sus poemas a un editor que , entusiasmado con su poemario, decide publicárselos. Gustavo no podía creer que el sueño que albergaba al dejar su Soria natal iba a hacerse realidad.
El libro es un éxito y Gustavo empieza a ser reconocido en el mundo literario. En Soria, le hacen diversos homenajes , reconociendo su valía.Sus padres no pueden sentirse más orgullosos de su retoño. Consigue un puesto de profesor en un instituto madrileño y sigue editando pequeños poemarios. Corre el año 1924 y en el otoño empieza a sentirse mal, tose, se encuentra muy cansado y su rostro tiene un aspecto bastante macilento pero, no le da demasiada importancia y no acude al médico . Llega la Navidad, y como todos los años, va a Soria para pasar las fiestas con su familia, aquejado ahora de fiebres altas y ya muy debilitado.Su estado es muy deplorable y sus padres alarmados, acuden a los mejores médicos.Demasiado tarde : el diagnóstico es terrible : tuberculosis aguda, no hay nada que hacer. Muere el 15 de Enero de 1830. Una rosa roja,de procedencia desconocida acompañaba su tumba ...

Rosa Celia González Monterrubio
Grupo B

¿Algo que sucede en el pasado?

La sesión del lunes, 7 de marzo, la dedicamos a la lluvia. La sala de Fondo Local fue cubriéndose de nubes grises que amenazaban agua. Comenzó a llover. Primero una lluvia fina de ideas y de palabras: aguja, nostalgia, lágrimas, charcos, infancia, música. Después una lluvia rítmica y acompasada. Finalmente un aguacero.
Hablamos de la presencia de la lluvia en las canciones tradicionales, de recuerdos de infancia asociados a la lluvia, de cómo las palabras nos empapan, de lo diferente que es la lluvia cuando es deseada o cuando es inesperada, de lo importante que supone mojarnos en las situaciones sociales que demandan nuestro compromiso.

Primero llenamos la mirada de lluvia. Y en esa labor nos ayudaron algunos pintores:




Seascape Study with Rain Cloud de Constable



Calveros de flores después de la lluvia de Kandinsky



Camposanto en la lluvia de Van Gogh



Paisaje con lluvia de Kandinsky



Snow Storm  de Turner



Viajeros en la lluvia de Hiroshige


Después empapamos bien las palabras en lluvia. Neruda y Borges nos ayudaron con sus poemas:

La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado 
Porque ya cae la lluvia minuciosa. 
Cae o cayó. La lluvia es una cosa 
Que sin duda sucede en el pasado. 

Quien la oye caer ha recobrado 
El tiempo en que la suerte venturosa 
Le reveló una flor llamada rosa 
Y el curioso color del colorado. 

Esta lluvia que ciega los cristales 
Alegrará en perdidos arrabales 
Las negras uvas de una parra en cierto 

Patio que ya no existe. La mojada 
Tarde me trae la voz, la voz deseada, 
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Jorge Luis Borges

Llueve

Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.

Pablo Neruda

Y cerramos con un microrrelato en el que un pequeño detalle meteorológico tiene una enorme trascendencia:

Amor de lluvia

Siempre he amado la lluvia.
Aquella mañana de sábado, las gotas recorrían su frente tras resbalar de su pelo rubio, hasta alcanzar ese ardiente escote y morir en sus volcanes. Luego de esquivar un último charco, nos secamos la lluvia bajo sus sábanas rosas, envueltos en la melodía del agua contra sus cristales.
Ya sólo me restaba concretar mi coartada para evitar las sospechas y preguntas de mi mujer. En mi móvil, yo guardaba fotos de comidas y cenas de trabajo, así como de mi oficina. Como únicas premisas: nada de selfies (mi pelo, barba e indumentaria podrían indicar que la foto no fue tomada en tiempo real), ni de relojes ni calendarios. Para la ocasión, escogí una foto interior de mi oficina, y le añadí el texto “finalizando inesperadas tareas de un aburrido sábado”, justo antes de enviarla a mi querida esposa. Inmediatamente, borré la imagen para no volver a utilizar esa misma en el futuro. Las nuevas tecnologías podían ser las cadenas que me mantenían localizado y controlado, pero también la herramienta para evitar esa condena.
Al llegar a mi casa, la encontré vacía. Mi mujer no respondía mis llamadas y mensajes. Ni una nota, ni una pista… salvo el ordenador encendido.
Desbloqueé la pantalla, y apareció la foto que yo le había enviado a su móvil. A esa escala, se apreciaban mejor los detalles: montañas de papeles ordenados sobre mi mesa, un teléfono, bolígrafos, la parte posterior de mi monitor… y en la esquina superior derecha de la imagen, una esquina inferior izquierda… ¿de qué?
Al ampliar la foto, en esa zona se distinguía una mínima fracción de una pequeña ventana. Mostrando un cielo rabiosamente azul y ajeno a la belleza de la lluvia que había empapado el día sin conceder un respiro.
Siempre he amado la lluvia. Hasta ese maldito sábado en que me costó un divorcio.

Pedro J. Martínez


Calados de palabras hasta los huesos nos preguntamos finalmente si tenía razón Borges cuándo decía que la lluvia es algo que sucede en el pasado. Y la voz de El Cabrero rompió a llover:




Propuesta de escritura

Propusimos como tarea trabajar con diez palabras relacionadas con el término "nube" y con las ilustraciones que Elena Odriozola hizo para el libro UR: LIBRO DE LLUVIA, con Juan Kruz Igerabide y Oihane Igerabide publicado por Cénlit Ediciones







Y estos son algunos de los trabajos enviados hasta ahora:


Hombre mojándose y caído en el suelo

Al salir de casa para ir al trabajo, pensé en llevarme un chubasquero, ya que el telediario amenazaba un día de lluvia. Comenzó a llover de repente y aceleré el paso para tratar de llegar a unos soportales próximos.
Con las prisas me resbalé con una baldosa movible del suelo y me senté en un pequeño charco. Una pareja que pasaba riéndose debajo de un paraguas no me hizo ni caso, una señora desde la ventana miraba a la calle.
Yo siempre había pensado que la lluvia era riqueza para el campo, los ríos se llenaban de agua, se aprovechaba el día para estar en casa y leer, y al fin lo precioso de ver salir el arco iris.
Creo que a partir de hoy mi visión sobre la lluvia va a cambiar un poco.

Luis Iglesias
Grupo B


Lluvia en la piel

Lágrimas de cielo
tintinean en el aire.
La piel se hidrata,
limpia su textura,
barnizada de amor.
Lluvia de deseos,
 peina la alegría
en un perro silencioso.
Vuelo de gotas
salpica su pelaje de algodón,
empapa los sentidos
para envolver de luz
el mar de su mirada.

Sofía Montero
Gupo B


Un perro bajo la lluvia

Serían las 4:00 de la tarde cuando me dio la peste a perro mojado. Esperaba a que vinieran por mí en el banquito justo bajo el alero. De todas formas, la cara se me llenó de gotitas diminutas y frías, pues aunque la lluvia había amainado y ya era más bien leve, caía en diagonal. Siempre había perros realengos por allí. Algunos se escondían bajo los autos estacionados, mientras otros husmeaban por el puesto que vendía sándwiches.
La más que me conmovía era la perrita amarillenta que solía acostarse bajo el banco junto al que estaba sentada. Era grande y mansa. Arrastraba dos hileras de tetitas hinchadas. No faltaba quien le llevara algo de comer. Ese día no la vi. Me pregunté si ya algún carro la habría golpeado o si alguien la habría adoptado, dos destinos válidos para una criatura como aquella.
Miré en derredor, nada, ni uno solo de aquellos animales. Supuse que habrían buscado resguardo, pero el olor rancio, inconfundible, persistía. Me puse en pie al ver que llegaban por mí. Tuve que abrir el paraguas y caminar un tramo. Entonces vi al perro mojado, muy peludo, la pelambre blanca y grisácea chorreando. Apenas se le veían los ojos cubiertos por los pelos. Traté de esquivarlo y me ladró dos veces. No en son de amenaza, sino como si me saludara, como si hiciera un comentario banal sobre el mal tiempo o me preguntara por un conocido en común. Le sonreí y siguió su camino. Maloliente y sin paraguas, abría grande la boca para que se le llenara de agua.

Ismarie Díaz Flores
Grupo B


La estación de las lluvias

Tus ojos no paraban de llover; han sido días de silencio y de miradas. Primero, me huías, te escondías, volabas ligera camino del sol ardiente como si quisieras –mariposa- que acabara contigo de una vez por todas.

Llegaron las nubes y  tu tristeza era aún más grande vestida de gris, más inaccesible si cabe, con toda la sed acumulada de noches y noches sin agua.

Hoy ha amanecido lloviendo; parecía que el cielo se desplomaría sobre nosotras. Todo está mojado y no tiene pinta de parar. Hasta Leo, el perro de las vecinas, ha venido a cobijarse al alero de nuestra casa. Y estando sentadas, juntas, como hipnotizadas por el continuo repiqueteo de esa cortina de lágrimas, ha sucedido el hechizo y has comenzado a hablar y ya nada podía pararte.

Con tus palabras se ha formado un río que se ha llevado corriente abajo tu dolor pasado, tu vergüenza, tu no entender, tus porqués sin respuesta. Y cuando a Leo le ha dado por sacudirse con todas sus fuerzas y nos ha puesto perdidas de agua, las lágrimas se han tornado en risas y las risas en abrazos y – como activadas por un resorte- hemos salido del portalillo y nos hemos sumergido en ese lago vertical que, a fuerza de risas, de agua y de lágrimas nos ha purificado. Y cuando me has mirado a los ojos he sabido que sabías y que – por fin- comenzaba a amanecer.

