Hay sombras que no pueden faltar

La sesión del taller del lunes, 1 de febrero, la dedicamos a Remigio González "Adares", el poeta de la Plaza del Corrillo. Nos sumamos de este modo a los sencillos homenajes que algunos de sus amigos le brindamos con motivo del quince aniversario de su muerte, el 4 de febrero de 2001.

Dejo aquí el artículo escrito a vuelapluma que publiqué en el diario digital Salamanca RTV al día:

“En el Corrillo tengo dos márgenes: el verano lo paso en Portugal, enfrente de las escaleras, y el invierno en España, sentado en la piedra. Este es mi lugar auténtico. Ni el frío, ni el sol, ni la nieve se atreven conmigo de lo que me conocen”, así se refería Remigio González “ADARES” a su lugar de trabajo, la Plaza del Corrillo. Allí tenía su oficina, allí latían sus palabras más allá de los libros, allí se hizo paisaje.


Imagen: Emiliano Cruz

A diario caminaba desde su casa con un pequeño fardel al hombro lleno de libros. Al llegar a las escaleras de la Plaza del Corrillo los colocaba minuciosamente sobre los peldaños. Ataba con firmeza una estrecha cuerda a dos de las columnas y sobre ella izaba un trapo rojo: “tengo un plan para tensarla sin hacerle daño. El trapo rojo significa la bandera de Salamanca y la tengo atada a las columnas para que no se la lleven”. Un sencillo cartel con el título de “Poesía” resguardaba de la intemperie aquellos libros que no eran otra cosa sino sus huellas, su herencia más sincera.
Pasear junto a la plaza del Corrillo y no encontrarse con ADARES es tan extraño como lo era verle sin su gorra. “Ver a Adares sin su gorra cuesta dinero”, le dijo una vez a un buen amigo. Era uno de sus símbolos, uno de los testigos de su inquietud poética como la barba o el atuendo. Pero más allá de esos símbolos y del personaje al que unos se acercaban y otros miraban de soslayo, está su poesía. Adares fue, y es, un poeta con mayúsculas. Ën cada uno de sus versos hay un amor constante más allá de la vida y de la muerte, un diálogo con el amor, con sus raíces, con su madre, con Salamanca, con Anaya de Alba.
Ni siquiera el párkinson que arrastró en sus últimos años de vida fue un obstáculo para él y su cita diaria con la Plaza del Corrillo. Allí desembocaba de lunes a domingo como el río que refrena su curso en el tembloroso mar. Y con aquella rumba en su cuerpo y en su mano firmaba sus libros y dejaba en ellos su estampa. Le temblaban la voz y el pulso pero nunca la mirada: “La mirada mía y la voz pertenecen a la tumba, por eso las tengo a la moda”.
Adares fue un chamán de la poesía, un marino de ultramar que navegó mil versos y metáforas, un robinsón sin naufragio que encontró su lugar en su plaza de vivir prodigios, una plaza que sería otra, sin lugar a dudas, con su estampa bañada en bronce. Porque allí vivió, allí sufrió el rigor del invierno, allí escribió sus cartas a París, allí ejerció su magisterio y defendió su libertad de cátedra. Por eso hoy, a punto de cumplirse quince años de su muerte, celebramos su poesía, su vida, su muerte. “Nací y he muerto, dos oficios en uno que dejo hechos” reza su epitafio. Hoy, más que nunca, vuelve a hondear el trapo rojo de su poesía en lo más alto del recuerdo tal y como dejó escrito en su poema “Cátedra”. Hoy más que nunca gritamos que hay sombras que no pueden faltar:

Con la historia de todo lo que sea
llego con cada día aquí lleno de deudas,
lleno de fiestas, con un poco de todos
dentro por dentro permanezco demasiado
atado a estas columnas Plaza del Corrillo
donde la vida cruza hacia la vida
y aquel que no me vea perdido entre
las horas, los otoños, los inviernos
y algún verano cojo.
Todo está tocando estas columnas
mi bandera y mi cuerda mi corazón viajero
en plena madre.
labios de esta bandera que al encenderse
las primeras banderas para el cine,
siempre cuento el dinero.
Mi poesía con acaba porque quiere mezclarse
con aquellos que piensan sobre los que me miden

Palabras como esta:
¡Buscadme por aquí, sepultureros!


Ilustración: Tomás Hijo


La tarea de escritura de esta semana consistió en elaborar un texto a partir de alguno de los versos o poemas de ADARES. Cada participante del taller recibió un libro del poeta que abrió y espigó tratando de buscar la frase o el texto completo que sirviera de apoyo, de resorte o de trampolín para su trabajo.

Estos son algunos de los textos recibidos:


Polvo héroes

Aunque nació en Anaya de Alba, Salamanca es un barco que vuelve su cabeza hacia otro mar. Quizá por eso se detuvo en la ciudad del Tormes y le dedica su ingenio, su tiempo, su obra y su vida: Llamaré donde mis dedos escriban de tu nombre. Tú me has nacido amor sin enfadarte. Sin duda “No me preguntéis de donde soy llevado” es el libro de poemas que más identifica a Adares con Salamanca.
Publicado en 1991, capicúa y cornucopia, los años del apogeo de la escritura de Remigio González. Presto a su cita con las piedras del Corrillo, con su nívea barba de musgo, camuflada entre su piel de arenisca y la atención a extranjeros, lectores y estudiantes. Pensaba que en la calle es donde más se aprende porque es donde más se ignora. Decía “Yo puedo ayudar a la calle y la calle me puede ayudar a mí. Escribía en distintos poemas: “Es mi brazo cartabón que te ha trazado Salamanca”.” Universo de llaveros, Salamanca sortija del alma”.” ¡Oh! Piedra donde amarras el movimiento al sueño.”
Tres años después y en mes de abril le preguntaron ¿Y poesía? ¿qué significa poesía? “La poesía significa sinceridad, generosidad y, sobre todo libertad”. Más que nunca deben restallar estas palabras en nuestros tímpanos, como un látigo en el aire; como los tambores de guerra encendidos por recuperar la palabra, los valores, la sociedad en cada esquina y sobre todo a la poesía misma. ¿Acaso puede el poeta poseer otro valor que no sea el de la sinceridad con los demás y consigo mismo? Como nos muestra el Génesis y también la entrada al cementerio San Carlos Borromeo: “Pulvis est et pulverum reverteris” Polvo eres y en polvo te has de convertir. No es casual que el propio Remigio en su verso escriba: vuelto cenizas polvo héroes. Y en su poema entero…

En Salamanca

Catedrales que estáis ocupando la luz de tantos cielos,
los tramos y los muertos,
que en cada calle se quedaron ellos;
los hombres del ayer que hacia arriba
hicieron tus tableros tus esquinas
cornisas y grandezas.
Entre ellos.
Flotáis como palomas, plumas, resquicios
de la última chaqueta, el bocadillo
último, sin saber en qué piedra,
en que encaje,
en que párpados tajuelas que no han
vuelto cenizas polvo héroes.
En Salamanca
Catedrales que estáis ocupando
respetad lo que en vuestro interior
se está haciendo polvo.
Adares

Hoy en nuestra Salamanca, abundan el déficit de atención, la sobredosis de los palos de los selfies; sobran aspirantes a Casados a primera vista o a Gran Hermano y faltan Adares de conciencia, obra y comisión.

Chema García


mas moriré si más despacio quedo

A Quevedo y tierno amor de lilo



alegre está la tierra en el umbral
la cúpula del cielo desahuciada
que grita su silencio acorralada
cuando la historia duerme en el cristal.

la muerte se hace gris en su final
colores de una vida deseada
se tiñen de dulzura marchitada
despierta a la vejez de un funeral.

la tumba donde muere nuestra mente
enfría la pasión de mi existir
“que nunca he de morir ni en paz ni en guerra”

pues solo entre las sombras del presente
camino con sigilos de vivir
un tránsito de frío que me aterra.
Sofía Montero


El último cero

Retazos de la mente,
en el hueco alborotado de los días,
viven el perfume de las horas.