Mientras volvíamos hacia la casa con Leo saltando a nuestro alrededor, una monja nos miraba desde una ventana con gesto de desaprobación.

Javier Portilla
Grupo A


Llueve sobre Mojados

Bárbara escuchó aquellos latidos irregulares provenientes del canalón y supo instantáneamente que la lluvia se asomaba a las ventanas de su casa. Se levantó de la silla como un resorte y, con cuidado, caminó aprisa hasta llegar al patio de luces. Por suerte, la casa no tenía secretos para ella. La terraza daba a un hoyo blanco sorteado de oscuros tragaluces de los que colgaban prendas recién lavadas. Una vez más, ganó a su madre y a su hermano detectando el chaparrón, y llegó justo a tiempo para retirar la ropa seca antes de que terminara pasada por agua. De vez en cuando, con las prisas, a Bárbara se le escapaba algún calcetín que acababa cayendo en el patio del primero. Pero su madre se guardaba el secreto y bajaba a pedírselo a la vecina en silencio, dejando a Bárbara disfrutar de su momento. Adelantarse y recoger la colada antes que nadie era una de las pocas cosas que le devolvían la ilusión desde el accidente.
Con el tiempo, la joven había conseguido reconciliarse con la lluvia hasta llegar a perdonarle el papel que tuvo en el accidente. Pasó meses enteros repitiéndose machaconamente la misma pregunta, sin encontrar respuesta alguna: “¿por qué decidimos coger el coche en medio de la tormenta?”. Y una corriente de tristeza y dolor recorría su cuerpo cada vez que el aguacero caía sobre las calles de su pueblo castellano. Apenas guardaba imágenes del accidente, pero sufría el dolor del recuerdo posterior. Tenía grabado su despertar, el momento en el que tuvo que despejar la incógnita de la ecuación más difícil de su vida. Y es que la combinación fatal entre tempestad y tráfico dio como resultado la ausencia de un padre para siempre.
Los médicos le dijeron a su madre que “había vuelto a nacer”. Eso sí, no en las mismas condiciones. El milagro no había sido gratis: esta segunda oportunidad la pasaría viviendo a ciegas y en un cuerpo remendado de arriba abajo. Por ello, Bárbara se terminó dando cuenta de que, privada de la vista, la lluvia era uno de los pocos elementos atmosféricos que podía sentir en una tierra asolanada, cuyo paisaje estaba definido casi siempre por la intensidad variante de los rayos del sol. Porque, a pesar de que su pueblo se llamase “Mojados”, no era excepción a la regla castellana.
En otro tiempo, el agua había sido un incordio para ella. Odiaba caminar con los pies mojados, arrastrar los bajos del pantalón llenos de barro y llevar las gafas moteadas de gotas que emborronaban su visión. Esos días grises privaban del buen ánimo a cualquiera y más en una tierra tan poco acostumbrada. Sin embargo, en su nueva situación, Bárbara había aprendido a admirar los días de lluvia: ya le daba igual pasear con las gafas chorreando y se había comprado unas botas de agua para caminar sin miedo sobre los charcos.
Faltaban pocos días para la fecha del fatídico aniversario y aunque había recuperado cierta normalidad en su vida e incluso había vuelto al instituto, seguía sintiendo miedo. Mojados no era muy grande pero lo suficiente para perderse y acabar siendo, una vez más, el tema de conversación. También sentía miedo ante la perspectiva de tropezar y sufrir otro percance de nuevo. Por eso, nunca salía sola a la calle, su hermano o su madre siempre la guiaban. Y sin embargo, sabía que aquello no podía durar para siempre. Necesitaba volver a ser dueña de sus pasos y aceptar, por fin, su ceguera.
Y aún tenía una deuda pendiente con su padre, casi un año después. Le habían enterrado mientras ella estaba en el hospital con un pie en otro mundo. Y Bárbara nunca llegó a ir al cementerio, por evitarles el mal trago a sus acompañantes. Hasta aquel sábado gris. Si estaba lloviendo, tan cerca de la fecha, era por algo. Bárbara siempre decía que, en Castilla, la lluvia elegía sus momentos a conciencia. Por ello, aprovechó un instante de soledad en casa para enfundarse su chubasquero y sus botas de agua, mientras agudizaba sus oídos, buscando identificar el tipo de lluvia al que se iba a enfrentar. Había empezado siendo un sirimiri pero ya pinteaba; era una lluvia agradable.
No cogió paraguas, no se manejaba bien con él y con el bastón a la vez. Bajó las escaleras con sigilo, haciendo memoria y ordenando la ruta que debía seguir. El cementerio se encontraba relativamente cerca de su casa. Abrió la puerta del portal y recibió una bofetada de humedad y aroma a tierra mojada. Desde el umbral, sacó la palma de su mano para medir el calibre de las gotas. Adelantó su bastón y dio el primer paso, intentando desterrar los terribles pensamientos que acampaban en su cabeza desde hacía un año.
El viaje tenía algo de iniciático. Bárbara andaba despacio, pero no tenía prisa: hasta mediodía no volverían a casa. Las vibraciones constantes de los adoquines rayados en las aceras dieron paso a la superficie silenciosa del asfalto. Ya casi fuera de Mojados, las calles se estrechaban y las aceras desaparecían. Sabía que iba en buena dirección gracias a las ráfagas de sonido que dejaban los coches tras de sí y que sentía cada vez más cerca. El cementerio estaba a las afueras, justo al lado de la transitada carretera que conectaba el pueblo con la autovía. Pronto dejó atrás el asfalto y sintió cómo sus botas se hundían en el embarrado camino que desembocaba en el cementerio.
El bastón se deslizaba con mayor dificultad por la irregularidad del terreno, lleno de piedras. La lluvia arreció y cobró fuerza, pero no le importó. El viento soplaba con fiereza, libre de edificios a su alrededor. Pero ya estaba casi llegando y no le prestó atención. Por dentro, Bárbara repasaba las nítidas imágenes que le quedaban de su padre en la memoria. Sintió cómo lágrimas calientes comenzaban a almacenarse en sus ojos lastimados.
Y tropezó. El bastón, mojado, no frenó la caída y, de pronto, Bárbara se vio con las rodillas hundidas en el barro y las manos ardiendo de haber parado el golpe. Sintió los latidos del corazón, acelerados, sacudiendo sus sienes y recordó por un segundo el golpe que le dejó sin vista y sin padre. La tromba de agua le llovió en la espalda, inmisericorde. Y rompió a llorar en silencio, petrificada bajo la lluvia, anclada en el barro. El tiempo se desdibujó y las fisuras en su cuerpo y mente quedaron a la luz, reflejadas en el agua de los charcos que la rodeaban.
Hasta que aflojó la lluvia, dando paso a una cierta claridad que no pudo ver. Con las gafas anegadas de agua por dentro y por fuera tanteó la viscosa tierra a su alrededor, en busca del bastón que se había escapado de su mano. Se incorporó lentamente mientras escuchaba el ruido de fondo de los coches alborotando los charcos en la carretera, todos ellos ajenos a su tragedia.

Beatriz González
Grupo B


Lluvia

“ Llueve en mi corazón…” ( como dice en uno de sus poemas Paul Verlaine) al ritmo de la lluvia que incesante cae fuera.  En estos días grises me invade la  melancolía, pero es una sensación que no me disgusta.
Estoy en casa, oyendo el tintineo de la lluvia al chocar contra los cristales empañados de mi habitación.
Decido, una vez más, salir a dar un paseo por un bosque cercano. Me calzo mis botas katiuskas, cojo el paraguas y salgo de casa, dispuesta a chapotear en todos los charcos que encuentre en mi camino; desde niña tengo esta infantil costumbre. El olor a tierra mojada inunda mis sentidos y  me siento relajada.
Cuando llego al bosque, una leve brisa envuelve el ambiente y observo como las nubes van despejándose, al tiempo que un  arco-iris empieza a mostrarse..Cierro el paraguas para sentir sobre mi rostro, las débiles y esparcidas gotas que aún caen; es algo muy placentero que me invita a soñar.
Elijo caminar por un sendero. Apenas he recorrido unos metros, cuando piso unas hojas mojadas , resbalo y caigo de espaldas, soltando al aire mi paraguas .Un pequeño susto, lo confieso pero afortunadamente, un lecho mullido, como si estuviera esperándome,   me acoge suavemente  y no me hago ningún daño. Me quedo allí unos instantes, contemplando la hojarasca entre las nubes.
 Después me levanto lentamente , estoy un poco mojada pero no me importa; sacudo mi gabardina, ahora manchada de barro; una leve sonrisa inunda   mi rostro, recupero mi paraguas y, reanudo mi camino..Me siento bien.

Rosa Celia González
Grupo B


Esperando el autobús

Junto a la marquesina de una parada del autobús, se encuentran cuatro personas. Dos de ellas son jóvenes, a continuación un hombre, que viste una gabardina clara, y   por  último una mujer con un abrigo oscuro. No parecen conocerse entre ellas, salvo los jóvenes, varón y hembra, que ataviados con una vestimenta  similar, podrían ser alumnos de un colegio próximo. La tarde está en calma, la temperatura es benigna y el cielo con algunas nubes que con frecuencia ocultan los rayos solares. Todos esperan la llegada del autobús. Para aliviar la espera, los jóvenes abren sus libros de texto y leen, el hombre de la gabardina mira hacia arriba –presiente que en cualquier momento puede empezar a llover- y la mujer, con una mirada difusa, parece estar embebida en recuerdos felices.
El autobús no llega. La carretera está ocupada por diversos coches que circulan a diferente velocidad dejando un ruido en el ambiente, que se hace monótono.  De pronto, comienza a llover.  Finas gotas empiezan a caer y en su itinerario hacia el suelo, se dejan mecer por una leve brisa, que parece acunarlas. Los  colegiales cierran sus libros y al igual que las otras dos personas se refugian bajo la visera de la marquesina. La lluvia arrecia. El ambiente, en breves instantes, se inunda de un agradable olor a tierra mojada, que tantos recuerdos evoca. El autobús no llega. Las gotas de agua al caer con fuerza sobre el cristal de la marquesina crean extraños acordes simulando una orquesta en la que predominan los instrumentos de percusión. La espera se hace angustiosa, ante la tardanza del vehículo esperado. Para hacerla más soportable contemplan el fenómeno climático. Entonces se produce un hecho extraordinario: entre las plomizas nubes se filtra un rayo de sol que al incidir con las gotas de agua llena todo el espacio de perlas. Parece un milagro de la naturaleza. Y las perlas son de distintos tamaños y colores. Por un momento parece como si el cielo se desprendiese de todas sus joyas y las enviase a la tierra a través de la lluvia.
 Al fin, en la lontananza se columbra un vehículo alto que pudiera ser el esperado. La lluvia sigue cayendo. Poco tiempo después, el autobús llega, y tras una breve parada para que suban los viajeros, arranca hacia su destino.
Ya en el autobús, por una de las ventanas laterales, se divisa en el horizonte un bellísimo Arco-Iris de colores muy intensos que orla, como si fuese una corona, un templo de elevado campanario construido sobre un cerro.

Ramón Sánchez Rodríguez
Grupo B


La niña
Caen recuerdos con la lluvia.
Hoy llueve en charcos de lodo. Es lluvia turbia que cuando cae remueve el fango aunque también florecen flores.
Hay tensión de lágrimas en los cristales que no quieren correr.
Recuerdos de invierno de calles vacías y lluvia clara que desfilaba por la cuesta entre el empedrado limpio para acabar en un cauce dónde se junta con mucha más lluvia y se forma otro cada vez más y más caudaloso hasta que llega a la boca que lo engulle.
A la salida del colegio una niña quiere representar bajo la lluvia su Obra, “¿Letras o gotas?”.
Mientras el narrador lee el cuaderno, la niña recoge las palabras en un bombín que ha depositado en el suelo
La moraleja es que si las letras se pueden fundir en lluvia, a las guerras se las puede llevar la corriente.

Antonia Oliva
Grupo B


Arco iris
Claros y nubes están anunciados chubascos, el sol se asoma de forma tímida, ¿quién podrá más? En mis planes para aquella tarde estaba darme un largo paseo hasta El Puntal, necesitaba mover las piernas, necesitaba que la brisa del mar me refrescase por dentro y por fuera, tenía que aclarar ideas, tomar decisiones, pensar, pensar mucho. La mañana había sido dura, la actitud de María, sus palabras, me habían caído como un jarro de agua fría, ¡menudo chaparrón me cayó!, sentí que nuestros planes se esfumaban, tendríamos que volver sobre el tema, replantearnos nuestra situación, había que dar algunas explicaciones, pero no era aquel el mejor momento, no se habría avenido a escuchar ni oír con serenidad, dentro de ella había una tormenta de sensaciones, rayos y centellas salían de sus ojos y boca, ¿cómo había llegado a esas conclusiones?, ¿ cómo podía pensar, dudar de que mi amor no era sincero, fuerte, verdadero, que era tan imbécil cómo para preferir una timba, como despectivamente la llamaba ella y, que en aquel momento yo también maldije?, había perdido parte del dinero destinado a nuestras vacaciones. Yo tampoco estaba en el mejor momento para un diálogo tranquilo. Opté por la retirada, seguro que ella también reflexionaría, confiaba que después de la tempestad llegaría la calma y al día siguiente podríamos hablar sosegadamente, siempre que llueve escampa, pues en eso confiaba yo, que esos nubarrones negros, que habían descargado tanta agua y parecía que arrasado nuestras ilusiones, y habían sido como un rayo destructor, al vaciarse, el sol brillaría con todo su esplendor y el arco iris volviera a lucir en nuestros planes.

Y sí salió el sol y, sí hubo arco iris, reflexionamos y nos dimos otra oportunidad, venció el amor a la tormenta. Una lluvia suave, serenita, lavó las malas sensaciones.

Inés Izquierdo
Grupo A


Perro mojado por la lluvia
Se había acercado al acantilado, el perro empapado por la lluvia.
Se acercó donde un grupo de narcisos adornaban el borde y donde la lluvia provenía del mar con frío, nubes oscuras terminó completamente por empaparle.
Por la noche siguió lloviendo con fuerza, y la melancolía acercó al perro a la orilla del mar, donde la arena empapada dibujaba el contorno de las olas que iba acercándose al lugar donde estaba el animal.
La pasión se adueñó del alma del perro cuando un niño fue a acariciarle: con mucho amor y ternura le rodeó en sus brazos. Se había echo tarde, el perro acompañado del niño fue acercándole a su hogar, donde los padres del niño le esperaban impaciente y preocupados.

Iria Costa
Grupo B


Lluvia

Después de clase Jaime y sus compañeros de clase deciden jugar un partido de fútbol pese hacer mal tiempo.
Al primer minuto de partido empieza a caer una borrasca.
Jaime y sus compañeros de clase se meten debajo de un soportal para protegerse de la gran lluvia que ha empezado.
Después de estar más de cuarenta y cinco minutos debajo del soportal deciden irse cada uno a su casa.
De camino, mientras va Jaime a su casa le pilla otra ver la lluvia, encima ha empezado a caer una granizada. Jaime para ir mas rápido y que no le pille la lluvia pasa por encima de los charcos para mojarse las piernas.

David Álvarez
Grupo B

Minificción. El arte de lo breve

La sesión del lunes, 27 de febrero, la dedicamos a la minificción. Hablamos de la estética de la brevedad, de cómo el microrrelato se ha abierto camino en esta sociedad apresurada que economiza palabras y vive con cierto vértigo, de la falta de acuerdo entre los teóricos del género por aglutinar los textos hiperbreves bajo un término que contente a todos.



Acudimos a un microrrelato para tratar de definir qué nos traemos entre manos. Se trata del texto "¿Qué es un microrrelato?" de Juan Sabia, publicado en la antología "Por favor, sea breve 2" de la editorial Páginas de Espuma:

La pregunta fue el detonante para poner en marcha su intelecto. Lo tentó el desafío de capturar la definición huidiza. Sus pensamientos, embarcándose en una cuenta regresiva, se engranaban como piezas de un aparato de relojería. ¿Sería un cuento en miniatura? Le ardieron las mejillas. ¿O un chiste repentino? Le sudaba la frente. ¿Reflexiones certeras? Las sienes le latían. ¿Prosa poética súbita? Se le nubló la vista. ¿Una ocurrencia breve? Un zumbido creciente se instaló en sus oídos. ¿Anécdota efímera, narración concisa? Un temblor imparable se generó en su centro. ¿Fábula rápida, relato precario, idea inesperada? En pleno arrebato, vivió con alivio de condenado a muerte su propia explosión.
Sonrió. Tal vez fuese esto: el detonante en la primer línea y, unos pocos renglones más abajo, el estallido imprevisto. Y se puso a escribirlo.

Andrés Neuman, en su libro de cuentos Alumbramiento dice: "La teoría en la que confío no viene antes, sino después de la escritura. No la planea, la va descubriendo. O quizás esa teoría se forme durante la escritura, como un cuaderno de bitácora de la asombrada práctica". Dejamos aquí unos buenos consejos de Andrés de su "Décálogo de un cuentista":

I.- Contar un cuento es saber guardar un secreto.
II.-Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.
III.-El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.
IV.- En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.
V.- Los personajes no se presentan: actúan.
VI.- La atmósfera puede ser o más memorable de argumento. La mirada, el personaje principal.
VII.- El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.
VIII.- La voz del narrador tiene tan poca importancia que no debe escucharse demasiado.
IX.- Corregir: reducir.
X.- El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.
XI.- En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.
XII.- Narrar es seducir: jamás satisfagas de todo la curiosidad del lector.


Tarea de escritura

Propusimos como tarea continuar los inicios de las historias que José Calero Heras propone en su libro "De la letra al texto. Taller de Escritura", editorial Octaedro:

1.- Me perdí en el bosque y se hizo de noche. Alguien o algo me tiró del bajo del pantalón...

2.- Cuando iba a meterlo en el horno, el pollo me miró a los ojos y me dijo: ¡Por lo que más quieras!...

3.- El acomodador del cine encendió su linterna. Un reguero de sangre apareció a nuestros pies y lo seguimos...

4.- Había llegado mi hora. Cerré los ojos y oí el chirriar de la guillotina al caer hacia mi cuello. Entonces...

5.- El maitre me invitó a la cocina, donde dos tipos me sujetaron mientras otro me echaba aceite, ajo y perejil...

6.- Toda la casa olía a azufre. El diablo estaba sentado en mi sillón, frente al televisor...

7.- Me quedé dormido en el taxi. Cuando desperté, estaba rodeado por cuatro indios sioux...

8.- La ancianita, sentada a mi lado en el autobús, se encendió un puro y, después de escupir en el suelo, le gritó al conductor...


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:

La ancianita
La ancianita, sentada a mi lado en el autobús, se encendió un puro y, después de escupir en el suelo, le gritó al conductor…

-¡No vaya tan rápido!, ¡se está pasando de velocidad!

El conductor hizo caso omiso a sus palabras. Pensaba que hacía lo correcto con las personas que viajaban tranquilamente. La anciana sentía inseguridad, mezclada de tristeza y soledad. Pensaba en un posible accidente, pero no quiso insistir en la repetición de sus palabras, podría asustar a los viajeros, implicados en sus problemas diarios. Cuando llegó a la parada, tropezó con sus zapatos ajados. Afortunadamente salió ilesa. La pesadilla había acabado. Respiró profundamente hasta llegar a su casa, donde le esperaba Susi, su vieja gata.