Sabores de silencio,
más allá del tic-tac,
arropan los minutos,
tejiendo la armonía
de un CERO destronado
por el último vivir.


Patíbulo

“Estoy aquí parece.
Según y al parecer
estoy aquí
más solo que yo mismo y más solo
que mi soledad, de metros”.

El dilema es si está, parece que sí, o si es. No es igual estar solo, situación que se puede elegir o buscarse, que la soledad. El primer hombre es la soledad. Se levantó y vio a los que todavía no eran, sintió el vacío lleno de la tierra, campo, árboles, animales. El cielo lo aplastó tan de repente que a punto estuvo de volver a nada. En ese momento intuyó la soledad de estar siempre acompañado.
Pero primero hay que ser, pues únicamente se puede dar cuenta de la soledad cuando se tiene conciencia de sí mismo, y se pregunta cómo se llega a ser para después poder sentir la soledad. Si no se es no se puede estar solo. Pero ser no es esencia, la verdad es el no ser.
La soledad no implica la libertad, sino el miedo. Ser libre es encontrar tu sitio entre todo lo demás. Tener la capacidad de transformarse en todo para acabar siendo uno mismo. Así si puede estar solo sin que la soledad te aniquile.
El sueño es implacable, se repite sin aviso. Caes, te hundes en el sin fin. La angustia te despierta sudando por un terror de víscera; volverá, sin cuándo, no cesa.

Dionisio Alonso


Me enamoré sin permiso

"Hágase el Amor y viaje la palabra"

Remigio González ADARES



Me enamoré sin permiso
del aire de nieve
que duerme en el río.

En un compás impreciso
me ahogué en su torrente:
pétreo candil indiviso.

Me entregué a su capricho:
Noria intensa de beso leve
Promesa de miel de espino.

Fuí el amante furtivo
del brasero de una boca:
amapola de pueblo y vino.

Hice de mi pasión, delirio
Bordé luz bajo su sombra:
Caricia de tacto fino.
Supe qué es estar vivo:
Buscar lirios en la roca,
Ser siempre Amor novicio.

Me enamoré sin permiso
de una mujer que dormía:
Mariposa de tierra, desnuda en el limo.

La pereza se hizo trino:
Infierno sin fuego. Voz sin prisa.
Remo libre. Imposible sin castigo.

Me enamoré sin permiso
Susurré sonrisas en la brisa:
Versos sin orgullo. Papel de rocio escrito.
Palabras de "corrillo."

Me enamoré, si.
Me enamoré del amor que sobre el Amor descansa.
Me enamoré sin permiso.

Ana Isabel Fariña


Diálogo con los poemas "A mi única madre" y "A mi madre Alejandra"


"La madre es la palabra de todos los oficios" 

Mi barca ya está hecha


Desde la ventana nos veías partir.
Siempre en silencio, sin ningún reproche.
Preparabas el brasero en el invierno, sin prisas.
La casa siempre limpia, con esmero.
Despacio, con el serillo bajo el brazo, ibas a la compra.
Los vendedores ambulantes llamaban a tu puerta, te conocían.
El puchero a fuego lento, !Que garbanzos! !Que alubias! !Que lentejas!
Las sopas de ajo, te quedaban de lujo.
El chicharro con patatas y pimientos, para chuparse los dedos.
El flan de huevo al baño maría, inigualable.
Recuerdo verte en el corral echando de comer a las gallinas, cogiendo los huevos del gallinero, colgando la ropa en el tendedero.

Desde la ventana nos veías llegar.
¿Te fuiste sin apenas disfrutar de la vida? !Que sepas, que te echamos de menos!