Sofía Montero Martín
Grupo B


Nido, destrozado por el viento

Un nido descansa en las ramas de un árbol. La madre se posa al calor de sus huevos. Una ráfaga de viento huracanado troncha sus ramas. El nido cae destrozado. Los pájaros lloran junto a él. Entierran posibles vidas. Su vuelo, entristecido, descansa en la inmensidad del mar.

Sofía Montero Martín
Grupo B


Conflicto familiar
Adán encontró a Eva completamente vestida con otro hombre. El tipo lo amenazó con un plátano. Junto a Adán se hallaba su otro hijo, tan distinto a su gemelo Abel, quien, tras el divorcio de sus padres, había optado por vivir con su madre en la cueva del otro lado del valle. Aquella amenaza a un padre ya entrado en años, desató la ira de Caín, quien por un impulso irracional e incontrolable tomo del suelo una cagada de asno, se la lanzó y obligó a madre e hijo a retornar tras la línea que delimitaba su territorio.

La Historia, fundada en confidencias sin base sólida, transmitió la noticia a la humanidad como un asesinato. No tiene fundamento tachar de asesino a Caín, pues se da por cierto que de haberse celebrado juicio, el delito (de haber existido) ya habría prescrito.

Evaristo Hernández
Grupo B


Imagen primordial
Había llegado mi hora. Cerré los ojos y oí el chirriar de la guillotina al caer hacia mi cuello. Entonces hubo como un extraño deslumbramiento, tuve una sensación vertiginosa, aérea, y vi todo lleno de sangre mientras alguien gritaba desaforadamente. Ya en la cesta, me empezó a rodear gente que me miraba de hito en hito, haciendo muecas. Una mujer que parecía una reina rodeó mi cabeza con sus manos y la acercó a su seno majestuoso. Instintivamente, comencé a mamar.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Amargo despertar
Me quedé dormido en el taxi. Cuando desperté, estaba rodeado por cuatro indios sioux que con mucha ceremonia me bajaron del automóvil y me colocaron en una silla colocada en unas andas. Así me llevaron por un camino polvoriento flanqueado por otros muchos indios que a nuestro paso elevaban una serie de gritos que más que un cántico parecía una estampida de búfalos. Mi angustia entró en conflicto: me llevaban a la muerte o a la gloria. El recibimiento en el poblado, fue apoteósico. Después de bajar de aquéllas andas, me colocaron en un trono majestuoso y comenzó un espectáculo extraordinario. Me coronaron con un penacho lleno de vistosas plumas, me dieron a fumar de una gran pipa, me dieron un cetro y comenzaron un rito danzando en torno a mí y cantando canciones con música de tambores formando en conjunto la más bella sinfonía en la que participaba incluso el relinchar de los caballos, me...

La explosión de un barreno en una obra cercana, me despertó. Todo fue un sueño.

Ramón Sánchez Rodríguez
Grupo B


Genio y figura

La ancianita, sentada a mi lado en el autobús, se encendió un puro y después de escupir en el suelo, le gritó al conductor:
-La rebeldía no tiene edad.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo B


¡Qué pollo más tierno!

Cuando iba a meterlo en el horno el pollo me miró a los ojos y me dijo:¡Por lo que más quieras! , soy el padre del pollito con el que juegan tus hijos y, en ese momento, me volví vegetariana.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo B


La casa
Toda la casa olía a azufre.El diablo estaba sentado en mi sillón, frente al televisor, veía la película "El diablo se viste de Prada" . Yo le observaba a distancia .Pidió una pizza y una Coca-Cola y cuando terminó de comer se quedó dormido. Yo me encerré en mi habitación, debía dormir , me esperaba al día siguiente un duro día de trabajo. Cuando desperté ,no estaban ni él ni el coche. Me dirigí rápidamente a la comisaría para hacer la denuncia del robo . El coche apareció a las pocas horas, me subí a el ,lo arranqué y en ese momento sonaba en la radio una canción de Estopa cuya letra decía "me han echado del infierno dicen que es que me falta un pecado".

África Gómez
Grupo A


14029
_ ¿Qué pasa, no has oído la alarma?, ¿Qué hacías, comías gominolas a dos carrillos?, parecía que te atragantabas. Jajá. ¡Arriba!_

Di un salto, ducha rápida y, ¡a prepararme! Hoy toca camisa blanca, traje, corbata y zapatos brillantes. En el autobús camino del Teatro Real, muchas sonrisa. Es el día de la ilusión, de los sueños, nosotros con cantar la bola del gordo y los demás con que fuera su número el cantado.

Me correspondió cantar el bombo de los números. Uno, otro y..¡14029! ¡Cuatro milloneees de eeuros!.Había que acercarse a la mesa, tenían que comprobarlo. ¿Qué pasó en ese pequeño trayecto? ¿Quién me puso la zancadilla?, caí al suelo, ¡vaya revuelo! todos buscando la bola, no aparecía, no sabían que la bola me la había tragado y ¡yo sin poder hablar!, quería sacármela, gesticulaba, llevaba las manos a la boca, ¡me ahogaba, me ahogaba!

Eso eran “las gomilonas”. Jajá

Di un salto, ducha rápida, hoy es el día 22 de diciembre.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


Lotería Nacional Argentina
El niño que iba a cantar el gordo de la lotería tropezó y se tragó la bola.

El presidente tranquilizó a los jugadores:

— hay que “dar bola” a la boca del estómago y esperar, dijo.

Colocaron al niño con los pies para arriba para evitar que la bola siguiera su curso y los números se perdieran en la circulación sanguínea.
El presidente transmitió que las dos horas siguientes eran críticas e insistió en que la sala debía permanecer en silencio y con la atención puesta en los sonidos emitidos durante el proceso de la digestión.
A punto de “irse a pique” millones de ilusiones, comenzaron a oirse por toda la sala unos rugidos que cuando el niño logró modular, permitió a los asistentes escuchar con nitidez los cinco dígitos que componían el número ganador.

Antonia Oliva
Grupo B


El gallo de Morón
El maitre me invitó a la cocina, donde dos tipos me sujetaron me sujetaron mientras otro me echaba aceite, ajo y perejil; un tercero, el matarife, me eviscero con saña metiendo mano en mis entrañas por el orificio más recóndito de mi cuerpo.

Unas manos delicadas de mujer me aguijones con hierbas aromáticas e introduce limones y frutos secos en mi interior.

-Hora y media a 180 grados clama una voz áspera.

- ¿La comanda de la cuatro? Unas manos expertas vierten sobre mi un líquido urente y viscoso que me hace más atractivo.

Manos enguantadas me colocan sobre la mesa; los tenedores hienden mi carne; mientras en la televisión se oye una voz lejana que da cuenta de la desaparición en un restaurante de un crítico de la guía Michelin.

Lucio Gómez
Grupo A


No es lo que parece
Adán encontró a Eva completamente desnuda con otro hombre. El tipo le amenazó con un plátano
y Adán que miraba como Eva se desnudaba apresuradamente murmurando ¡Esto no es lo que parece! dio un paso adelante y cogiendo el plátano del tipo lo peló y se lo comió.

Beatriz Gorjón
Grupo A


La vuelta al día en 80 mundos
Érase una vez el día de la lotería de navidad. El salón repleto. Ese año ocurrió algo insólito nunca antes visto ni oído. El niño que iba a cantar el gordo de la lotería tropezó y se tragó la bola. Del susto tan tremendo y monumental el chiquillo empezó a inflarse y elevarse, elevarse e inflarse a ritmo vertiginoso, hasta desaparecer en los espacios siderales para asombro de todos los presentes, televidentes y oyentes que aún a día de hoy siguen sin encontrar explicación. La comunidad científica tampoco ha conseguido aportar nada para esclarecer los hechos ni despejar incógnitas. ¡Y el premio gordo sigue sin dueño!

Mª Nieves Martín Magdalena
Grupo B


Confrontar la realidad 

Había llegado mi hora, cerré los ojos y hoy el chirriar de la guillotina al caer hacia mi cuello. Entonces desperté, y reflexioné pausadamente, sólo era el abrir y cerrar del objetivo.

Alfredo Domínguez
Grupo B


Mi hora

Había llegado mi hora. Cerré los ojos y oí el chirriar de la guillotina al caer hacia mi cuello. Después de haber estado echado en la cama, me levanto con el dolor de cuello y dolor de espalda, me dirijo a la cocina para coger hielo para aliviar el dolor. Al cabo de un rato salgo de casa para pasear por los alrededores del pueblo, mientras estoy paseando oigo a un niño que esta paseando el perro y está chirriando. El niño se queda perplejo por lo que acabo de ver y se va corriendo. Y yo me pregunto por qué se va corriendo si no ha echo nada malo.

David Álvarez
Grupo B


A quien madruga, Dios le ayuda

Toda la casa olía a azufre. El diablo estaba sentado en mi sillón, frente al televisor. Me froté los ojos y miré la hora, medio dormido. Eran las 6.36, aún no había sonado el despertador. “¿Tenías que madrugar justo hoy?”, dijo. Me taladró con la mirada y, rojo de rabia, se desvaneció. Di gracias a Dios, en silencio.

Beatriz González
Grupo B



Bomberos en acción

Toda la casa olía a azufre. El diablo estaba sentado en mi sillón, frente al televisor. Sonreía, disfrutando del flamígero espectáculo. Rechiné los dientes con rabia. Me ajusté la mascarilla y las gafas de seguridad. Apreté la manguera y encañoné al maldito pirómano con un chorrazo de agua helada.

Beatriz González
Grupo B



Stop desahucios

Toda la casa olía a azufre. El diablo estaba sentado en mi sillón, frente al televisor, cansado de esperar. Al verme, se levantó sin soltar el maletín.
-¿Juan Pérez?- Asentí con la cabeza.- Soy abogado, estoy aquí en nombre del banco. Esto es un desahucio: recoja sus pertenencias y márchese.
- Espere un momento, hagamos un pacto. – propuse mientras le tendía la mano.

Beatriz González
Grupo B
http://bit.ly/2ltKLCX


Pesadilla persecutoria

Me perdí en el bosque y se hizo de noche. Alguien o algo me tiró del bajo del pantalón…
- ¡Hay que ver! ¡Eres un desastre! ¡Recién estrenados y sin arreglar! ¡Si no fuera por mí!
Mi madre, preparada con aguja e hilo, me subía el dobladillo.

Toñi Martín del Rey
Grupo B


Minificción

El maitre me invitó a la cocina, donde dos tipos me sujetaron mientras otro me echaba aceite, ajo y perejil..
No entendía como al mejor pollo picantòn del corral, se le podía tratar con tanta crueldad. Enseguida, comprendí que el trato especial que había tenido últimamente en la comida, no era por ser el más guapo, sino porque mi carne era muy apetitosa.
Todas las semanas desaparecían del corral los pollos más atléticos; nos decían iban a unos campeonatos nacionales, pero ninguno volvía para contarnos como les había ido.
Me hice el muerto, mientras estaba espatarrado y tendido cerca de los fogones; los cocineros tomaban café, y aprovechando que la puerta de la cocina estaba abierta, salir pitando, y al día de hoy no he vuelto ni a mirar para atrás.

Luis Iglesias
Grupo B


Minificción
El maitre me invitó a la cocina, donde dos tipos me sujetaron mientras otro me echaba aceite, ajo y perejil..
¿Aceiteajoperejil? ¿ Qué mezcla era aquella tan fugaz? ¿Acaso me iban a cocinar?
Era la mezcla exacta para poner a freír el fuego con los ingredientes necesarios.
Quería despertar de esta horrible pesadilla.

Iria CostaGrupo B


En conjunto

Estoy hecho de partes de muchos, aunque los sentimientos de cada uno los desconozco por completo. Me gustaría poder comprenderlos en conjunto.
Con amor, Frankestein.

Iria Costa
Grupo B


Perdido en el bosque

“Me perdí en el bosque y se hizo de noche. Alguien o algo me tiró del bajo del pantalón”; a pesar de mi agudeza visual no distinguí a acertar sobre la naturaleza de lo que me había retenido pero sí escuché risitas y murmullos juveniles que se movían aquí y allá, como jugando conmigo al escondite.
Al sentir que varias manos– no sabría decir cuántas- comenzaban a recorrerme mucho más allá de lo que es educado nombrar, decidía abandonarme sin más preguntas.
Cuando los primeros rayos de sol comenzaron a despertar mi cuerpo desnudo, no sentí a nadie a mi alrededor. Solo unas voces que se alejaban mientras decían: “definitivamente, los lobos de los cuentos ya no son lo que eran”.

Javier Portilla
Grupo A


El dátil y la pluma de ganso

Adán encontró a Eva completamente vestida y con otro hombre. El tipo le amenazó con un plátano y Adán, el anciano de los días, les ofreció una pipa de agua que sacó de su costado roto. Fumaron en silencio durante siete días. Los días se hicieron años y los años, siglos.  Finalmente, el tiempo se detuvo en una semilla de paraíso: un dátil. En su interior florecía un jardín de palabras. La combinación de sus voces era infinita. Todas olían a  vida. Su savia no se pesaba en el fiel de una balanza maniquea. Ni bien, ni mal, ni sabiduría. Cualquier árbol era noble. En su corteza no anidaban las escamas del recelo. Su médula desconocía la caspa de la sospecha. De repente, una manzana devoró la piel de una serpiente. Cuando el ofidio quedó completamente desnudo y vomitó su veneno, la lengua bífida que le caracteriza se unió de forma anómala. Más que lengua parecía pluma de ganso. Una ligera brisa la desprendió de su boca. Ascendió y descendió abrazada al viento Shamal. Cuanto este cesó, cayó con suavidad en la superficie del desierto, y sin que nadie la manejara escribió: "Al principio fue la carne, y en ella todo era."

Ana Isabel Fariña
Grupo B

Los putrefactos

La sesión del lunes, 13 de febrero, la dedicamos a "Los Putrefactos", un proyecto que reunió a dos grandes artistas, Federico García Lorca y Salvador Dalí, pero que también los desunió. El libro tan ansiado por Dalí no llegó a ver la luz porque Federico nunca le hizo llegar el prólogo prometido.




Transcribimos aquí la información de cuarta de cubierta del libro que sobre este tema hizo Rafael Santos Torroella y que tituló "Los Putrefactos» de Dalí y Lorca. Historia y antología de un libro que no pudo ser". Lo publicó el servicio de publicaciones de la Residencia de Estudiantes:

Esta publicación del “Seminario Rafael Santos Torroella” de la Residencia ofrece una visión inédita de uno de los aspectos menos conocidos de los años jóvenes de Salvador Dalí: el proyecto de publicación de un cuaderno o álbum de dibujos denominados putrefactos, término acuñado por los
intelectuales agrupados en torno a la Residencia de Estudiantes y extendido hacia mediados de los años veinte en nuestros medios artísticos y literarios, para ludir a todo lo que se tenía por anticuado, inmovilista o patético-sentimental.
Este proyecto editorial, que Dalí concibió y estuvo a punto de publicar con Federico García Lorca durante sus años de estancia en la Residencia de Estudiantes, entre los años 1925 y 1926, no llegó a ver la luz, debido a que Lorca nunca remitió el prometido prólogo, pese a la insistencia con la que Dalí se lo reclamó. La mayoría de los dibujos han permanecido inéditos y dispersos en numerosas colecciones privadas, cuya localización ha sido posible tras una minuciosa investigación.
Se trata de dibujos realizados en clave humorística y caricaturesca, con una clara intención irónica, que se aplica tanto a escenas costumbristas como a personajes socialmente bien definidos e incluso a animales domésticos.
El hallazgo de algunos de estos originales, la localización de otros reproducidos en diversas publicaciones, así como la correspondencia entre Dalí, Lorca y José Bello que todavía se conserva, han permitido recomponer, al menos en su mayor parte, el proyecto editorial de Lorca y Dalí. En esta monografía, Rafael Santos Torroella comenta, analiza y estructura por tipologías,
sesenta de estas obras que cabe adscribir al conjunto iconográfico de los putrefactos. Estudia,
además, las causas por las que Lorca desistió finalmente del proyecto y las consecuencias que ello pudo tener en su relación amistosa con Dalí y con el grupo de amigos que se había formado en la Residencia durante los años veinte.
Gracias a la investigación de Rafael Santos Torroella, que ha permitido la localización
de la mayoría de los putrefactos que se conservan, en 1995 la Residencia de Estudiantes organizó en su sede una exposición dedicada a este proyecto conjunto de Dalí y Lorca. En 1998 se ha realizado una adaptación de esta muestra en la sala de exposiciones de la Fundació Caixa Catalunya en La Pedrera de Barcelona, acompañada de un catálogo, también editado por las Publicaciones
de la Residencia de Estudiantes, en el que se reproducen diversos putrefactos no incluidos en la antología.

Y como botón de muestra dejamos aquí dos de los putrefactos del libro con una breve anotación que nos sirvió para plantear la tarea de escritura de la semana.


La pesca 3, 1925

Tinta china, pluma y lápiz sobre papel, 17,5 x 17,5 cm. “El pescador enamorado” o “El pescador lírico” podría subtitularse este putrefacto, que lo es doblemente por sentimental –como sugiere el dilatado corazón que lleva en el pecho- y por anacrónico y conmovedoramente cursi, pues a ello equivale el hecho de que el pescador quiera pescar peces –en este caso, un inesperado y descomunal cetáceo- con una mariposa como cebo, mientras él –distraído leyendo un poema o una posible carta de amor- ignora las acrobacias que está haciendo en el aire un piloto, cuya avioneta (símbolo de modernidad) parece a punto de caer en picado al mar.



Putrefacto lector, 1925

Tinta china sobre papel, 21 x 16,5 cm.
Col. Caballero-Bello, Madrid
Firmado en áng. inf. dcho.: Dalí/925
Al reverso del dibujo titulado Viva Russeau [sic]

Se trata, sin duda, de la visión humorística -y, por supuesto, imaginaria- de una gran embarcación familiar de recreo, propiedad tal vez de persona o autoridad civil relevante, que no puede ser otra que la que ocupa el centro, teniendo a su derecha a una primera autoridad militar, y a su izquierda a otros dos acompañantes, posiblemente músicos. El doble anclaje de la embarcación es para conferirle estabilidad al pequeño bote que aparece en el primer término, desde cuyo interior un bigotudo caballero lee el discurso de celebración de la botadura y buenos augurios, de la referida nave de recreo llamada “María”. La minuciosidad en los pormenores anecdóticos adivinables, dada su significación más posible, debió inducir a Dalí a colocarle a dicho caballero -que lleva un sombrero hongo en la cabeza- un bastón, que asimismo denota autoridad, bajo el brazo. Debe de ser el alcalde de la ciudad portuaria a la que el barco pertenece, figura indispensable para subrayar, en la intención de Dalí, lo grotesco de la ceremonia..

Propuesta de escritura

Pon la mirada, y el olfato, en uno de estos dos putrefactos y trato de contarnos la historia putrefacta que insinúan. Pero si ninguno de los dos te inspira escribe cualquier otra historia que encaje con el propósito de la putrefacción.

Y estos son los textos recibidos hasta ahora


Mariposa coloreada

La avioneta entra en barrena y enfila el vértice de su cabina al centro de los ojos de Moby Dick, mientras el lector enamorado centra todos sus sentidos en la lectura del poema que su amada secreta le ha deslizado en la bolsa de pesca.