Luis Iglesias


Rumbo acumulado

Camino, ruta, senda abierta
con una mochila en los hombros cargada

“así es la vida”
la vida: morral a la espalda,

El tiempo la gasta, la arruga, la aplasta…
finalmente se hace sombra, se pierde, se pasa…

“Perderé la luz. Me encontrará la tierra, ciega,
y entonces permaneceré en silencio”

Silencio que se ha roto con las palabras,
tus palabras, esas que revolotean
por las tres escaleras del Corrillo…
si te paras las notas, las sientes, las palpas…
es tu poesía danzando con tu sombra,
entre las columnas de piedra dorada, agrietada, desgastada,
en la cuerda que la orea, la ofrece, la ata…
el silencio calla.

“Yo perdí mi tiempo
del que solo encontrar he podido mi sombra”

Tiempo acumulado, tiempo derretido, tiempo enlatado…
embutido en los deseos, tiempo malgastado, roído, quebrado…
quedan las sombras en un desván humilladas, húmedas, ajadas…
allí se juntan las letras,
al final solo quedan palabras y brumas recuperadas.

M. Venttini


Cinco días sin mí

El título creo que responde a la creación del hombre. Tomando como referencia el “Génesis”, Primer libro del Pentateuco, que narra minuciosamente el nacimiento del mundo y el origen de las cosas. Y el citado texto señala en su capítulo primero que “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” y así va citando la creación de la luz y de las tinieblas; de la tierra y de los mares; de las aves y los peces, etc. tarea ésta que fue realizando Dios en diferentes períodos de tiempo que denomina días. De esta forma siguiendo un orden cronológico estuvo cinco días formando todos y cada uno de los elementos que conforman el universo y ya viéndolo acabado y perfecto el día sexto dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.

El poeta con este título nos lleva a una visión existencial desde el principio de los tiempos.

Suena la vegetación
Rompe una máquina el surco
Lo que me ocurre a mi aún no ha nacido.
¡Y está detrás de ti!


"Estamos en el principio"

De nuevo el poeta nos lleva al principio de la creación del universo y del hombre. Y, metafóricamente, suena la vegetación al nacer y crecer, rompiendo el surco magistralmente trazado por el Supremo Hacedor por efecto de la máquina del tiempo.
Lo que me ocurre a mi aún no ha nacido….y yo me pregunto: ¿Y nacerá?, posiblemente si, ya que dice que aún no ha nacido dejando entrever que nacerá. Cabe entonces pensar que esa acontecimiento pudiera ser el final de sus días sobre la tierra, la inevitable muerte.. y es porque los sucesos de la vida se encadenan cronológicamente desde el origen hasta el final, desde el nacimiento hasta la muerte.

¡Y está detrás de ti!...al estar detrás, me impide verlo y me empuja inexorablemente hacia adelante, hacia el final. Por tanto el autor bien pudiera poner también de relieve el inevitable paso del tiempo, movido por una máquina que te conduce al final, a la muerte.

Ramón Sánchez Rodríguez


Diálogo y réplicas 

La poesía nunca se asoma sola

Escrito a lápiz sin soltar el asa


ADARES: En cualquier mundo siempre hay muchos mundos, unos que salen y otros que no entran.

Nicolás: Y cualquier aire se siente, pero no se siente., depende de que parte venga el mundo.

ADARES: Día a día con un traje marrón se sale del camino la poesía que escarba aire por aire.

Nicolás: Noche a noche con un traje blanco... blanco… fantasma… se aturrulla… los versos tiemblan…

ADARES : Centella de Castilla es la que más arrastra hacia la nube de los poetas con una gota de agua. 

Nicolás: Elevados brillos de surcos sumergidos en hielos de madrugada, dilatan las pupilas de poetas hambrientos de nuevos destellos.

ADARES : Estos grados que hallo aquí, entre mi chaqueta, Salamanca la Blanca que habla antes que el habla porque la poesía está en casa.

Nicolás: El poeta de casa, acostumbrado esta a Sol y escarcha, y deja que la siesta sea una danza de musas en Salamanca la Blanca….y deja que el Sol derrite escarcha.

ADARES: Pero por si acaso, que no exista el contagio de esos concejales más adelantados.

Nicolás: Eso era antaño, ahora cualquiera diablo hace migas con concejales mediocres a la deriva.

ADARES: Atarle la barriga a la alcaldesa, me refiero a esa, a la que la sobra un diente.

Nicolás: De boca cerrada, tú no sabes si la sobra o la falta, mira a ver si es de mano larga.

ADARES: Del último garbanzo fecha que va hacia abajo este es el chocazo de este mundo distinto, hay que ponerle freno porque no se entretiene ni con ellos mismos. 

Nicolás: Los mundos siempre son distintos y el garbanzo si es negro…¡ni te cuento! No pongas freno, quizás se pongan de acuerdo.

ADARES: A algún alcalde dedicado con historia. Con trabajo y con apuro hemos podido arrancarle el sillón del culo.

Nicolás: Quien mata a un perro, será mata perros de por vida… y quien arranque al alcalde el culo del sillón será… Juan Sin Miedo Sillitero de por legislatura.

Nicolás Hernández López


Querido Remigio:

Me quedé sin Juan y casi sin sueño

"La Holanda de los cuchillos". La novela de Juan Márquez


Yo también me quedé sin mi Juan, pero yo no pude recuperarlo en una carta. No se me fue a la Holanda de tulipanes, sino a un territorio de claveles mustios con sus vecinos silenciosos y cenicientos. Bueno, lo de los claveles es un decir, metáfora apenas, porque ni siquiera lo sembraron en tierra, sino que guardaron para siempre el polvo de sus huesos en una insípida bóveda de cemento donde nada germina.

La primera noche sin él estuve como entumecida, sumergida en un sopor interminable, anonadada ante la realidad inabarcable de la muerte.

Con un aturdimiento inmenso que no me dejaba ver ni escuchar la vida.

Nerviosa ante la posibilidad de su fantasma.

Abrumada por los rezos y los rituales antiguos: el pañuelo en su crucifijo para que encontrara el camino y la remoción de sus cosas para saldar sus pendientes.

Solo la pipeta de oxígeno que ya no le insuflaba vida y la cama vacía me decían que nada era mentira.

Mi Juan no tenía, como el tuyo, la mano herida sino herido el cuerpo entero, pues era su muerte una herida cerrada, sin sangre, puro frío y rigidez. La hoz que lo segó es tan desconcertante porque causa la lesión incurable que, sin embargo, lo cura todo. A saber si el que se pasea con ese atroz acero sentirá algún remordimiento.

Yo también recibí un golpe, cuando el coche fúnebre se lo llevó y mi madre dijo en un susurro desgarrado: "Adiós, mi viejo querido" ¿Quién podría abrazarla en su dolor distante, si yo no podía salir de mí para alcanzarla?

Pero, la ausencia lastimó más que su muerte, porque se renacía cada día a la misma pena, se despertaba a la pesadilla de no verle. Porque pasó el entumecimiento y sentí la llaga abierta, y el tiempo no ayudaba, porque cada vez era más cierto. ¡Cuánto tardó en extinguirse el impulso de ir a contarle alguna historia que creía que iba a gustarle! Me paraba en seco, de pronto al ver la habitación donde ya no estaba. La cama no se llenaba nunca y en la radio, que se había quedado para siempre sin oyente, Kalimán contaba sus aventuras al viento.

¡Si hubiera podido, como tú, escribirle a mi Juan herido!

Y que me contara de su antiguo oficio de sembrar papas y ordeñar vacas.

Pero, no hay cartero que viaje a esas lontananzas y desde esos lares solo nos llega silencio.

Sólo me queda despedirme, después de haber lanzado estas palabras tardías para un dolor antiguo. Tardías, las palabras, como esta carta, que no encontrará ya a su destinatario en su vieja Plaza del Corrillo.