Rodeado de mar, sentado en su pequeño bote revive la excitación atávica de los sentidos que le produce la anticipación a las palabras del papel doblado que ha encontrado en su mochila. Ignorante de lo que sucede a su alrededor siente cómo se hincha su pecho de emoción y cómo se encienden sus mejillas, a cada verso. Cada estrofa despeja una duda, cada rima abre un nuevo camino.

La mano que sujeta la caña continúa firme, manteniendo una coloreada mariposa al extremo del sedal. Tal vez quiera pescar con ella la felicidad ansiada. ¿Qué, si no, cazas con tal bello animal? - Los objetos preciosos sólo atrapan más hermosura, es lo que piensa mientras lee y relee su más íntima poesía.

El tremendo estruendo acompañado de la ola más alta jamás vista le substraen de su ensimismamiento y, mientras consigue agarrarse al borde de la barca para evitar el naufragio, ve cómo el agua le arrebata su bien más preciado: el papel desaparece a la vez que la tinta mojada convierte en chorretes las palabras de amor, sus anheladas palabras de amor.

Vuelcos y más vuelcos… hacia babor, hacia estribor… a punto de zozobrar. El agua cambia de color, ya no es azul, ni verde, ni blanca… se vuelve roja. Hay ríos de agua roja en el mar. En algunas zonas emergen trozos blancos de no se sabe qué, parece grasa de animal… más allá aparece una isla negra brillante, que se va dando la vuelta con la cadencia de las olas y que, de repente, ¡Ay! Se abre al cielo y muestra una gran boca, que se separa más y más enseñando dos hileras de enormes dientes entre los que hay peces, pequeños y no tan pequeños pececitos que han sucumbido a las fauces de esa ballena troceada que ahora deriva por el océano. La gigantesca mandíbula alberga un mundo de deshechos formado por animales marinos troceados, en descomposición, que ahora servirán de comida a otros habitantes oceánicos.

Indignado y triste por su pérdida no atiende al peligro que corre al estar al lado de una ballena herida de muerte, sólo quiere volver en el tiempo y eliminar ese suceso de su vida. Se acerca a la borda para intentar recuperar el poema de su amor prohibido y sólo ve inmundicia y chatarra a su alrededor. ¿Chatarra? ¿De dónde sale?

La cabeza de la ballena sigue sus giros ondeantes y uno de ellos revela una plancha curvada de metal insertada en el ojo izquierdo… ¡Es el ala de una avioneta!

El lector enamorado no alcanza a comprender su situación, ni cómo ha llegado a ella. Su aflicción es tal que piensa seriamente en lanzarse al mar tras su querido papel, hasta que, de repente, una mariposa azul y amarilla se alza desde la superficie del agua, revolotea sobre la barca sacudiéndose los restos corruptos que se le han impregnado en las alas, y se eleva hacia las nubes. Y, como ella, nuestro lector pone en marcha su barco y se dirige a puerto para comenzar de nuevo.

M. Maximina Moreno
Grupo A


El tracto del putrefacto

Toca la tuba de Granados su tracto,
el colon de Bárcenas canta en Suiza,
con concertistas de papel mojado.

¡Oh, el putrefacto! ¡mí putrefacto!
¡Cuántos alcaldes son muertos de hambre!
¿Cuántos tísicos van ya desahuciados?
Siempre el olor más insoportable,
viene del político, en mal estado.

Pardiez, ¡hideputa! Cuenta hasta diez,
saca de miel tu dedo atrapado,
un cheque cárdeno de Carabanchel.

Trampantojo no existen los piojos,
ni pelucas sin ostentación de fuel.
Las anclas vuelan, hilillos de fanta,
asusta viejas de la pandereta ,
hubiese jurado que mi carne
la habían engullido los gusanos.

En el Primer mundo obeso yo pienso.
En el Primer mundo obeso yo pienso,
en la gallina blanca de insulina.

El Tercer mundo de neopreno obsceno.
El Tercer mundo de neopreno obsceno,
la gallina con anginas en celo.

Segundo mundo cadáver descalzo.
Segundo mundo cadáver descalzo,
el gallina está con “La Corina”.

¿mundo Primero, Segundo o Tercero?
¿mundo Primero, Segundo o Tercero?
La gallina ya prepara su caldo
peluquín de Trump, Mariano y Carlos.

Chema García
Grupo B


Algo no huele bien

Cuando algo está podrido, en poco tiempo empieza a oler mal.
Si en un sobre que pesa 217 gramos, caben 247 billetes de 500 euros, 123.500 euros en total, se manejan perfectamente, para poder viajar a Suiza, Andorra, paraísos fiscales o pagos de mordidas.
Todos hemos oído hablar de: Bárcenas, Granados, Pujol, Correa, Malaya, Gíl, Juan Guerra, Filesa, Matesa, Eres andaluces, Cajas de Ahorros, Roldán, Bernard, Pineda, Times Export, Banco de España, Gurtel, Gal, Conde Iñaki y Cristina, Blesa, Rato, Acuared, Palma Arena, Tarjetas Black, Pokemon, etc.
De todo lo que hipotéticamente se han llevado estos "señores- patéticos", ¿ Cuanto se va a recuperar?. ¿Cuantas becas se podían dar para investigar? ¿ Cuanto se podía aplicar a sanidad, educación, dependencia, etc, etc ?
Las manos sucias que hay en este país, ni con Fairy se arregla.

Luis Iglesias
Grupo B


Putrefacto

Domingo por la mañana, sol radiante, radia La Cope. Hacerse un café bien grandote, leche entera, acordarse de su infancia, donde la leche la traía el abuelo recién ordeñada del establo. Comerse unas magdalenas, mancharse un poco la camisa del pijama, rayas azules y blancas. Pensar si la parienta le reñirá, dejar de pensar rápido se le reñirá o no, porque en la radio hablan de la victoria de ayer del Madrid. Sentir felicidad, tranquilidad, que el mundo está en orden.

Cantar con los Café Quijano en el coche, fumarse un purito, echarle el humo a la luna, pitar a un par de chiquillas que esperan en la parada del bus, bajar la ventanilla y gritarles “os como, guarras”. Sentir el ministerio del tiempo en la entrepierna y cabrearse un poco, o un mucho, y luego un poco y luego un nada, desde la modificación del pensamiento hacia “mi entrepierna siempre es dios”

Parar en el Antonio. Un par de bromas sobre maricones e inmigrantes. Chupito y otro chupito de aguardiente. “Hasta luego Antonio, que enano y feo eres hijo puta!”

Llegar al embarcadero. Subirse al Alejo II, soltar amarras, y navegar, volar, sin obligaciones, sin cargas, sin peros, sin flautas. Tomarse un par de cervezas, leerse el Marca. Sacar la cañita. Sentir que el mar también está en orden. Sentir que la gente como él siempre gana. En mar, en tierra, en el bar, en la empresa, en el puticlub. Sentir que son la colonia de un mundo que huele mal. Un mundo que es putrefacto por otros, por la debilidad y la sensibilidad de otros.

El ganador, el mejor, el que jamás será vencido…

Néstor Valverde Merlo 
Grupo A


(DIBUJO 7: “La pesca”)

Mimitos, leía la historia de un búho que se había quedado ciego. No quería vivir. Su piel había ennegrecido, agrietada por el tiempo.

De repente, fijó su mirada en una ballena, carcomida y deshidratada, que no podía pescar. Había aterrizado junto a él, como una negra sombra, putrefacta entre las olas.

Mimitos ,asustado por el estridente ruido de un avión, cercano al agua, no sabía donde centrar su mirada, dispersa por tanta agitación. Su piel palidecía junto al mar.

Perdido en la distancia, huyó hacia el oscuro silencio de la vida. Sin nada que comer ni que beber, su cuerpo, destrozado, vagaba por la tierra como un cadáver desolado y descompuesto.

La vida de Mimitos había desaparecido en un paisaje atormentado y maloliente.

Sofía Montero García
Grupo B


El pescadorcito putrefacto

El pescadorcito se había desenroscado una oreja y la había puesto en el anzuelo, a modo de cebo pluscuamperfecto. La avioneta, una vez atrapada la medusa-paracaídas, iniciaba un contrapicado al cielo.

El pescadorcito leprosito hoy no había usado la nariz para pescar, porque luego no ganaba para pañuelos. La oreja no se daba mal, aunque era un poco molesto el glú-glú de branquias que le inundaba el oído interno y le retumbaba en la trompa de Eustaquio. Pero merecía la pena porque con la oreja pescaba muchísimas caracolas. Si se acercaba la caracola al agujero de su oído le arrebataba inmediatamente un don de lenguas babélico. Con la oreja hundida en el anzuelo escuchaba susurros en esperanto marino.

Uno de los mejores cebos, sin embargo, era su pipa. Infalible con toda clase de pescados ahumados. Y también fenomenal con los calamares en su tinta, no me digas porqué. Para no hablar de las medusas. Con las medusas era de escándalo, las pescaba por docenas, y algunas salían volando, como globos de colores, o sombrillas japonesas, o platillos acuarelables, o cúpulas de coral, o tulipas tornasoladas con su luz sumergida. El pescadorcito, descompuestito, porque no sabía qué hacer con tanta medusa. A veces, si pasaba por allí alguna pandilla de sirenas, se las regalaba, para que se las pusieran a modo de tu-tú e hicieran ballet en las salas de fiestas de la Atlántida.

Si se arrancaba un ojo el pescadorcito tuerto pescaba muy buenos besugos, que es un pez muy mirado, pero el mar se encrespaba porque no le gusta nada el cotilleo, y empezaba a agitar las aguas o mandaba a un pulpo para que jugara a las canicas y le lanzara el ojo al guá de la calavera.

Con la mariposa nunca, nunca, nunca, pescaba nada. Una auténtica catástrofe. Así que en esos momentos de calma chicha solía aprovechar para seguir leyendo Blacky Dick.

El pescadorcito náufrago no sabe qué más decir. Es un tópico que el anzuelo desnudo no tiene rival con el pescado en lata y las botellas mensajeras. Espero que esto te sirva, porque aquí, punto final. Sayonara, Salvadorcito. Me despido con un poemilla, a ver qué te sugiere.

El gitano pinturero
El gitano pinturero
La gallina
Y repite conmigo: frigorífico.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Noticia putrefacta en Salamanca

En la mañana de ayer se produjo el evento social más importante de la última década en la muy culta y limpia ciudad de Salamanca; un evento al que acudieron las más altas instituciones no solo de la Provincia sino de toda la Nación, acompañados de sus familias entre los que pusieron la nota de alegría los angelicales retoños de personas tan significadas.

Al fin, después de tanto esfuerzo infructuoso, la Armada Española, heredera directa de la otrora llamada “la Invencible”, ha conseguido botar un buque último modelo en tecnología en las aguas del – desde hoy- navegable Río Tormes, orgullo de todos los hijos de la ciudad por él bañada.

El Excelentísimo señor Gobernador de la VII Provincia Militar, general Pardo Picatoste, pronunció -desde una chalupa cercana a la nueva nave- un emotivo discurso en el que destacó la importancia de los valores patrios que han llevado a la consecución de este importante logro de la ingeniería española.

Como invitado especial en el bautizo del buque –dedicado a la Madre de Nuestro Señor- se encontraba el Excelentísimo señor embajador de los Estados Unidos de América, señor Philip Morris, que acudió con su uniforme de gala y luciendo sus numerosas condecoraciones; razón ésta por la que –a una distancia prudencial- el acorazado Potemkim III de la Armada Norteamericana colaboraba en dar mayor empaque –si cabe- a tan entrañable acto fruto de la hermandad entre dos de las potencias más importantes de nuestro momento histórico.

Javier Portilla
Grupo A


Viaje putrefacto

Si Antonio estaba balanceándose en medio de la nada era porque se había cansado del olor a cremas. Exacto, ese edulcorado perfume a juventud eterna y a complejos a flor de piel. Antonio había sido delegado comercial de la empresa de dermocosmética líder en el mercado; en definitiva, se había encargado de vender cremas a peluquerías y centros de estética en una región perdida del interior de España.
Antonio recordaba el dato desde su barcaza perdida en medio del océano. Y sonreía, aunque nunca sabremos si sinceramente. A Antonio le costaba sacarse de lo más recóndito de su ser los vicios adquiridos en su etapa comercial. Sonreír era una de esas manías. Siempre sonreía, con independencia de la situación y de sus sentimientos al respecto. “Esta es mi tarjeta, no dudes en llamarme si tienes alguna pregunta”, solía decir, y sonreía. “Si os interesa algún lote en particular, puedo calcular el presupuesto sin ningún tipo de compromiso”, solía decir, y sonreía. “No hay problema. Y… ¿por qué os habéis decidido entonces por la otra marca? Esta información nos es muy útil para mejorar nuestro servicio y nuestros productos”, solía decir, y sonreía.
Pero ahora el entorno y la situación eran muy distintos y él seguía sonriendo: no preguntes por qué. Razones, pocas tenía. En soledad, miraba los luminosos mandos de su barco. En medio de la noche, aquel cacharro seguía funcionando solo y le había condenado a vagar sin remedio y sin dirección en medio del océano. Sintiéndose un inútil ante tal tecnología, Antonio salió a la ondulante cubierta con las manos en los bolsillos.
El ex delegado comercial se había refugiado en el vacío acuoso del mar con la única compañía de su iPad lleno de mapas, libros y alguna que otra carta de amor trasnochado. Pensaba así desentenderse de tanta putrefacción disfrazada de perfumes y potingues. Para Antonio no tenían secretos: sabía de qué estaban hechos y conocía su proceso de fabricación al completo. Y cuando salía el tema, prefería no hacer comentarios. Había vivido y vivía en un mundo putrefacto.
Pero para putrefacto, el nuevo plan de vida que había elegido Antonio. Se había deshecho de todos sus trajes de corbata y de todas las tarjetas de visita que tenía y había decidido cambiar de aires. Toda su vida le olía a cremas. Su casa, su ropa, su escaso pelo, su coche, hasta sus costumbres emanaban ese dulzón perfume a mentira. Escapando de un paisaje estepario, se había lanzado al mar para quitarse de encima tal olor.
Su plan A pasaba por acostumbrar su nariz al aroma de la sal y al de la más romántica libertad. Y, una vez curado tras este retiro de purificación, volver renacido y empezar una nueva vida. Antonio, ingenuo. Querías huir de la putrefacción que identificabas con una sociedad hipócrita y no has hecho otra cosa que darte de bruces con la podredumbre más inmunda. Te has perdido en medio de un océano eterno que huele a pescado podrido, a agua estancada y a proliferación de algas tóxicas. ¿En qué estabas pensando? Tú que no tenías ni idea de navíos, ni de coordenadas, ni de mar. Has perdido el rumbo, Antonio, asúmelo. Te olvidaste el librillo de instrucciones del barco y este, más listo que tú, ha decidido obviar tu opinión.
Antonio se aferró a la barandilla del barco. Su plan B estaba igual de podrido que su plan A. Si el destino le había puesto a navegar a la deriva siguiendo una dirección marcada por un GPS estropeado, no podía hacer otra cosa que aceptarlo y depositar sus esperanzas en el plan B. Y esta tabla de salvación tenía un olor a tripas despedazadas y mezcladas con aguas fecales. Antonio inspiraba con fuerza, deseoso de identificar aquel aroma que era el que precedía a encontrar un pedazo de ámbar gris. Sonrió de nuevo, al dedicar uno de sus pensamientos a la mente brillante que le había puesto aquel nombre de joya al vómito de una ballena. Pero no era una regurgitación cualquiera, el ámbar gris se cotizaba cuál obra de arte consagrada y unos cuantos gramos valían millones en el sector de la cosmética.
Ese era su plan B, el proyecto altamente improbable que mantenía su desesperación a raya. Antonio observó el firmamento estrellado que se cernía sobre él en un cielo paradójicamente limpio de nubes. Su barco navegaba bajo la brillante mirada de la basura espacial y sobre las toneladas de desperdicios acumuladas en la profundidad abisal de las fosas marinas. Nuestra existencia no es más que un despojo mugriento del universo. Ante eso, no hay nada que yo pueda hacer, pensó por pensar.

Grupo B
Enlace acortado: http://bit.ly/2mcsKoF


Abalonio, poeta pescador

El ilustrísimo poeta pescador Abalonio Corazón-partido se había lanzado a la mar en su barcaza roída, barcaza que hasta en las aguas calmas se mece, se mece, se mece como caballito de madera entre la basura, juguete abandonado, ya crecido su niño. Se bate la barquichuela vieja, se bate de agitación, pues agitado está el poeta, que ora tiembla, tras leer la carta de su amada, que le jura que ya no lo ama.
Fue leer la carta, aquella letra de garrapatas despachurradas que vehiculaban las malas nuevas, y desfallecer.
Fue leer la carta, la vil misiva, y morir.
Las mariposas que antes revolotearan alegres por el estómago del reconocidísimo pescador poeta se le escaparon todas en fuga por la boca. Al contacto con el aire fétido, se transformaron en moscas. De esta desafortunada metamorfosis, solo una se salvó. Abalonio la atrapó al vuelo con su último hilo de esperanza para convertirla en carnada descarnada de dichas venideras. O quizá de su cena o de un verso: lo primero que mordiera.
La vida del pobre Abalonio ha quedado suspendida en el aire, sostenida apenas por un ancla oxidada para que no se le escape. En una mano, la carta, el tiempo detenido en la carta; en la otra mano, el anzuelo, a ver qué cae.
Amenazadora, la sombra de un cetáceo se alarga bajo las aguas mansas. El poeta no la ve. En las alturas, una avioneta desgarra el cielo con su danza de arabescos. Los niños en la playa creen que hace piruetas. En realidad, cae.
Abalonio Corazón-partido, benemérito y putrefacto poeta, pescador de estrofas, rimador de pescado, se balancea sobre la fragilidad como un muñeco de trapo. La muerte acecha, pero él, a su mariposa, se aferra.

Ismarie Díaz Flores
Grupo B


Gemelos putrefactos
Grandotes y cubiertos de una pátina sebosa. No entraba el peine en sus cabezas por que no encontraba puerta de acceso entre tanto nido.
El intento nulo de una madre, poco esmerada en el aspecto de sus hijos, por que fueran como los demás niños, los hizo así.
Aunque ya antes, dentro de su abultada barriga, los dos se disputaban el quien alcanzaba mejor con el pie a la boca y, en el momento del parto embadurnados en meconio aparecieran como si escaparan de un hollinadero. En aquellos tiempos que lograran sobrevivir en la piscina de aguas fecales en que se habían convertido las entrañas de su madre fue un milagro.
No obstante la coquetería iba implícita por que, aún llenos de mierda, nacieron con tupé el uno y ella con un tirabuzón, tan pegaditos que no le resultó nada fácil deshacerlos a la comadrona que le enseño el agua por primera vez. Difícil encajar, el ser tan finos, con que más adelante él llevara lentes de alambre y ella vestidos de volantes sin vuelo, acartonados y roídos por las polillas y otros animalillos repugnantes que habitaban entre ellos. Pero caminaban derechos como si quisieran exhibir las mejores prendas del mundo. Si alguna vez fueron nuevas desde luego no eran del color que mostraban poco después, adquirían unos brillos y una rigidez que hacía resbalar a las gotas de agua salpicadas cuando iban a leer poemas de amor junto al mar.
Si se celebraba algún acontecimiento campestre las moscas iban detrás de ellos y les divertía la competición que entablaban por cazar insectos cuyos cadáveres aparecían amenudo misteriosamente en los platos de los cocidos que elaboraba el padre que a su vez no se dedicaba a otra cosa más que a cocinar, limpiarse el sudor de los fogones con lo primero que pillase y comer todo el día.
La basura que acumulaban en la casa provocaba que cada vez fuera más peligroso residir en ella. Hasta las cenizas de sus padres habían sido esparcidas por el salón dónde ya en los últimos meses de vida, comían y dormían, sin moverse del sofá.
La hora de la muerte les sobrevino a la vez con treinta y dos años a consecuencia de la inhalación de anhídrido carbónico procedente de la descomposición de la materia orgánica. Quince días después el hedor que desprendía la casa de José y Dolores levantó las sospechas de lo peor entre los vecinos que llamaron a los bomberos.