Firmado a dos manos, 

Maritza García Toro


Sin trampas


Escucho, y oigo latir con claridad y sosiego
Y sube la sonrisa desde el pecho hasta el gesto
Y llegan la luz y el aire a los rincones
Y el amor esperándote en el cruce
No colgarse en la poesía es un delito

El poema "Sin trampas", al que alude este texto forma parte del libro “La última palabra de los árboles

Antonia Oliva

Conversando con Adares, de toalla en toalla

Lo primero que me llamó la atención fue el título: “De toalla en toalla”. No lo entiendo, tal vez no sea necesario. Entonces me quedé pensando en la felicidad del poema que ve un pájaro volar, pues me recordó el atardecer que acababa de ver.

Al otro día, el poema me llamó de nuevo, me dijo algo distinto. Es lo que tienen los poemas capaces de mantener una conversación. Me vio enfrascada en mis propios escritos y dudas y me dijo: Yo no soy un poema de toallas, soy un poema de poemas. Entonces vi el ave saltar al vuelo de entre las páginas, cual espíritu escurridizo. Claro, un día agraciado, con una lectura afortunada, el alma del poema gana su libertad. Ese poder sobrecoger a, al menos, un lector incauto, vale por todos los lectores que dejan al poema enjaulado entre las dudas y miserias de su autor.

Cada verso siguiente no hizo más que confirmármelo. Aunque me reafirmo, todavía no entiendo lo de las toallas. ¿Qué pueden significar la mar y las toallas para un señor que amaba tanto una tierra sin playa? ¿Sería un recuerdo de sus días lejos de estas tierras? ¿Acaso aquella inmensidad en lontananza, precisamente por lejana, le decía mucho más? De toalla en toalla la mar sería feliz… ¿Somos los lectores los bañistas? Con que nos toque un poco el agua clara de un verso, ¿sería el poeta feliz?

Lo admito, Adares era nombre extraño para mí. De toalla en toalla, nos hemos conocido. A quince años de su muerte, me ha salpicado como el rocío de una ola que se deshace entre las piedras. Una vez más, sus pájaros han burlado las cárceles del papel.
“De toalla en toalla” aparece en el libro Escrito a lápiz sin soltar el asa.

Ismarie Díaz Flores


23 de agosto sin Ambulatorio

A partir del poema “Ambulatorio y 23 de agosto”


No sé por qué nacimos tan destinados.
Nuestra esperanza se desvanece
siempre en esta maldita fecha.

No sé por qué el tiempo nos persigue tanto
y las garras de la muerte nos atrapa.
No existe escapatoria.

Imposible echar la vista atrás
o salir corriendo hacia el otro lado.

La sombra de las horas nos condena.
Decimos adiós y lloramos.

Nuestro 23 de agosto no tiene ambulatorio,
hay, en cambio, un ataúd obligatorio.

Toñi Martín del Rey


Dedicado al Lazarillo

Para los que no tuvieron nombre y se les desata la correa del alma,
para los presos que están acusados por un delito que no cometieron en el pasado
y algunos que lo cometieron y están arrepentidos de haberlo cometido.
Para los que están negados a Dios y que no creen en alguna religión .

Ya basta de tanto rencor...

David Álvarez



La sed del río 

                                                        a Curi

Caminando, bajo el sol de la primavera
con el canto de los pájaros, observo
el arroyo donde creció una gran amiga.

Y, que, en verano y por sequías la falta el agua donde nace la vida.

El ruido de los vándalos con las motos,
desata la poca tranquilidad que aún queda en el arroyo.

Bajo las corrientes, se va la luz
cuando aparece el último rayo de sol al atardecer,
y el arroyo deja la luz de las luciérnagas
con la tranquilidad del bosque
y el sonido de las corrientes del agua
cuando el último caminante aún no ha llegado.

Para dar comienzo, a un nuevo día, donde la tranquilidad en el arroyo perdura.


A Adares y su poema "La sed del río", del libro La voz de la tristeza.
Iria Costa

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