Antonia Oliva
Grupo B


Putrefacción con honores
El Corregidor Gaudencio está preparado para leer el discurso. Ha sido muy advertido por el Excelentísimo Sr. Ministro de Defensa, sobre el énfasis con que debe hacerlo. Se han reunido para rendir un homenaje al General Hermenegildo, a quien se le había condecorado. En su guerrera brillan las medallas y entorchados.” El hecho heroico”, digno de este acto que les concita, ha sido dar las órdenes de buscar y recoger los miembros de los soldados muertos en el campo de batalla, conservarlos refrigerados y, posteriormente entregar a las familias. Les acompaña el Marqués de Altosvuelos. En la lejanía los familiares observan el acto. La banda del acuartelamiento está presta a entonar el Himno Nacional, a su finalización empezará la lectura.

El mar está en calma. No se vislumbra ni el vuelo de ave alguna, ni que peces saltarines sientan curiosidad por participar en el acto. Están solos.

Los acordes han terminado. El Corregidor permanece mudo ¿Qué ven sus ojos?, ¿qué tiene en sus manos?, ¿realmente era eso lo que debía leer? El Marques le apremia, con sus brazos gesticula. Y da comienzo a la lectura.

Bitácora, número trece: Informe secreto sobre los hechos dirigidos por el General Hermenegildo Cienfuegos.

Aún a sabiendas de que el refrigerador no funcionaba, el General dio la orden de que se guardasen los miembros recogidos, no admitiendo las advertencias que sobre ello se le hizo. Cuando quisieron entregárselos a la familia y, dado su estado de descomposición, el hedor, la putrefacción se extendía y penetraba por todas las instalaciones, inmediatamente fueron dadas las órdenes de incinerarlas, las cenizas se arrojarían al mar.

Inés Izquierdo
Grupo A


Los putrefactos
Francisco se ha ido de pesca, ha dejado en el armario su Loden y se ha puesto una camiseta a rayas mas apropiada para el calor que hace y para la pesca.

Le pusieron Francisco por S. Francisco de Asís , del cual su madre era muy devota. De pequeño le llamaban Paco o Paquito, en su juventud con sobrenombres mas despectivos derivados de su aspecto poco viril y voz aflautada y mas tarde due conocido por todos por su apellidos que unos pronunciaban con admiración y otros con animadversión.

Se ha ido lejos con su barquita, quiere estar solo, casi nunca lo esta, quiere ensayar su próximo discurso, otra inauguración de un pantano. Que le salgan tan bien no es casualidad, los ensaya mucho y siempre mete en ellos esas frases que exaltan a la multitud, centinela de Occidente, contubernio judeo-masónico, reserva espiritual de Occidente... repasa su escrito y sí están todas, será un nuevo éxito. francisco esta muy orgullo de él, la gente lo quiere y lo aclama allá por donde va y él cuida de ellos como un padre protector. ¡Es que son como niños -piensa con una sonrisa en los labios- que harían sin mi!

Tan entretenido esta que no se da cuenta que hacia él avanza un enorme cetáceo atraído por el atractivo anzuelo que Francisco utiliza. La pesca con mosca le parece ordinaria, él prefiere las mariposas con sus bonitos colores, quedan mucho mas cuquis al final de su larga caña.

El enorme cetáceo esta a punto de tragárselo con barca y todo y sin que el despistado Francisco, Paco, Paquito se dé cuenta. Un avión aparece en el horizonte, Francisco lo oye llegar y da una patadita en el suelo con resignación., siempre lo tienen que estar vigilando. ¡Si, es por su seguridad! Pero un hombre también tiene derecho a su intimidad y además no quieren que le vean con su camiseta de rayas, su favorita pero poco autoritaria. La avioneta se acerca más y más. ¡Que bien suena -piensa francisco-. Es alemana, regalo de un viejo amigo.

¿Pero que hacen estos insensatos?¡ Me van a embestir!

Francisco todavía no ha visto la ballena, que está a punto de tragárselo y entonces la avioneta pasa muy cerca de su barca, lo suficiente para espantar al cetáceo, que huya y Francisco siga con su día de pesca.

Beatriz Gorjón
Grupo A


Indigesto postre
El aficionado pescador dominguero pasa la mañana en las tranquilas aguas del lago cercano a su lugar de residencia. Sólo oye silencio, roto, a veces, por el lejano piar de unos pájaros. ¡Qué calma respira! Alentado por sus tripas mira el reloj y percibe que es la hora de comer. Abre la fiambrera que el amor de su vida le ha preparado con esmero. Se dispone a llevarse un bocado a la boca cuando ve un trozo de papel que sobresale del recipiente del postre. Lo coge y, ensimismado, empieza a leer.

Querido Cándido:

Cuando leas esta carta, ya será demasiado tarde para nosotros. Ya habré desaparecido de tu vida para siempre.

Desde el principio de nuestra convivencia, nuestro amor se ha ido degradando día a día. He intentado todo lo posible, pero tu egoísmo, tú, tú, tú y tú, ha hecho imposible un mínimo acercamiento.

La admiración que te profesaba, se ha tornado en rabia, en asco. Ya no siento nada por ti. Al contrario, todo lo que tiene que ver contigo, me molesta. Sólo el hecho de escucharte en la entrada de casa y sentir cerca tu presencia, me produce nauseas. Me asquean tus escasos besos, tu proximidad a mí. No deseo dormir a tu lado.

Nuestra relación se ha convertido en una parodia del amor. Solo encuentro defectos en tu persona. Me molesta ya tu respiración, los chasquidos de tu lengua, tus ronquidos, el hedor de tus ventosidades matutinas, los ruidos de tu boca al masticar, tus eructos.

Tus manías me han consumido a lo largo del tiempo coartando mi libertad. A tu regreso, además de haber desaparecido mis pertenencias, las tuyas estarán desordenadas y tiradas por toda la casa; las toallas, y no te voy a pedir disculpas por ello esta vez, es más, jódete, las encontrarás colocadas de forma asimétrica; los bolígrafos y lapiceros de tus portalápices no estarán separados por colores y tamaños; los libros de las estanterías, campan a sus anchas: su orden ya no es su medida, el tema que tratan o el orden alfabético. Ordénalos tú, si quieres, ya me cansé de tus estupideces.

Y lo que más me alegra de todo. No volveré a sentirte encima de mí cuando tengas ganas de favorecer tus instintos; no escucharé más tus bufidos y gemidos ni soportaré tus caras de placer que se habían convertido en una caricatura. Tu sudor, que me provocaba ganas de vomitar, dará paso al olor corporal de otros hombres que me respeten más que tú.

Otros que, para atender a sus intereses, no se olviden de los míos como has hecho tú durante estos, afortunadamente, pocos años. Aunque para mí, han significado la eternidad. Ya puedes salir con tus amigos con plena libertad; tranquilo, que ya no habrá más broncas ni caras de enfado. Disfruta de tus partidos de fútbol, tus conciertos, tus escapadas montañeras, tus entrenamientos dentro y fuera del gimnasio, de los torneos de pádel y las partidas de cartas y, ¡cómo no!, de tus imperdonables fines de semana de pesca.

Tu abandono ha alimentado el mío. Muchas gracias porque, desde el momento en que esta mañana abandonaste la casa, he vuelto a ser una persona.

Adiós para siempre

PD: Ojalá se te indigeste la comida como se me ha indigestado a mí la vida a tu lado.

El triste pescador dominguero, con lágrimas surcándole las mejillas, se da cuenta de que no concibe su vida sin su amada. Nada tiene más valor que ella, aunque no haya sido consciente hasta ahora. Ante su cruel despedida, decide quitarse la vida. Sin saber nadar, se arroja a las tranquilas aguas que para él se han convertido en turbulentas. En ese preciso instante, una sombra con forma de cetáceo, nunca vista hasta el momento, se abalanza sobre el pescador y se lo lleva hasta la profundidad de las aguas.

Toñi Martín del Rey
Grupo B


Los putrefactos
Tenía aquella mariposa putrefacta que me había regalado mi novia.
Y, no sé, me daba la sensación que me daría en mi pesca diaria.
Escribí unos textos sobre una hoja ya putrefacta en la que una paloma había dejado su basura hacía ya tiempo.
Y me puse a lanzar cordeles al agua y, a imaginarme, como hubiera sido mi vida.
Con mi casa al lado del mar, escribiría mil historias de amor, echaría los cordeles al agua, viajaría por lo desconocido, conquistaría mares y continentes.
De repente, noté un desagradable olor, un olor a putrefacto.
Y lo vi el enorme crustáceo muerto, y las olas y el viento lo iba moviendo.
Recogí mis cosas, y llamé de inmediato al Seprona.

Iria CostaGrupo B


Anaglifo

El Dragón Barbudo, 
el Dragón Barbudo, 
la gallina
y el Enantyum.

Iria CostaGrupo B